Religioso franciscano español del siglo XV, Diego se distinguió por su profunda humildad, su caridad hacia los enfermos y su celo misionero en las Canarias. Sirvió heroicamente a los religiosos enfermos en Roma durante el Jubileo de 1450 antes de morir en Castilla. Su fama fue consagrada por la curación milagrosa del hijo del rey Felipe II.
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S. DIEGO DE ALCALÁ, CONFESOR
DE LA ORDEN DE SAN FRANCISCO
Virtudes y vida monástica
Diego se distingue por una humildad profunda, una obediencia absoluta y una ascética rigurosa dentro de su orden.
hora de permanecer con él, le rendían este testimonio: que era el más exacto y puntual en todas las cosas que hubieran visto.
Su humildad era tal, que se hacía el servidor de todos los hermanos. Se rebajaba incluso por debajo de los novicios, y mirándolos como sus maestros, les rendía con una profunda sumisión todos los buenos servicios que pudieran exigir de su caridad. Si daba limosna a los pobres, si consolaba a los afligidos, si ayudaba a los ignorantes con su consejo, si fortalecía a los que eran tentados, miraba a estas personas tan diferentes como sus señores, a quienes se sentía muy honrado de poder servir.
Su obediencia era tan perfecta, que no consideraba menos los mandamientos de sus superiores que si Nuestro Señor se los hubiera hecho de su propia boca. Todos los lugares y todos los empleos le eran indiferentes, porque no tenía otro designio que seguir la voluntad de Dios. A veces le ordenaron cosas extremadamente penosas y difíciles, y de una manera altiva e imperiosa, sin ninguna compasión por su debilidad, causada por sus vigilias y sus ayunos continuos; pero las ejecutaba con no menos prontitud y alegría que si hubieran sido muy encantadoras y se lo hubieran pedido con mucha humildad.
Para conservar la flor de su castidad, humillaba y debilitaba su cuerpo con austeridades increíbles. No se contentaba con ese gran número de Cuaresmas marcadas en su regla y los otros ayunos que en ella se prescriben; su vida era un ayuno y una cuaresma continuos. Sus vigilias no le impedían trabajar todo el día, y su trabajo no le hacía disminuir nada de sus vigilias. Añadía a estas mortificaciones disciplinas muy frecuentes, por las cuales se ponía el cuerpo todo ensangrentado y lo reducía a veces a un estado en el que ya no podía sostenerse. Un día de invierno, cuando el demonio encendía en sus riñones el fuego de la concupiscencia, se arrojó valientemente en agua helada para extinguir sus ardores perniciosos.
Siempre fue el más pobre de los conventos donde vivió, porque sabía que su bienaventurado Padre había amado sobre todo la santa pobreza, como una herencia celestial y como la esposa amada de Dios; también tenía por ella afectos y ternuras inexplicables. Una túnica y una cogulla, con un crucifijo, un rosario, un libro de oraciones y un libro de meditaciones, constituían todas sus riquezas; y aun así, no los consideraba suyos, y quería que fueran los más usados y los más viles de la casa.
La oración era su vida y todas sus delicias. En ella empleaba todo el tiempo que la obediencia no le ocupaba en otra parte, o, mejor dicho, nunca la interrumpía, teniendo siempre el espíritu y el corazón elevados hacia Dios y haciendo de la contemplación de las cosas celestiales sus más queridas delicias. Nuestro Señor le concedió grandes gracias por este medio y le descubrió secretos tan elevados, que llenaba de admiración a los más sabios doctores de su Orden, quienes a veces dejaban sus libros para venir a consultarle. Era en esta fuente inagotable donde extraía ese ardiente amor por Dios y esa caridad por el prójimo de la que su corazón estaba siempre abrasado. Hubiera dado mil vidas para destruir el pecado, para hacer conocer y amar a Jesucristo, para extender la fe y la religión cristiana, y para procurar a la Majestad divina el honor que le es debido por toda la tierra.
Dedicación durante el Jubileo de 1450
En Roma para la canonización de san Bernardino, cuida con heroica dedicación a miles de hermanos enfermos a pesar de la hambruna.
Su pobreza no le impedía tener varias santas industrias para aliviar las miserias de otros pobres. Se privaba de su pan para alimentarlos, compartiendo siempre con ellos lo poco que le daban para su subsistencia, y cuando estaba en la imposibilidad de hacerles bien, derramaba por ellos lágrimas ante Dios y los consolaba de una manera tan dulce y encantadora, que ganaban mucho al no ser asistidos corporalmente. Su mayor inclinación era asistir a los enfermos, y se puede decir que ningún Santo lo ha superado en este oficio de misericordia. Su corazón, dice su historiador, era un hospital infinitamente más amplio que los que los papas, emperadores, reyes y repúblicas han hecho construir con tanta magnificencia. Allí recibía a todo el mundo y no había enfermo que, si la obediencia se lo permitía, no socorriese con un entusiasmo admirable. Jamás ni su mal humor, ni la fetidez de sus llagas, ni la asiduidad que su enfermedad requería, lo desalentaban: se le vio incluso besar devotamente sus úlceras. Esta excelente caridad del Siervo de Dios apareció singularmente en Roma, el año del gran Jubileo de 1450, cuando el papa Nicolás V realizó la canonización de san Bernardino de Siena; pues, como se habían reunido en el pape Nicolas V Amigo de Albergati, cuya elección al pontificado predijo. convento de Ara Coeli ha sta tres mil ochocientos saint Bernardin de Sienne Santo franciscano cuya canonización atrae a Diego a Roma. religiosos de su Orden, de los cuales la ma yoría cayó enferma couvent d'Ara-Cœli Convento franciscano en Roma donde Diego cuidó a los enfermos. , habiendo ido él también para asistir a esta doble solemnidad, abrazó con una alegría y un fervor increíbles la misión de socorrerlos, y lo hizo con tanto éxito que, aunque había en esa ciudad una escasez extrema de pan, vino y todo tipo de víveres, nada faltó jamás a estos enfermos, y recibieron de él solo tanto auxilio como hubieran podido recibir de un gran número de otros enfermeros.
Evangelización de las islas Canarias
Enviado a las Canarias, trabaja en la conversión de las poblaciones locales y desea el martirio antes de regresar a España.
Antes de este viaje a Italia, sus superiores lo habían enviado a una de las islas Can îles Canaries Archipiélago donde el santo ejerció su actividad misionera. arias para gobernar allí una casa de su Instituto. Habiendo encontrado en este país una gran cantidad de idólatras, trabajó con un celo maravilloso en su conversión, y no se puede creer cuántas injurias, afrentas, miserias y fatigas soportó para hacerles conocer la verdad del Evangelio. Sus penas no fueron inútiles. Muchos de estos infieles abrieron los ojos a la luz de la fe y se sometieron al yugo de Jesucristo. Ardía con un deseo increíble de sufrir el martirio, y fue con este propósito que se embarcó para ir a la Gran Canaria, donde el nombre de Jesucristo no era conocido en absoluto. Esperaba encontrar allí la muerte; pero Dios, que lo reservaba para prestarle otros servicios, no permitió que llegara. Una gran tempestad que agitó su navío desalentó a los marineros de continuar su camino, y el temor a ser maltratados por los bárbaros que eran dueños de esta isla les hizo abandonar por completo su empresa. Fue, pues, obligado a regresar a su primera isla, llamada Fuerteventura, y continuó convirtiendo a los paganos y fortalec iendo admira Fortaventure Isla de las Canarias donde Diego residió y convirtió a paganos. blemente a los cristianos con los ejemplos de sus virtudes y con las palabras de vida que salían de su boca. Alimentó a una gran parte de estos isleños durante una hambruna mediante las santas habilidades de su caridad, que sabía encontrar en los tesoros de la divina Providencia lo que no encontraba en los graneros de los mercaderes ni en las bolsas de los ricos. Fue llamado a España en el año 1449, y esto fue lo que le dio el medio de realizar, al año siguiente, el viaje a Roma del que hemos hablado, tras el cual fue enviado a la provincia de Castilla, donde terminó el resto de sus días.
Devociones y vida interior
Su vida espiritual está centrada en la Pasión de Cristo, la Eucaristía y una devoción filial hacia la Virgen María.
El objeto más ordinario de sus pensamientos era la Pasión de su Salvador crucificado. La meditaba, a menudo con los brazos extendidos en cruz, o sosteniendo un crucifijo de madera entre sus manos, y sus aspiraciones eran entonces tan vehementes, que el alma levantaba a veces el cuerpo de la tierra, y lo mantenía así durante largo tiempo. Era también extremadamente devoto al santísimo Sacramento del altar. Servía la misa con una reverencia, una modestia y una piedad que arrebataban a los asistentes. Su recogimiento y su amor al comulgar eran admirables, y, como recibía gracias extraordinarias por medio de este alimento celestial, tampoco se puede expresar con qué reconocimiento se nutría y se saciaba de él. La devoción que tenía por el Hijo se extendía también hasta la Madre. María era su asilo, su patrona, su abogada, su consolación y su esperanza. Ayunaba, en su honor, a pan y agua todos los sábados del año; celebraba sus fiestas con una alegría extraordinaria, y rezaba todos los días su rosario de una manera tan respetuosa que era fácil ver que se sentía penetrado de la grandeza de su mérito.
Milagros y prodigios
El texto relata varios milagros, en particular una multiplicación de alimentos y el rescate de un niño en un horno encendido.
La vida de un hombre tan santo estuvo llena de milagros; yendo un día con otro religioso del convento de Cerraya al de Sanlúcar de Barrameda, no pudo conseguir alimento alguno en el camino, lo que los redujo, a él y a su compañero, a tal debilidad que ya no podían caminar. Entonces elevó su espíritu a Dios para implorar su socorro, y en ese mismo instante divisaron en medio de la soledad un mantel blanco extendido sobre la hierba, con pan tierno, pescados recién cocidos, limones y una botella de vino. Miraron a todos lados para ver si aquel festín no estaba dispuesto para otros; pero al no aparecer nadie ni a derecha ni a izquierda, reconocieron que les había sido preparado por los cuidados caritativos de la divina Providencia; se saciaron con acciones de gracias y terminaron luego felizmente su viaje.
En Sevilla, un niño de siete años, temiendo los castigos de su madre, se había escondido en el fondo de su horno y se había quedado dormido. Esta mujer, sin pensar que su hijo estuviera allí, echó leña y encendió fuego para calentarlo. La llama despertó al niño: gritó, llamó a su madre, imploró su asistencia de manera lamentable; pero era demasiado tarde y el fuego era ya tan violento que no había apariencia alguna de poder salvarlo. Entonces esta mujer comenzó a correr como una desesperada por las calles, acusándose de ser la homicida de su hijo. Pero por un golpe del cielo, san Diego, encontrándose cerca de su casa, la consoló, y habiéndola e saint Didace Religioso franciscano español, misionero y taumaturgo. nviado a rezar a Dios ante el altar de Nuestra Señora, se dirigió a su horno con su compañero y una multitud de gente, y a pesar de que la leña estaba ya casi consumida, retiró a aquel inocente sano y salvo y sin ninguna marca de quemadura. Siendo este milagro tan visible y seguro, los vecinos tomaron al niño en medio de ellos y lo condujeron como en triunfo a la capilla donde su madre estaba en oración, y los canónigos lo vistieron de blanco en honor de la santísima Virgen. Desde entonces, la misma capilla ha sido muy célebre, y en ella se ha hecho un gran concurso de gente para implorar la protección de esta Madre de los afligidos.
Muerte y signos póstumos
Diego muere en 1463; su cuerpo permanece incorrupto y exhala un olor suave, atrayendo a numerosos fieles.
Nuestro Santo sanaba a menudo a los enfermos mediante sus oraciones, o por el signo de la cruz, o frotándolos con el aceite de la lámpara que ardía ante la imagen de Nuestra Señora: lo cual hacía para ocultar a los hombres el gran don de los milagros que había recibido de Dios. Finalmente, plugo a la divina Bondad dar a su siervo una corona de justicia por haber combatido bien y haberle sido fiel. Su reputación era tan grande en todas partes, por su sencillez, su inocencia, su pureza de corazón y su vida exenta de los menores defectos, que no se le llamaba de otra manera que el santo hombre. Nuestro Señor, para ejercitar su paciencia y perfeccionar su humildad, le envió un absceso extremadamente infectado y doloroso en el brazo, que le duró hasta la muerte. Estando una noche muy enfermo, fue arrebatado fuera de sí mismo de tal manera, que no tenía ya ningún sentimiento, y los Frailes y los médicos lo creían muerto; pero volvió de este éxtasis, y entonces se le oyó decir tres o cuatro veces: «¡Oh! ¡qué bellas flores hay en el paraíso!». Cuando vio acercarse su última hora, se proveyó de los sacramentos de la Iglesia, y, queriendo imitar a su bienaventurado Padre, pidió por limosna el hábito más pobre y la cuerda más usada del convento. No se le pudo negar este consuelo; así este hombre admirable, que estaba maduro para la eternidad, entregó su bella alma en las manos de Nuestro Señor, para ir a gozar sin fin de sus divinos abrazos. Fue la noche de un sábado, 12 de noviembre de 1463. Sostenía al morir un gran crucifijo, y sus últimas palabras fueron aquellas que la Iglesia canta en honor de la cruz: Dulce lignum, dulces clavos, etc.: «¡Oh madera encantadora! ¡oh clavos favorables! ¡oh cruz soberanamente amable, que sola fuiste digna de llevar al Rey y al Señor de los cielos!». Su cuerpo, que sus grandes austeridades habían vuelto seco y negro, se volvió incontinenti blanco y perfectamente hermoso, y de él salió un olor tan suave, que embalsamaba a quienes se acercaban, siempre que estuvieran en buen estado; pues aquellos que tenían la conciencia cargada de grandes pecados no gozaban de esta felicidad hasta que se hubieran confesado. Los miembros estaban flexibles, como si estuviera aún vivo. Lo enterraron el domingo; pero cuatro días después, lo retiraron de la tierra tan fresco como antes, y permaneció varios meses sin corrupción, expuesto a la devoción de los fieles, exhalando siempre ese olor maravilloso.
Representaciones iconográficas
El santo es tradicionalmente representado con una cruz, un niño salvado de las llamas o un lirio de virginidad.
Se le representa: 1° sosteniendo una cruz en la mano, ya sea porque predicó el Evangelio en las islas Canarias, o porque su vida de entrega terminó con estas palabras que pronunció al entregar su alma a Dios, con los ojos fijos en la cruz: «Madero precioso, dichosos clavos, que tuvisteis la dicha de llevar al Rey de Reyes»; 2° sacando lleno de vida, de un horno donde se había quedado dormido y que habían encendido sin pensar en el pequeño desdichado, a un niño pequeño al que devuelve a su madre desconsolada; 3° sosteniendo un lirio en la mano, símbolo de la virginidad que conservó toda su vida.
Canonización y milagro real
Su canonización por Sixto V sigue a la curación milagrosa del príncipe Carlos de España mediante el contacto con sus reliquias.
## CULTO Y RELIQUIAS.
Se produjeron un gran número de milagros por su invocación y por el contacto con las cosas que le habían pertenecido, como fragmentos de sus cabellos, de su barba y de sus pobres hábitos. El pap a Sixto V re pape Sixte V Papa que editó las obras de Ambrosio. lata un gran número de ellos en la Bula de su canonización, y Pedro Galesinio, protonotario apostólico, ha escrito un libro entero sobre ello. El más brillante fue la curación del príncipe Carlos, hijo mayor y heredero presuntiv o de Felipe Philippe II Rey de España que ordenó la distribución de las reliquias. II, rey de España. Este príncipe, mient ras ju Alcala Ciudad universitaria donde Julián ejerció una influencia intelectual y espiritual. gaba en Alcalá, en el palacio real, cayó de una escalera sobre su cabeza con tanta violencia que se produjo una herida mortal y totalmente incurable. Ya solo se esperaba su muerte, los médicos y cirujanos lo habían abandonado, y solo se pensaba en prepararle unas exequias dignas de su nacimiento, cuando personas piadosas le sugirieron al rey, su padre, que, dado que san Diego obraba tantos prodigios, podría esperar la curación del pequeño príncipe infante si hacía traer su cuerpo a su habitación. El rey escuchó de buen grado esta propuesta y ordenó inmediatamente que el santo cuerpo fuera trasladado del convento d e los Hermanos Frères Mineurs Orden religiosa acogida por Engelberto en Colonia. Menores al palacio. Cuando estuvo en la habitación del enfermo, se lo hicieron tocar y, al instante, comenzó a sentirse mejor; y, pocas horas después, en el momento en que debía morir, según las declaraciones de los médicos, se encontró perfectamente curado. Esta señalada gracia impulsó al rey a proseguir la canonización de este gran siervo de Dios. Sin embargo, no la obtuvo tan pronto: pues habiendo ocurrido el milagro en 1562, bajo el papa Pío IV, esta no se realizó hasta 1588, bajo el papa Sixto V, el día de la Visitación de Nuestra Señora. Lo cual muestra con cuánta exactitud procede la Iglesia romana, no obstante las recomendaciones de los príncipes, cuando se trata de proponer a un Santo para la veneración y el culto público de todos los fieles. El papa Inocencio XI fijó la fiesta de este santo confesor el día 13 de este mes.
Hemos corregido y completado el texto del Padre Giry con las Características de los Santos, del R. P. Cahier.
Anexos y entidades vinculadas
Datos estructurados para la exploración: acontecimientos, milagros, citas, lugares, atributos, patronazgos y entidades importantes citadas en el texto.
Acontecimientos clave
- Ingreso en la Orden de San Francisco
- Misión en las islas Canarias (Fuerteventura) para convertir a los idólatras
- Viaje a Roma para el Jubileo de 1450 y la canonización de san Bernardino de Siena
- Cuidado de los enfermos en el convento de Ara Coeli durante una epidemia
- Regreso a España a la provincia de Castilla
- Murió en Alcalá sosteniendo un crucifijo
Milagros
- Aparición de un banquete (pan, pescados, vino) en la soledad para alimentarlo junto a su compañero
- Rescate de un niño encerrado en un horno encendido en Sevilla
- Curaciones mediante el aceite de la lámpara de la Virgen
- Incorruptibilidad del cuerpo y olor suave después de la muerte
- Curación instantánea del príncipe Carlos de España mediante el contacto con sus reliquias
Citas
-
¡Oh, qué hermosas flores hay en el paraíso!
Palabras durante un éxtasis antes de su muerte -
Dulce lignum, dulces clavos, etc. : ¡Oh madera encantadora! ¡oh clavos favorables! ¡oh cruz soberanamente amable, que sola fuiste digna de llevar al Rey y al Señor de los cielos!
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