El Beato Sebastián Valfré
SACERDOTE DE LA CONGREGACIÓN DEL ORATORIO DE TURÍN
Sacerdote de la Congregación del Oratorio de Turín
Sacerdote del Oratorio en Turín en el siglo XVII, Sebastián Valfré se distinguió por su inmensa caridad hacia los pobres, los soldados y los prisioneros. Apodado el apóstol de Turín, consagró su vida a la instrucción religiosa y al ministerio de la confesión. Fue beatificado en 1831 por el papa Gregorio XVI.
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EL BEATO SEBASTIÁN VALFRÉ,
SACERDOTE DE LA CONGREGACIÓN DEL ORATORIO DE TURÍN
Orígenes e infancia
Sebastián Valfré nace en 1629 en el Piamonte en el seno de una familia modesta de labradores y manifiesta muy pronto una caridad excepcional hacia los pobres.
Verduno, pueblo del Piamonte, fue el lugar de nacimiento del siervo de Dios; allí vio la luz el 9 de marzo de 1629. Su familia era antigua y antaño había ocupado un rango honorable; pero, por desgracias domésticas, su padre se vio reducido a la condición de simple labrador y cultivaba él mismo sus campos. Este hombre, quien, al igual que su esposa, cumplía con fidelidad sus deberes de cristiano, educó en el temor de Dios a su numerosa familia y sembró en el corazón del jov en Sebast Sébastien Sacerdote del Oratorio y apóstol de Turín. ián las semillas de las virtudes que, más tarde, produjeron frutos abundantes. Una de las felices cualidades que se notaron primero en este niño de bendición, fue su tierna compasión por los pobres. Desde sus primeros años, encontraba su felicidad en aliviarlos. Si se presentaba alguno a la puerta de la casa de sus padres, él iba con premura a decirle a su madre: «Ahí hay un pobre que pide caridad: rápido, la limosna». Negársela a alguien era suficiente para provocar su llanto e incluso llevarlo a lanzar tales gritos que los vecinos, que lo oían y conocían su feliz inclinación, le traían pan para que él lo distribuyera; lo cual hacía siempre con una alegría indecible. A veces, cuando sus padres no tenían nada que dar a los indigentes, él mismo iba a mendigar pan u otros alimentos, y se apresuraba luego a entregárselos al desdichado que esperaba aquel socorro. Este santo niño, tan atento a las necesidades del prójimo, era severo consigo mismo. Acostumbrado desde temprano a la mortificación y teniendo apenas diez años, ayunó una Cuaresma entera a pan y agua.
Formación y vocación
A pesar de la falta de recursos, prosigue sus estudios en Bra y luego en Turín, donde recibe el subdiaconado en 1650.
La atracción por el estado eclesiástico no tardó en manifestarse en el joven Sebastián. Sus costumbres puras, la vivacidad de su espíritu, su memoria feliz, todo en él hacía presumir que sería en el futuro un digno ministro de los altares; pero los escasos recursos de sus padres eran un obstáculo para el cumplimiento del deseo que tenía de realizar sus estudios; sus lágrimas y sus oraciones afluyeron para obtener este favor y fue enviado a Bra para comenzarlos. Pronto sus progresos en la piedad y en las letras superaron todas las esperanzas que se habían concebido de él. Se acercaba frecuentemente a los sacramentos, huía cuidadosamente de las malas compañías y mostraba la mayor sumisión a sus maestros. Su mérito y su talento lo elevaban por encima de sus condiscípulos; pero estos éxitos, que tan a menudo envanecen el corazón de los jóvenes, no pudieron alterar su humildad. Sebastián, habiendo terminado sus primeros estudios, se aplicó sucesivamente a los de filosofía y teología. Fiel a su vocación, se consagró a Dios sin reservas, recibiendo el subdiaconado en Turín, en el mes de diciem bre d Turin Capital del Piamonte donde ella residió. e 1650. Su ardor por la perfección lo llevó pronto a entrar
Entrada en el Oratorio
Se une a la congregación del Oratorio de Turín en sus difíciles inicios y cuenta con el apoyo del marqués de Pianezze.
en la co ngregación del Oratorio, q congrégation de l'Oratoire Sociedad de sacerdotes seculares fundada por Bérulle en 1611. ue acababa de establecerse en esta ciudad. Un nuncio de la Santa Sede había provocado, por su piadosa solicitud, este establecimiento, que apenas lograba sostenerse; los sujetos que se presentaban no sentían el valor de fijarse allí y se retiraban. Más generoso que los demás, el virtuoso subdiácono no se dejó desanimar por las dificultades que habitualmente acompañan los comienzos de las mejores obras; se adhirió fuertemente a esta institución naciente, de la cual se convirtió más tarde en apoyo y gloria. Apenas fue promovido al diaconado, entregándose al trabajo con un celo que nunca decayó, comenzó su vida totalmente apostólica. Fue mediante catecismos, instrucciones sobre las verdades de la religión, sus oraciones y un servicio asiduo en la iglesia, como manifestó primero su deseo de procurar la gloria de Dios y la salvación de las almas. El marqués de Pianezze, primer mi nistro del duque de Sa Le marquis de Pianezze Primer ministro del duque de Saboya y benefactor del Oratorio. boya y más célebre aún por sus virtudes que por el alto rango que ocupaba en el mundo, frecuentaba, al igual que su esposa, la pobre capilla de los sacerdotes del Oratorio. La modestia y la piedad de Sebastián y de sus cohermanos conmovieron tanto a los dos esposos, que se interesaron por el éxito del establecimiento y lo asistieron varias veces con abundantes limosnas.
Sacerdocio y estudios
Ordenado sacerdote en 1662 con una dispensa de edad, se convierte en doctor en teología mientras sigue el modelo de san Felipe Neri.
La congregación de Turín, después de varias pruebas que tuvo que sufrir, terminó siendo colmada de las más abundantes bendiciones del Señor y consolidándose de una manera que pareció milagrosa. El siervo de Dios, atento a esta conducción de la Providencia sobre su casa, creyó que sería más útil en ella si estuviera revestido del carácter sacerdotal. Al no tener aún la edad requerida para el sacerdocio, obtuvo una dispensa de la Santa Sede y fue ordenado el 24 de febrero de 16 62 en la catedral cathédrale d'Albe Lugar de la ordenación sacerdotal. de Alba y en la diócesis a la que pertenecía por nacimiento. Esta dignidad no hizo más que aumentar su caridad y su celo. Consagrado sin reservas al servicio de su congregación y de los fieles, empleaba todo el tiempo del que podía disponer en instruir al pueblo y en administrarle los sacramentos. El deseo de hacer fructífero su ministerio le inspiraba un gran amor por el estudio; se dedicó a él con tanto éxito que se consideró necesario elevarlo al rango de doctor en teología, a pesar de la repugnancia que su humildad le hacía sentir por esta distinción. Pero el estudio no le ocupaba tanto como para olvidar tender a la perfección; al contrario, su aplicación continua era trabajar para adquirir todas las virtudes sacerdotales y convertirse en un santo sacerdote, formado según el modelo de su fundador, el ilustre san Felipe Neri.
Apostolado social en Turín
Apodado el apóstol de Turín, se dedicó a los enfermos del hospital de San Juan Bautista, a los prisioneros y a predicar en las plazas públicas.
Después de haberse fortalecido así cada vez más en la virtud, en el espíritu de oración y el recogimiento, el Padre Sebastián, que vivía en cierto modo solo para servir al prójimo, se dedicó por entero al alivio espiritual y corporal de todos los desdichados. Los instruía, los reconciliaba con Dios, los consolaba y los aliviaba con sus limosnas; los pobres en los hospitales, los prisioneros, los mendigos, los enfermos eran los objetos continuos de su solicitud. Era sobre todo en el antiguo hospital de San Juan Bautista donde le gustaba anunciar la palabra de Dios a los enfermos que lo habitaban. Su virtud y su celo atrajeron allí al cabo de algún tiempo a gente del pueblo, que venía de fuera para escucharlo. Aprovechó esta buena disposición para predicar allí los viernes de cada semana; y la multitud era tan grande que el lugar en el que hablaba estaba completamente lleno. Animado por este éxito, emprendió la tarea de instruir en las verdades de la salvación a los ociosos y vagabundos que se encontraban en Turín. Para alcanzar este Turin Capital del Piamonte donde ella residió. objetivo, iba a la plaza pública; y, con otro sacerdote piadoso, comenzaba un diálogo sobre algún artículo de fe o sobre alguna máxima importante de la religión. Este medio le servía para fijar la atención de sus oyentes; y lo aprovechaba para enseñarles los puntos más esenciales de la doctrina cristiana, corregirlos de sus defectos, llevarlos a la devoción e inspirarles horror al pecado. Durante varios años, fue en la plaza del Vino donde el siervo de Dios se entregó regularm ente a esta place au Vin Lugar de predicación pública en Turín. buena obra, porque era uno de los lugares más frecuentados de la ciudad por la clase cuya conversión tenía sobre todo en vista. Se acudía allí con entusiasmo, se le escuchaba con respeto, y allí obró grandes bienes. Ses relaciones con los diversos rangos de la sociedad le hicieron conocer que la salvación de los criados de las casas ricas estaba bastante descuidada. Los reunió en un oratorio particular, les enseñó a servir a Dios sirviendo a sus amos, a evitar los vicios que produce la ociosidad, a abstenerse de discursos obscenos cuando se encontraban reunidos, a frecuentar los sacramentos y a recibirlos con fruto. Los reunía todos los sábados; y allí, en una ferviente exhortación, les recordaba las verdades que ya les había enseñado, y arrojaba en sus corazones preciosas semillas que producían después abundantes frutos de salvación. Nada escapaba a la atención y a la caridad del santo sacerdote cuando se trataba del bien de las almas. Los mendigos que venían a pedir limosna a la puerta de la casa del Oratorio, no la recibían sino después de que él les había enseñado alguna oración devota o la manera de cumplir bien algún deber de religión. El día en que se les hacía la distribución, lo aprovechaba para enseñarles el catecismo. Se detenía en los caminos para interrogarlos sobre la doctrina cristiana. Regresando una vez del campo a Turín hacia la hora del mediodía y con un tiempo muy caluroso, ve al borde de la carretera a un mendigo muy anciano y ciego; se acerca a él, lo cuestiona con bondad para saber si ha rezado sus oraciones por la mañana y si no se ha confesado desde hace mucho tiempo. El ciego le responde que tenía bien otra cosa en mente. No hizo falta más para excitar su celo. A pesar de los ardores de un sol abrasador, lo instruye en detalle sobre las disposiciones necesarias para una buena confesión, le hace prometer que vendría a buscarlo, le da limosna, lo abraza con afecto y toma luego licencia del mendigo, dejando en la admiración de su caridad a uno de sus cohermanos que lo acompañaba.
Ministerio militar y controversias
Se ocupa espiritualmente de los soldados y combate la influencia del protestantismo en el Piamonte mediante el diálogo y la predicación.
Los soldados también fueron objeto de la solicitud del Beato. Acudía a las barracas para encontrar a los de la guarnición de Turín, especialmente durante el tiempo de Pascua, les enseñaba el catecismo tras reunirlos, les instruía sobre cómo vivir su profesión de manera cristiana y luego les ofrecía a cada uno alguna pequeña liberalidad. Entre estos soldados, a veces se encontraban algunos que eran protestantes y que, lejos de alejarse de él, le escuchaban voluntariamente hablar sobre materias de religión. Pero si trataba con bondad a aquellos de entre estos protestantes que no se mostraban enemigos declarados de la Iglesia católica, velaba con extremo cuidado para impedir que otros personajes de la misma secta, que buscaban dogmatizar en el Piamonte, difundieran sus errores entre el pueblo; los combatía en todo encuentro. En diversas ocasiones, redujo al silencio, por la fuerza de sus razones, a varios ministros heréticos que habían querido entrar en liza con él: y, tras haberlos convencido, tuvo más de una vez el consuelo de hacerlos regresar al seno de la Iglesia.
Superior de la congregación
Convertido en superior, vela por la disciplina espiritual de sus hermanos, insistiendo en la oración y la disponibilidad en el confesionario.
Aunque ocupado casi continuamente en instruir, confesar y ganar a Dios a los fieles sencillos, o en aliviar sus necesidades corporales, Sebastián no descuidaba a sus hermanos. Su mérito y su virtud lo habían colocado a la cabeza de ellos en calidad de superior. Cumplió con celo todos los deberes que impone este cargo importante. El bien espiritual de sus inferiores le interesaba por encima de todo; quería que se convirtieran en hombres dedicados a la oración, interiores y recogidos. Exigía que fueran exactos en prestar servicio al prójimo y que se encontraran en el tribunal de la penitencia, se presentaran o no penitentes, a la hora marcada para esta función. Con el fin de comprometerlos en ello más eficazmente, les contaba que había tenido de esta manera el consuelo de atraer a la Iglesia a un apóstata quien, al verlo sin ocupación en el confesionario y con un libro en la mano, se acercó a él y, cediendo al impulso de la gracia, le hizo la humilde confesión de sus errores.
Muerte y glorificación
Muere en 1710 a la edad de 81 años; es beatificado por el papa Gregorio XVI en 1831 tras numerosos milagros.
Es imposible relatar todos los tipos de buenas obras a las que se dedicó el siervo de Dios durante el curso de su vida. Nos contentaremos con decir aquí que sus predicaciones, sus limosnas, sus cuidados solícitos hacia los desdichados y los afligidos le valieron el glorioso título de apóstol de Turín. Terminó su santa carrera con una muerte preciosa a los ojos del mundo. Aunque había llegado a la edad de ochenta y un años, trabajaba todavía con ardor por la salvación de las almas. Las fatigas que experimentó el 24 de enero de 1710 le causaron una inflamación en la garganta que pronto se volvió mortal. Enteramente desprendido de las cosas de la tierra y perfectamente sumiso a la voluntad de Dios, vio la muerte sin temor. Después de haber recibido los sacramentos de la Iglesia con un fervor admirable, entregó pacíficamente el 30 del mismo mes su espíritu a su Creador. Había obrado varios milagros durante su vida; se produjeron otros más en su tumba. Estos prodigios y la perfección de sus virtudes llevaron pape Grégoire XVI Papa que fijó la fiesta litúrgica del beato. al papa Gregorio XVI a beatificarlo el 26 de mayo de 1831. La ceremonia de su beatificación se realizó en Roma con mucha pompa en la iglesia del Vaticano el 31 de agosto de 1834.
Contenances de Godeau.
Anexos y entidades vinculadas
Datos estructurados para la exploración: acontecimientos, milagros, citas, lugares, atributos, patronazgos y entidades importantes citadas en el texto.
Acontecimientos clave
- Nacimiento en Verdún el 9 de marzo de 1629
- Recepción del subdiaconado en Turín en diciembre de 1650
- Ingreso en la congregación del Oratorio de Turín
- Ordenación sacerdotal el 24 de febrero de 1662 en Alba
- Elevación al rango de doctor en teología
- Beatificación por Gregorio XVI el 26 de mayo de 1831
Milagros
- Milagros realizados durante su vida y en su tumba
- Consolidación milagrosa de la congregación de Turín
Citas
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Ahí hay un pobre que pide caridad: rápido, la limosna
Palabras de infancia relatadas en el texto