Venerable Sor Gracia de Valencia
Venerable Sor de la Tercera Orden de San Francisco de Paula
Miembro de la Tercera Orden de San Francisco de Paula en Valencia, Sor Gracia vivió 112 años en una austeridad extrema, marcada por largos ayunos y una abstinencia total de bebida durante varias décadas. Reconocida por su celo con los enfermos y su victoria sobre numerosas tentaciones demoníacas, murió en 1606 tras una visión de la Reina del Cielo.
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LA VENERABLE SOR GRACIA DE VALENCIA,
Juventud y caridad radical
Gracia se consagra pronto al servicio de Dios, convirtiendo a una esclava morisca mediante sus penitencias antes de distribuir todos sus bienes a los pobres de Valencia tras la muerte de su familia.
a servir bien a Dios: de tal modo que la casa de su madre parecía más un monasterio bien reglado que una casa secular. Emprendió sobre todo la conversión de una joven esclava morisca, que allí servía y que profesaba la secta de Mahoma. No podía considerar, sin deshacerse en lágrimas, que su alma redimida por la sangre de un Dios estuviera bajo el poder del demonio: hizo tanto por sus oraciones, por sus llantos, por sus exhortaciones, por sus austeridades, y sobre todo por las disciplinas que tomaba por ella hasta la sangre, que le obtuvo gracia de la misericordia de Dios.
Tras la muerte de su madre y de su abuela, vendió todos los bienes que tuvo de su sucesión para hacer limosnas, y, habiendo empleado una parte en casar honestamente a esta joven morisca a quien amaba tiernamente en Nuestro Señor, distribuyó el resto a las casas religiosas, a los hospitales y a los pobres vergonzantes, resuelta a vivir ella misma de caridades. Fue entonces cuando sus parientes censuraron abiertamente su conducta, e hicieron lo posible para hacerla salir de Valencia, por miedo a q ue, con Valence Lugar de los primeros estudios de Ismidón. su mendicidad, deshonrara a su familia: pero todos sus esfuerzos fueron inútiles; pues al mismo tiempo que era así perseguida por los suyos, las personas más considerables de la ciudad deseaban ardientemente tenerla en sus casas, creyendo que era un medio eficaz para atraer allí las bendiciones del cielo. Era, pues, una competencia por ver quién la alojaba; y a menudo se encontraba bastante embarazada para defenderse de las importunidades que le hacían al respecto. Sin embargo, de todas las personas que le hacían estos ofrecimientos obligantes, elegía ordinariamente a aquellas en cuyas casas creía que la tratarían más pobremente y con menos muestras de respeto. Tan pronto como estaba en una casa, trabajaba para poner paz en ella, arreglando las pequeñas diferencias que encontraba; y jamás salía de ella sin dejar al amo, a la ama y a todos los criados en el horror del pecado mortal, que había intentado inspirarles mediante sus santas exhortaciones, y en el deseo de practicar la virtud de la cual les había dado grandes ejemplos. Todo el mundo buscaba sus piadosas conversaciones; y no había compañías honorables donde no fuera admitida con placer, porque siempre se obtenían muchos frutos de su conversación, que se centraba siempre en el amor divino, la devoción y la importancia de la salvación.
Un ascetismo extremo
Instalada en una indigencia total en casa de una bienhechora, practica severas mortificaciones, entre ellas un ayuno de siete años sin beber, sostenido por un milagro.
No obstante, viendo que la incertidumbre y la variedad de sus alojamientos la distraían demasiado, resolvió establecerse en una morada ordinaria para dedicarse con mayor libertad a sus santos ejercicios. Por ello, rogó a una noble dama, llamada Jerónima Monsar rada, esposa de Don Hiéronyme Monsarrada Noble dama valenciana que alojó a la santa en su casa. Antonio Mateo, quien a menudo le había ofrecido una habitación, que tuviera a bien permitirle alojarse bajo las escaleras de su casa. Esta dama, encantada de acogerla, hizo tapizar un gabinete, lo amuebló con gran pulcritud y mandó colocar un cofre lleno de servilletas, manteles y sábanas. Sin embargo, no se atrevió a poner camisas, pues sabía muy bien que desde la edad de trece años no las usaba. Cuando Gracia vio aquel despliegue, comenzó a llorar y no tuvo reposo hasta que hizo retirar los tapices, el colchón, las almohadas y los demás enseres de cama, junto con la mesa, las sillas y todos los muebles que le habían preparado, reservándose únicamente un jergón que hizo extender sobre el suelo, una simple manta y una piedra grande que había hecho traer y que le servía a la vez de almohada, mesa y silla. Finalmente, como único adorno, solo pidió tres imágenes de papel: una de la Santísima Virgen, otra de San José y la tercera del gran San Antonio, a quien profesaba una devoción muy particular. No se contentó con estar así pobremen te acomodada en una grand saint Antoine Santo por el cual Gracia sentía una devoción particular y cuyas mismas tentaciones sufrió. casa donde podía tener todas las cosas en abundancia; quiso además vivir pobre y mendigar todos los días para las necesidades de su vida, pues rara vez comía el pan de la casa donde residía. Cuando recibía limosnas, reservándose muy poca cosa, llevaba casi todo a los pobres vergonzantes y a los enfermos que sabía que estaban en la indigencia. En la víspera de las grandes fiestas, solo comía raíces o verduras crudas, sin ningún condimento. Durante el Adviento y la Cuaresma, solo hacía una comida al día, que consistía únicamente en un trozo de pan, el más oscuro y seco que hubiera mendigado. Nunca bebía más que agua, y aun así solo en pequeños sorbos, por temor a satisfacer la sensualidad, pues era muy cuidadosa de no concederse nada que halagara sus sentidos. De ahí que, habiéndose imaginado que a veces, en los mayores calores del verano, había sentido placer al tragar algunas gotas de agua fresca, concibió tanto pesar por haber concedido esa satisfacción inocente a la naturaleza que, para expiar su falta, se impuso como penitencia estar siete años sin beber ni agua ni ningún otro líquido, lo cual observó muy fielmente, aunque no sin milagro.
Compromiso con la Tercera Orden Franciscana
En 1540, se unió a la Tercera Orden de los Hermanos Menores en Valencia, añadiendo el voto de vida cuadragesimal y viviendo una intensa piedad eucarística.
Tal era la vida de la virtuosa Gracia, cuando los religiosos de la Orden de los Hermanos Menores comenzaron a difundir, en el r eino de Valencia, royaume de Valence Lugar de los primeros estudios de Ismidón. el buen olor de sus virtudes. El nuevo género de austeridad de la vida cuadragesimal que estos religiosos profesan mediante un voto solemne, y que quita a los cristianos sensuales todo pretexto para no observar la Cuaresma y las demás abstinencias ordenadas por la Iglesia, poniéndoles ante los ojos a hombres hechos de carne y hueso como ellos, que guardan fielmente toda su vida lo que dicen no poder guardar durante un mes solamente; la pobreza de sus hábitos, que predicaba por sí misma la penitencia y el desprecio de las vanidades del mundo, el recogimiento, la modestia y la mortificación que resplandecían en ellos, hicieron que fueran vistos no como personas del común, sino como hombres totalmente celestiales. Gracia no bien hubo oído hablar de ellos, se dirigió a ellos y les pidió el hábito de la tercera Regl troisième Règle Orden religiosa acogida por Engelberto en Colonia. a que su santo patriarca había instituido. Los religiosos, habiendo conocido cuáles eran su mérito y su virtud, la recibieron con mucha alegría y dieron grandes acciones de gracias a la divina Providencia porque, en el tiempo en que su Orden se fundaba en el reino de Valencia, les enviaba a una de las almas más santas y más inocentes que había entonces en la Iglesia, para ser su gloria y ornamento. Expirado el año de su probación, hizo su profesión, a la cual añadió los cuatro votos que hacen los religiosos de la Orden, a saber: de pobreza, de castidad, de obediencia y de vida cuadragesimal. Desde aquel tiempo, que fue el año de Nuestro Señor 1540, se creyó obligada a imitar perfectamente a su Padre, principalmente en su mortificación y en su abstinencia; por lo cual no durmió más que sobre el pavimento o sobre el suelo de su habitación, y pasó veinticinco años enteros viviendo solo de harina disuelta en un poco de agua; y, desde la edad de noventa y un años hasta su última enfermedad, lo que hace otros veintiún años, se abstuvo totalmente de beber. Incluso estaba a veces cuatro o cinco días sin tomar otro alimento que el pan de los ángeles: queremos decir la santa Eucaristía. Una vida tan penitente y tan austera no debía tener muchos encantos para desear su duración; el deseo, sin embargo, de sufrir más hizo que Gracia pidiera a Dios que la dejara en la tierra al menos tanto tiempo como san Francisco de Paula había vivido, a fin de que pudiera imitarlo no solo en el rigor, s ino también en la durac saint François de Paule Santo cuya longevidad y rigor de penitencia deseaba imitar Gracia. ión de su penitencia; esta gracia le fue concedida más allá de lo que podía esperar: pues vivió ciento doce años sin ninguna enfermedad grave, y conservando siempre, entre sus continuas austeridades, el mismo vigor de espíritu que había tenido en su juventud, lo que también se observa en ese gran Santo.
Después de su profesión, su confesor, que era un religioso de Santo Domingo, habiéndole aconsejado seguir la dirección de los Padres de la Orden que había abrazado, eligió como director al Reverendo Padre Ambrosio de Jesús. Este cambio obligándola a cambiar también de morada, a fin de acercarse al convento de los H ermanos Menores, Ambroise de Jésus Religioso franciscano y director espiritual de la santa. del cual estaba demasiado alejada, aceptó la oferta del doctor Guardiola, quien le hizo construir una pequeña celda en su casa. Como estaba frente a la puerta del convento, se sirvió ventajosamente de esta comodidad, no solo para conferenciar con su director sobre los medios de ir a Dios con mayor perfección, sino también para rendir más a menudo sus deberes y sus respetos a la santa Eucaristía en la iglesia de los Hermanos Menores. Asistía ordinariamente a todos los oficios divinos y escuchaba todos los días la misa conventual, en la cual no dejaba de comulgar espiritualmente. En cuanto a la comunión sacramental, la hacía el domingo, el miércoles y el viernes, además de las fiestas que ocurrían en la semana. La víspera de su comunión, no se ocupaba más que de la gracia que debía recibir al día siguiente, y, para hacerse menos indigna, expiaba sus faltas, aunque muy leves, mediante disciplinas que se aplicaba hasta derramar sangre. Cuando recibía la santa hostia, era con transportes de amor tan violentos, que permanecía a veces el espacio de varias horas sin movimiento ni signo de vida. Pasaba el resto del día en un recogimiento admirable, a fin de hacer fructificar la gracia que había recibido.
Ministerio y combates espirituales
Se dedica a la conversión de los moribundos y al alivio de las almas del purgatorio, mientras sufre violentos ataques demoníacos que repele con valentía.
Ya hemos visto que, siendo aún joven, se señaló por su celo para la santificación de las almas; cuanto más avanzaba en edad, más se aplicaba a esta obra, la más santa de todas. Se empleaba principalmente en disponer a los enfermos para comparecer ante Dios; lo que hacía con tanta fuerza y unción, que los más endurecidos se rendían a sus exhortaciones y daban sensibles testimonios de arrepentimiento por su vida pasada, y se estaba tan persuadido en la ciudad de que ella tenía este don de Dios, que, cuando no se había podido ganar nada sobre el espíritu de los moribundos, se recurría a ella para intentar llevarlos a una verdadera contrición. Ordinariamente era muy silenciosa; pero cuando estaba en juego la salvación de un alma, se volvía entonces elocuente, patética, afectiva y toda abrasada por el fuego del amor divino. Dios le daba, en estas ocasiones, luces mediante las cuales, sondeando el fondo de los corazones y penetrando la disposición interior de las personas que quería convertir, conocía de qué manera debía proceder; de modo que no decía nada que no diera en el blanco y no imprimiera sentimientos de una verdadera penitencia. Su celo la llevaba además a reconfortar a los espíritus abatidos y desolados, a consolar a los afligidos, a pacificar las disputas, en una palabra, a asistir al prójimo en todo lo que pudiera contribuir a su felicidad en la tierra y a su bienaventuranza eterna en la otra vida. Su caridad se extendía también a los muertos: pues tenía una extrema compasión por las penas que padecen las almas del purgatorio. Decía muchas oraciones y hacía grandes austeridades para obtener de la misericordia de Dios su liberación o alguna disminución de sus sufrimientos.
El demonio, no pudiendo soportar los progresos que ella hacía en la virtud, resolvió no dejarla en paz, sino emplear todos sus artificios para obtener sobre ella alguna victoria. En efecto, le libró combates tan furiosos que el historiador de su vida compara sus tentaciones con aquellas de las que el gran san Antonio fue as altado por todas la grand saint Antoine Santo por el cual Gracia sentía una devoción particular y cuyas mismas tentaciones sufrió. s potencias del infierno. Unas veces turbaba su reposo con aullidos y gritos horribles y con visiones espantosas. Otras veces hacía aparecer ante sus ojos monstruos, fieras, serpientes y otros animales que, por sus estremecimientos y sus posturas furibundas, parecían estar a punto de engullirla. A veces se le aparecía bajo la figura de jóvenes que, con sus maneras lascivas y deshonestas, la solicitaban al mal. Otras veces, para hacerle romper su abstinencia, le presentaba viandas bien preparadas y vinos deliciosos. Finalmente, cuando veía que todas sus estratagemas eran inútiles, empleaba la violencia, y, presentándose ante ella con un ejército de demonios, la maltrataba horriblemente. Pero, lejos de que Gracia perdiera el ánimo en medio de estas persecuciones, se volvía más fuerte; pues, confiando enteramente en Dios, se burlaba de las débiles invenciones de sus enemigos. «Idos, malditos», les decía a veces, «no temo todos vuestros esfuerzos, no separaréis a sor Gracia de la gracia de su Dios. Estaré siempre, a pesar de vuestras persecuciones, unida con mi querido Esposo Jesucristo, vuestro temible juez. Gracia es más poderosa y más fuerte que todas las tropas infernales juntas; las desafío al combate, y no temo en absoluto que me hagan daño, siempre que no lleve mi nombre en vano, y que Gracia la miserable no esté sin la gracia divina. Idos, traidores, volved a los infiernos de donde habéis salido». Otras veces se le oía decir: «¿Qué queréis, oh traidores e infames criaturas, qué queréis de una pobre vieja que ya no puede más? Demostráis bien vuestra debilidad al atacar así a un sexo frágil y a una persona abrumada por tantos años. ¡Fuera de aquí, malditos que sois! Os mando, en nombre de Dios, que os retiréis al infierno». Los ahuyentaba a veces con estas dos o tres palabras: «¡Jesús, María, José; oh santa Cruz de mi Dios!». Sin embargo, aunque el demonio permanecía siempre vencido, no cesó de atormentarla hasta la muerte; y se puede juzgar por ello cuál es el número de victorias que ella obtuvo sobre él, puesto que vivió ciento doce años.
Una longevidad milagrosa y el tránsito
Habiendo alcanzado la edad de 112 años, muere en 1606 tras una visión de la Virgen María, dejando una reputación de santidad confirmada por los teólogos de la ciudad.
Habiendo pasado el centésimo año de su edad, se volvió muy caduca; de modo que, no teniendo ya fuerzas para ir a pedir limosna por la ciudad, según el voto que había hecho, su confesor juzgó oportuno que se instalara en alguna casa donde cuidaran de ella; fue una gran mortificación para sor Gracia el tener que abandonar su extrema pobreza: pero como jamás persona piadosa fue más sumisa que ella a su director, le obedeció y fue a vivir a casa de la señora Ana Carroz, hija de Jerónimo Monsarrada, su antigua anfitriona, de quien ya hemos hablado, y donde pasó el resto de sus días en la fiel práctica de sus ejercicios. Finalmente, Dios, queriendo coronar su larga vida en la tierra con una gloria eterna en el cielo, cayó enferma. Tan pronto como se supo en la ciudad, se apresuraron a rodearla. Le traían excelentes viandas, manjares de gran precio y todos los remedios posibles para intentar prolongar una vida tan preciosa; pero ella enviaba todo al hospital o a algunos pobres vergonzantes. Nunca se pudo obligar a que tomara otra cama que la suya, que no era más que el suelo de su habitación, ni hacerle dejar su hábito de paño grueso, el cual, estando pegado a su carne, le servía de cilicio más que de vestimenta. Durante su enfermedad, fue visitada por todos los célebres predicadores y hábiles directores que había en Valencia, siendo cada uno curioso de ver dar el último suspiro a una persona a quien se tenía por santa. El R. P. Francisco Boldon, superior de la casa profesa de la Com pañía de Jesús, François Boldon Superior jesuita que visitó a la santa en su lecho de muerte. fue uno de los que la visitaron, y, en la conversación qu Compagnie de Jésus Orden docente que formó a Josafat. e tuvo con ella, le hizo esta hermosa pregunta: «Dígame por caridad, sierva de Jesucristo, qué medio hay entre Dios y el corazón humano». — «No hay otro», respondió la enferma, «que el amor por el cual el hombre se acerca a Dios y se une con Él». Esta respuesta satisfizo tanto al Padre, que dijo a los presentes: «Me voy tan contento y tan edificado de la conversación que acabo de tener con esta bienaventurada hija, que eso solo bastaría para hacerme creer que es verdaderamente santa, aunque no tuviera otro conocimiento de sus méritos y de las gracias que hay en ella».
Sintiendo que su última hora se acercaba, dijo a su anfitriona: «Es tiempo de que preparéis lo que os plazca para mis funerales, pues la hora de mi muerte ha llegado». Después de decir estas palabras, cambió en un instante de rostro y dijo a los asistentes: «¡Eh! ¿Por qué os quedáis de pie? ¿Por qué no os ponéis de rodillas? ¿No veis entrar a la Reina del cielo y de la tierra, acompañada de multitud de ángeles y bienaventurados?», lo cual repitió dos veces. Desaparecida esta visión, volvió en sí, con los ojos bañados en lágrimas. Finalmente, elevando las manos al cielo y pronunciando de corazón y de boca los santísimos nombres de Jesús y de María, entregó su espíritu a Dios en el mismo instante en que sonaba el Ángelus en la ciudad, el 16 de enero de 1606, víspera de la fiesta de san Antonio.
Su cuerpo fue llevado al día siguiente, con mucha solemnidad, a la iglesia de los Hermanos Menores, donde, después de haber permanecido diez o doce días expuesto a la devoción del pueblo en la capilla de Nuestra Señora de la Victoria, al lado derecho del altar, fue depositado en un sepulcro debido a las liberalidades del señor Bautista Mateo, quien, habiendo alojado a sor Gracia durante su vida, quiso también proveerla de una tumba después de su muerte.
Fuentes hagiográficas
El relato se basa en la Historia general de la Orden de los Hermanos Menores redactada por el R.P. d'Attiehy.
Hemos extraído esta biografía de la Historia general de la Orden de los Hermanos Menores, compuesta por el R. P. d'Attieh R. P. d'Attiehy Historiador de la Orden de los Hermanos Menores y obispo de Riez y de Autun. y, religioso de dicha Orden, posteriormente obispo de Riez y de Autun.
Anexos y entidades vinculadas
Datos estructurados para la exploración: acontecimientos, milagros, citas, lugares, atributos, patronazgos y entidades importantes citadas en el texto.
Acontecimientos clave
- Conversión de una esclava morisca
- Venta de sus bienes tras la muerte de su madre y su abuela para vivir de la caridad
- Ingreso en la Tercera Orden de los Hermanos Menores (Mínimos) en 1540
- Veinticinco años de vida sin beber (milagro de la abstinencia)
- Vida reclusa en celdas en casas de protectores (Jerónimo Monsarrada, Doctor Guardiola)
- Fallecimiento a los 112 años
Milagros
- Supervivencia de siete años sin beber ningún líquido para expiar un placer sensorial
- Veinticinco años de vida alimentada con harina remojada
- Veintiún años sin beber, desde los 91 años hasta su muerte
- Visión de la Virgen María y de los ángeles en la hora de su muerte
Citas
-
No hay otro más que el amor por el cual el hombre se acerca a Dios y se une con él.
Respuesta al P. François Boldon -
No separaréis a sor Gracia de la gracia de su Dios.
Palabras dirigidas a los demonios