16 de mayo 13.º siglo

San Simón Stock

General de los Carmelitas

Fiesta
16 de mayo
Fallecimiento
16 mai 1265 (naturelle)
Época
13.º siglo

Nacido en Inglaterra en el siglo XII, Simón Stock vivió veinte años como ermitaño en el hueco de un árbol antes de unirse a la Orden de los Carmelitas. Tras convertirse en General de la Orden, recibió de la Virgen María el Escapulario, prenda de protección especial. Murió en Burdeos después de haber propagado la Orden y su devoción mariana por toda Europa.

Lectura guiada

8 seccións de lectura

SAN SIMÓN STOCK, GENERAL DE LOS CARMELITAS

Vida 01 / 08

Orígenes e infancia milagrosa

Simón nace en una familia noble de Kent tras una intercesión mariana. Desde su más tierna edad, manifiesta una devoción extraordinaria y signos precoces de santidad.

San Simón de Stock n Saint Simon de Stock Carmelita de origen inglés, cuyo culto se desarrolló en Burdeos. ació de una de las más ilustres familias de los barones de Inglaterra. Sus padres, no menos distinguidos por su piedad que por la nobleza de su origen, obtuvieron del cielo, por el mérito de sus oraciones, el nacimiento de un niño de bendición. La Providencia pareció, por lo demás, querer anunciar su futura grandeza dándole en el seno de su madre un cuerpo cuyas proporciones eran tales, que no podía naturalmente venir al mundo sin hacer perder la vida a aquella que debía darle a luz. Esta piadosa mujer, llena de confianza en la protección de la Santísima Virgen, objeto ordinario de su tierna devoción y su recurso en sus penas, se sintió inspirada a consagrarse, ella y su hijo, a la Reina de los Ángeles, para obtener por su intercesión un feliz alumbramiento. Pronto el cielo fue propicio a los votos tan ardientes de esta madre desolada; nuestro Santo, por el beneficio especial de una protección milagrosa de la divina María, vino al mundo sin ningún peligro para su madre. Nació el año 1164, en Inglaterra, en el condado de Kent, en el castillo d comté de Kent Reino anglosajón gobernado por Ethelberto. e Harford, del cual su padre era gobernador, y recibió en la pila bautismal el nombre de Simón.

Desde la cuna, Simón tuvo por la Madre de Dios la más tierna devoción. Lo expresaba a su manera, por signos e impresiones que, en un niño todavía de pecho, no podían tener otro principio que un movimiento extraordinario del Espíritu de Dios. Su piadosa madre quiso ella misma servirle de nodriza; tenía la costumbre, antes de amamantarlo, de recitar cada vez de rodillas la Salutación angélica, por sentimiento de reconocimiento hacia la Santísima Virgen, a quien no cesaba de ofrecer a este niño querido, como habiéndolo recibido del cielo por su protección. Cuando, por distracción, le ocurría olvidar cumplir con esta práctica de piedad, encontraba una resistencia invencible en el joven Simón, quien rechazaba constantemente el pecho de su madre, hasta que ella hubiera rendido a María su homenaje acostumbrado. Por un prodigio semejante al que se relata en la vida del célebre obispo de Mira, san Nicolás, se dice que este santo niño se abstenía del pecho de su madre los días sábado y las vísperas de las fiestas de la Santísima Virgen; todo lo que podía recordarle el recuerdo de la Madre de Dios, excitaba en él los santos transportes de la alegría más sensible. Se le veía a menudo estremecerse entre los brazos de su madre, cuando ella pronunciaba el dulce nombre de María; bastaba con presentarle una imagen de la Santísima Virgen, para apaciguar de inmediato en él los gritos y los movimientos que agitan ordinariamente a los niños de esa edad, cuando sufren algún dolor. No tenía aún un año, cuando se le oyó articular varias veces distintamente la Salutación angélica antes de estar en condiciones de aprenderla.

Como la gracia prevenía en todo, en este niño de bendición, el orden y el desarrollo de la naturaleza, se tuvo poco que hacer para su educación. Supo leer apenas supo hablar, y desde entonces, a ejemplo de sus piadosos padres, comenzó a recitar el Pequeño Oficio de la Santísima Virgen, lo que continuó todo el resto de su vida. Al darse cuenta de que su padre leía con asiduidad el Salterio, le hizo vivas instancias hasta que hubo obtenido un ejemplar para su uso diario. El entusiasmo con el que leía este santo libro, probó que no era el fruto de una curiosidad infantil, sino más bien una inspiración del cielo. Nuestro Santo estaba tan penetrado de lo que leía, aunque no conociera aún la lengua latina, su corazón estaba tan abrasado por el fuego del amor sagrado que respira por todas partes este libro inspirado, que se le veía, después de cada lectura, como arrebatado en éxtasis. Lo leía todos los días y varias veces al día, pero de rodillas, por respeto a la palabra de Dios, siempre con un nuevo gusto y con ademanes de piedad que expresaban lo que su corazón sentía, y por consiguiente arrebataba de admiración a los asistentes. Este prodigio de gracia y de luz, en un niño de seis años, se convirtió en un motivo de asombro y de respeto para todos aquellos que lo conocían; y cada uno, a la vista de estas maravillas de las que eran testigos, se preguntaba mutuamente, como antaño los habitantes de Judea al ver a san Juan Bautista: ¿Qué pensáis que será este niño?

Vida 02 / 08

Estudios en Oxford y voto de virginidad

A los siete años, estudia en Oxford y se distingue por su piedad, consagrando su virginidad a Dios y practicando severas mortificaciones alimentarias.

El padre de Simón Stock quiso dirigir él mismo los primeros estudios de su hijo. Pero el niño, por su penetración, pronto se mostró capaz de seguir cursos más elevados; se creyó conveniente hacerle continuar sus estudios en el c olegio de Oxford collège d'Oxford Institución académica de la cual es patrona. . Simón Stock apenas había alcanzado la edad de siete años: se aplicó primero al estudio de las bellas letras con tal éxito que asombró a todos los que fueron testigos de ello. Nuestro Santo fue sabio a una edad en la que los niños comienzan a estudiar. A pesar de todos sus éxitos, la ciencia de los santos fue siempre mucho más del gusto de Simón Stock que la ciencia de los hombres. Sus directores creyeron conveniente admitirle a la participación de los Sacramentos, en una edad en la que el común de los niños apenas discierne el bien del mal. A medida que avanzaba en el conocimiento del amor de Dios, su tierna devoción hacia la santísima Virgen se perfeccionaba y tomaba nuevos incrementos. Un día, leyendo un tratado de la Inmaculada Concepción de la santísima Virgen, concibió tanta estima, tanto amor por esta perfecta pureza que la Iglesia honra en María, que, impulsado por una santa inspiración del cielo y presionado por un ardiente deseo de tener alguna semejanza con la más pura de las vírgenes, a quien siempre consideró como su madre, consagró a Dios su virginidad. El temor de mancillar la pureza de su alma y de su cuerpo le hacía evitar con el mayor cuidado las menores ocasiones, e incluso hasta las apariencias del pecado. No solo velaba exactamente sobre todos sus sentidos, haciendo sin cesar como Job, un pacto con sus ojos, para no fijar jamás sus miradas sobre un objeto peligroso; sino que además llevaba la delicadeza de conciencia hasta prohibirse toda familiaridad incluso con los niños de su edad. Cuando, en sus comidas, podía escapar a la vigilancia de sus padres, hierbas crudas, ensaladas sin aderezo, legumbres, las frutas más bastas con pan y agua, tomados con medida, constituían la mayoría de las veces todo su alimento. Si alguna vez era sorprendido en estas prácticas austeras, cubría su penitencia con el pretexto especioso de que ese tipo de alimento era más análogo a su gusto y a su temperamento.

Vida 03 / 08

El retiro en el tronco del árbol

Huyendo de los celos de su hermano, Simón se retira a los doce años a un bosque de Kent, viviendo veinte años como ermitaño en el hueco de un roble.

Nuestro Santo no tardó, sin embargo, en experimentar, como un nuevo José, los funestos efectos de los celos de su hermano mayor, quien, prendado del amor al mundo y poco dócil a los sabios consejos de sus padres, veía solo con pena y pesar la estima particular que ellos tenían por

16 MAL.

Simón; no escuchaba sino con despecho los elogios que se prodigaban por todas partes a este niño de bendición. El contraste sorprendente de la vida mundana y disipada del joven señor, con la vida retirada y la pureza de costumbres de su hermano, atraía a menudo sobre el primero duros reproches: la virtud, la santidad del joven Simón se convertía en la censura muda y la condena de sus desórdenes; resolvió su perdición. Al principio, todo fue puesto en obra para corromper la inocencia de este ángel encarnado. Pero, dándose cuenta pronto de que no ganaría nada ni sobre el espíritu ni sobre el corazón de su hermano mediante las trampas que tendía a su inocencia, recurrió a los esfuerzos de la malicia más infernal y suscitó una especie de persecución que puso su fidelidad a Dios a las más rudas pruebas. Unas veces se esforzaba en hostigarlo durante sus ejercicios de piedad, otras veces afectaba ridiculizar su manera de practicar la virtud, esforzándose a veces en hacerla sospechosa a sus padres, atreviéndose incluso a tachar de singularidad e ilusión las gracias y los favores que recibía del cielo. Pasó finalmente de los reproches y las calumnias al desprecio, a los ultrajes; llegó incluso a maltratarlo. Dios lo permitía así para hacer brillar aún más la virtud extraordinaria de esta joven planta que debía florecer más tarde en el jardín del Carmelo. Temiendo las trampas que el mundo seductor tendía ya a su inocencia, Simón de Stock se sintió fuertemente inspirado a abandonar la casa paterna para buscar su salvación en alguna soledad apartada. Animado y confirmado en su resolución por una voz interior, que le daba testimonio de que en adelante María le serviría de madre y de guía en este nuevo género de vida al que el cielo lo llamaba, Simón de Stock dejó sin pesar todas las ventajas a las que podía pretender en el mundo para retirarse a una espantosa soledad donde Dios le había preparado una morada.

Cuando Simón de Stock dirigió sus pasos hacia esta soledad proyectada, apenas tenía doce años. Fue en un vasto bosque perteneciente a los señores de Toubersville, situado en el condado de Kent, en las cercanías de Oxford, donde eligió el lugar de su retiro. Habiendo encontrado en su camino un árbol de una grosor prodigioso, cuya cavidad le ofrecía un asilo, buscó allí su morada ordinaria y se sirvió de ella para ponerse al abrigo de las injurias del aire y del rigor de las estaciones. El hueco de este árbol fue su oratorio; lo adornó con un crucifijo y una imagen de la santísima Virgen, únicos objetos que había traído de la casa paterna junto con el Salterio, su libro favorito, que le sirvió para cantar en su desierto las alabanzas del Señor y para recitar cada día, según su costumbre, el Pequeño Oficio en honor de María. Hundido en el secreto de su desierto, la mayoría de las veces escondido y como sepultado en el hueco del árbol que le servía de retiro, Simón de Stock parecía haber olvidado que estaba revestido de un cuerpo mortal y sujeto, como el resto de los hombres, a las necesidades de la vida. Hierbas crudas, raíces amargas, frutos silvestres que producía su desierto y el agua que allí corría, todo tomado con medida después de un ayuno de los más rigurosos, he ahí cuál era todo su alimento. Pero el cielo, atento a las necesidades de su siervo, templó en adelante esta austeridad con el socorro de algunos trozos de pan que un perro, conducido por un instinto milagroso, le traía de vez en cuando a su retiro, como hacía antaño el cuervo que Dios envió al santo profeta Elías para alimentarlo en su soledad. Pero la felicidad de este ángel del desierto excitó pronto los celos de Satanás. La tormenta de la tentación estalló por todas partes; su conciencia alarmada reprochaba sin cesar a Simón su partida, como una imprudencia que podría dar lugar a sospechas injuriosas, tal vez incluso a acusaciones funestas contra su hermano, a quien no dejarían de imputar haber atentado contra su vida, a razón de los crueles celos que había concebido contra él. Se creía ya responsable de los rigores de los que sería capaz la ira de sus padres contra un hijo desnaturalizado, a quien mirarían en adelante en la familia como un nuevo Caín, y contra todos aquellos que fueran sospechosos de ser sus cómplices. Nuestro santo triunfó sobre estos primeros artificios del enemigo de la salvación.

Satanás recurre a nuevos estratagemas: añade a las reflexiones artificiosas los prestigios más llamativos. Afecta, por así decirlo, de tal modo la imaginación de Simón de Stock y todos sus sentidos, que le parece ver y oír en su desierto a su madre afligida, diciéndole palabras análogas a los pensamientos que agitan su espíritu. Este segundo artificio causó al principio la más viva impresión en el espíritu de Simón de Stock. Su corazón quedó tan enternecido que se vio a punto de sucumbir a la tentación, engañado como estaba por los prestigios del tentador; es así como él mismo lo declaró, más tarde, a algunos de los religiosos carmelitas; les aseguraba que, en este encuentro, no había escapado a la seducción sino por una asistencia especial de la santísima Virgen, quien le descubrió las trampas que el demonio tendía a su debilidad y lo libró de ellas por su poderosa protección. El espíritu soberbio redobló sus esfuerzos; se transformó de nuevo en ángel de luz: Simón es entregado por el enemigo de la salvación a penas de espíritu, a violentos escrúpulos, a crueles remordimientos sobre los peligros de esta vía extraordinaria en la que camina, privado como está de la gracia de los sacramentos, desprovisto de todos los medios que la Iglesia prodiga sin cesar a los fieles, expuesto todos los días a morir en esta espantosa soledad, sin socorro y sin consuelos. El ejemplo de tantos santos solitarios que Dios ha conducido por la misma vía reanima su confianza; el recuerdo de las gracias con las que el cielo lo ha favorecido, para confirmarlo en su resolución, lo tranquiliza.

Tantas veces vencido, confuso por su derrota, Satanás lo ataca de frente. El recuerdo de las conversaciones libres que había escuchado en la casa paterna, de la boca de su hermano celoso de su virtud; la idea peligrosa de las maniobras de las que este joven libertino se había servido para seducirlo; los malos pensamientos, las imágenes infames de la voluptuosidad criminal que había querido inspirarle, todo se retrata, todo se presenta a su espíritu, y todo lo que la impureza tiene de más atrayente ataca su corazón. Estos pensamientos importunos lo siguen a todas partes, su imaginación se calienta, sus sentidos se conmueven, su alma se turba. Presa de violentas tentaciones, a pesar de los horrores de su desierto y de los santos rigores de la vida más austera, Simón de Stock se cree ya culpable. Santamente asustado de las apariencias del mal del que se ve como rodeado, se apresura a vengar sobre su cuerpo inocente un pecado del que Dios nunca vio en él la menor mancha. Desgarra su carne virginal con espinas punzantes; reviste su cuerpo con un tejido de zarzas y ortigas, para embotar el aguijón de la carne y defenderse, mediante esta especie de armadura, de los dardos inflamados del espíritu impuro. En este estado, víctima del amor a la pureza, Simón de Stock no cesa de invocar el santo nombre de María; es por la virtud todopoderosa de este nombre temible para todo el infierno que fue, nos dice él mismo, librado de estas horribles tentaciones; es por este medio que salió victorioso de los combates que el demonio le libró en su desierto. Extranjero en la tierra, nuestro santo vivía con Dios solo, en el desapego más universal, más perfecto e incluso en el olvido de toda criatura. Algunos autores nos dicen que los ángeles se complacían en su compañía y encantaban con su presencia los horrores de su desierto. Gozaba allí, nos dice la Leyenda de su Oficio, con tanta mayor abundancia de las delicias del espíritu y de las dulzuras de la gracia, entre sus frecuentes comunicaciones con Dios y los espíritus celestiales, cuanto que estaba enteramente muerto a todos los consuelos de la tierra y separado de todo comercio con el resto de los mortales.

Misión 04 / 08

Llamada e integración en la Orden del Carmelo

Advertido por una visión de la Virgen, se une a los Carmelitas llegados de Palestina en 1212 y prosigue sus estudios de teología en Oxford.

Fue en el momento en que Simón de Stock recibía más gracias y favores celestiales cuando la Santísima Virgen lo favoreció, en su desierto, con una aparición y en una revelación expresa le enseñó, de su boca sagrada, que Dios, contento con las penitencias de su soledad, quería que terminara la obra de su santificación uniéndose a los religio sos Carmelitas y religieux Carmes Orden religiosa cuya regla primitiva fue redactada por Alberto. abrazando su regla, cuando pasaran de Palestina a Inglaterra para fundar allí monasterios. Pero esta buena Madre le dijo también que tendría que soportar todas las contradicciones a las que la Orden de los Carmelitas estaría expuesta bajo su dirección.

Veinte años habían transcurrido entre los consuelos y los rigores del desierto, cuando Simón de Stock recibió del cielo, por intercesión de la divina María, órdenes por así decir formales de dejar su soledad para ponerse en estado de cumplir los designios de la Providencia sobre él, según el plan que le había trazado la misma Santísima Virgen. A pesar de su gran inclinación por el retiro, obedeció la voz del cielo y regresó a Oxford, a casa de sus padres, para retomar el curso de sus estudios. Estudió teología con un cuidado muy particular, a fin de estar algún día en condiciones de cumplir el ministerio al que Dios lo destinaba. Inmediatamente después de su ordenación, a la que consintió para conformarse a las órdenes del cielo, regresó de nuevo a su desierto; no lo dejó enteramente hasta el año 1212, es decir, quince años después de la revelación que le hizo la Santísima Virgen sobre la llegada de los Carmelitas de Palestina a Inglaterra para fundar allí monasterios de su Orden.

Durante este tiempo, aparecía a veces en los alrededores de Oxford para instruir a los ignorantes, reprimir el vicio por la fuerza de sus predicaciones, iluminando a unos con las luces de su doctrina toda celestial, animando a otros al amor de la virtud con el ejemplo de su vida, trabajando eficazmente en la conversión de todos los pecadores y preparando los caminos del Señor mediante los primeros esfuerzos de su celo. El conflicto que surgió, el año 1207, entre el papa Inocencio III y el rey de Inglaterra, llamado Juan sin Tierra, con motivo de la elección del arzobispo de Canterbury, se convirtió en la fuente funesta de los mayores males para la Iglesia y para este reino. Los descontentos que el Papa recibió del rey a este respecto, habiéndolo obligado a lanzar un interdicto general sobre toda Inglaterra, las consecuencias de este acontecimiento, que trajeron por todas partes disturbios y desolación, excitaron el celo de Simón de Stock. Para dar más eficacia a las oraciones que dirigía al cielo por la conversión del rey de Inglaterra, nuestro Santo interesa a la Santísima Virgen, su mediadora, su refugio ordinario en las calamidades de la vida; le dirige los votos de todos aquellos que son objeto de su caridad, mediante una oración corta, pero enérgica, que comienza con estas palabras: Alma Redemptoris Mater, que algunos autores le atribuyen y que parece haber compuesto en esta ocasión. Esta oración, dictada por el espíritu de compunción, sostenida por la más viva confianza en la poderosa protección de la Madre de Dios, tuvo todo el efecto deseado, recitada como era con fervor por nuestro Santo y por aquellos a quienes había comprometido a unirse a él. La ira del cielo se dejó doblegar por los gemidos de la ardiente caridad del siervo de Dios y por los sentimientos de penitencia de este pueblo afligido; cuando todas las cosas estaban en la confusión y en la agitación más violenta, en la corte y entre el pueblo; cuando todo parecía desesperado y no aparecía ninguna vía de arreglo, poniendo las partes interesadas por injurias recíprocas los mayores obstáculos, cuando menos se pensaba y el fuego de la guerra se encendía por todas partes, se vio llegar a Inglaterra al Legado Pandolfo, enviado por el Papa Inocencio III, para negociar con el rey Juan la paz tan ardientemente deseada. Aquel que tiene en sus manos los corazones de los reyes, cambió de repente el de este desgraciado príncipe; se convirtió y aceptó sin demora todas las condiciones de paz que se le propusieron.

Mientras Simón de Stock se ocupaba durante el interdicto en la obra de Dios, se entera de la llegada de dos señores ingleses que, regresando de la cruzada, trajeron consigo a algunos ermitaños del Monte Carmelo, con la intención de construirles un monasterio en Inglaterra y comenzar así su primera fundación en este reino. Ante esta feliz noticia, nuestro Santo, que, según el aviso de la Santísima Virgen, los esperaba con espíritu profético desde hacía quince años, se apresuró a obedecer las órdenes del cielo, entrando en la Orden de los Carmelitas. Pero las divisiones entre el rey y los señores del reino, los disturbios que agitaron todavía durante mucho tiempo a Inglaterra después del levantamiento del interdicto, impidieron entonces la fundación proyectada (1212). Esperando un tiempo más favorable , uno de estos Raoul Fresburn Religioso carmelita inglés, fundador de ermitas. piadosos solitarios del Monte Carmelo, llamado Raúl Fresburn, inglés de nación, que tenía todavía a su disposición grandes bienes en Inglaterra, empleó una parte de ellos, con el consejo de Simón de Stock, para formar una Soledad en un bosque de Aylesford, en el condado de Kent. Es en este lugar donde nuestro Santo se retiró, tan pronto como las celdas fueron construidas; es allí donde recibió el hábito de la Orden de manos del bienaventurado Alain, entonces Prior de esta soledad. Apenas se supo en Oxford el compromiso religioso de nuestro Santo, la Universidad de esta ciudad, perfectamente instruida de los talentos y del raro mérito de Simón de Stock, hizo vivas instancias ante los superiores de nuestro Religioso, a fin de vencer la repugnancia extrema que tenía de aparecer en medio de los doctores; pero se vio obligado a sacrificar la humildad a la obediencia. Simón apareció de nuevo en el colegio de Oxford, y de inmediato se le otorgó el título de doctor en teología; su humildad, siempre ingeniosa para esconderse, siempre atenta a sustraerse al brillo de los honores, obtuvo mediante instancias ante su superior que se le permitiera limitarse al grado de bachiller en teología, y acto seguido se retiró a su soledad. En la aprensión de que se hiciera todavía violencia a su humildad, y llevándolo su inclinación por la vida solitaria sin cesar a alejarse de todo lo que podía distraerlo de ella, aprovechó una ocasión favorable que le presentó la fundación de una nueva soledad en el desierto de Norwich, en el país de Northumberland, por los cuidados y el celo del R. P. Raúl Fresburn, quien fue elegido prior. Tan pronto como esta soledad estuvo en condiciones de recibir a algunos religiosos, Simón de Stock, con el consentimiento de su superior, se retiró allí con otros dos o tres solitarios venidos del Monte Carmelo.

Fundación 05 / 08

Lucha por el reconocimiento de la Orden

Nombrado vicario general, defiende a la Orden contra las persecuciones del clero y obtiene la confirmación papal de Honorio III.

San Brocardo, segundo general latino de la Orden de los Carmelitas, al ser informado de las maravillas que la gracia obraba entre los solitarios de Norwich, y sobre todo del fervor de Simón Stock, quiso tenerlo como coadjutor en el gobierno de la Orden (año 1215). En consecuencia, san Brocardo, con el parecer del Capítulo general, nombró a Simón Stock su vicario en toda Europa, para ocupar su lugar en el gobierno de los religiosos; pero las casas de los Carmelitas, al haberse multiplicado en muy poco tiempo, dieron motivo de recelo al clero y pronto ocasionaron una persecución abierta que casi lo derriba todo. Satanás, celoso de la piedad de los Carmelitas y temiendo las grandes ventajas que la Iglesia podría obtener en el futuro de estos nuevos establecimientos para la salvación y educación de sus hijos, suscitó por todas partes, contra el Carmelo, a hombres animados de un celo indiscreto que, por falta de examen y bajo pretexto de apego a las leyes de la Iglesia, pretendieron que se debía suprimir, por ser contrario a los decretos del cuarto concilio de Letrán, y atacar hasta sus raíces, tanto en Oriente como en Occidente, a la Orden de los Carmelitas, como una Orden recién instituida y sin regla aprobada por la Iglesia, aunque estas pretensiones fueran desmentidas por conventos ya muy antiguos, incluso en Europa. Como pastor sabio, vigilante y fiel, Simón se apresura a poner a los hijos de María al abrigo de las empresas injustas de quienes los persiguen. El Carmelo, por su orden, reunido en un mismo espíritu, ofreció primero a Dios, antes que todas las cosas, fervientes oraciones para implorar en la angustia el socorro del cielo; y pronto el cielo se dejó conmover por las lágrimas y los gemidos de sus hijos; María misma tomó su defensa. Simón Stock envió mensajeros al Papa Honorio I Pape Honoré III Papa que instruyó la causa de canonización. II para informarle de la injusta persecución que sufría la Orden de los Carmelitas; este soberano Pontífice, tras una acogida de lo más favorable, evocó a su tribunal la querella suscitada por sus adversarios. Remitió inmediatamente este asunto al examen de dos comisarios, quienes, al principio seducidos por los artificios del demonio e interesados por las maniobras de algunos miembros del clero, dieron ocasión, mediante demoras afectadas, a nuevos ataques. Pero Honorio III, iluminado desde lo alto por una visión milagrosa, declaró haber recibido la orden de la santísima Virgen de aprobar la Regla de los Carmelitas, de confirmar su Orden y de protegerlos contra las empresas de sus adversarios. Convencido por sí mismo de la bondad de una causa que la Madre de Dios favorecía de una manera tan visible, se apresuró a ejecutar las órdenes del cielo mediante una bula expresa, en la que declaró legítima y conforme a los decretos del concilio de Letrán la existencia legal de la Orden de los Carmelitas en la Iglesia, y los autorizó a continuar sus fundaciones en Europa. Al recibir esta bula, los jefes del partido fueron humillados y, según una antigua tradición, castigados por el cielo con un acontecimiento trágico. Tras una victoria tan milagrosa, obtenida por el celo de Simón Stock sobre sus enemigos aliados contra el Carmelo, nuestro santo general, queriendo transmitir a la posteridad este milagro auténtico de la protección de la santísima Virgen en favor de los Carmelitas, y perpetuar el agradecimiento de sus hijos, estableció entonces la fiesta de la Conmemoración solemne de la santísima Virgen, que toda la Orden celebra cada año el 16 de julio, día en el que fue fijada más tarde, por la Iglesia, la fiesta de la Cofradía del Santo Escapulario.

Misión 06 / 08

Estancia en el Monte Carmelo y éxodo

Se dirige a Palestina, presencia el milagro de la fuente de Elías y organiza la emigración de los carmelitas hacia Europa ante la amenaza sarracena.

Sin embargo, parecía haber llegado el momento en que la Orden de los Carmelitas, conforme a la revelación de la Santísima Virgen hecha a san Cirilo algunos años antes, iba a ser arrancada por completo de Tierra Santa para ser trasladada a regiones más favorables. En consecuencia, nuestro Santo recibió la orden del bienaventurado Alano, entonces general de los Carmelitas, de d irigirse al Mont-Carmel Lugar de retiro de los ermitaños para quienes se escribió la regla. Monte Carmelo para asistir al Capítulo general convocado con el fin de remediar los daños que la Orden había sufrido en todo Oriente por la masacre de aquellos que habían sido inmolados por la espada de los infieles. Tras una feliz navegación, llega al pie del Monte Carmelo; contempla con la mayor alegría esta santa montaña hacia la cual lo transportaban desde hacía mucho tiempo sus votos y sus deseos.

El Capítulo general de la Orden se reunió y allí se puso en deliberación el asunto de la emigración general de los Frailes a Europa. Algunos sostenían que, en las circunstancias presentes, ninguno de ellos podía en conciencia abandonar Tierra Santa y que ni siquiera se podía, sin agraviar a la religión, permitirles retirarse a otro lugar y fijar allí su morada; en fin, que no debían evitar la persecución a la que estaba expuesto el resto de los cristianos que habitaban Palestina. Simón de Stock hace sentir todos los inconvenientes de la opinión propuesta y la necesidad indispensable de seguir el sentimiento contrario, fundado en las reglas de la prudencia cristiana. Declara que es una conducta loable huir de la persecución por miedo a perder la fe, y un mal muy grande exponer la fe al peligro de la persecución sin una orden expresa del cielo, según esta máxima del Evangelio: «Cuando os persigan en una ciudad, huid a la otra». Se decidió la dispersión general. Pronto no hubo seguridad ni en tierra ni en mar; los sarracenos sembraron el terror y el espanto por todas partes con las crueldades que ejercían contra los cristianos. Muchos religiosos, en el Carmelo y en otros lugares, perecieron bajo la espada por el nombre de Jesucristo; aquellos que escaparon a la crueldad de estos bárbaros se refugiaron en la ciudad de Tolemaida, donde el ejército cristiano había reunido todas sus fuerzas. Simón de Stock, por una conducta particular de la divina Providencia que lo destinaba a otro género de martirio, se encontró afortunadamente entre el número de los refugiados.

Poco tiempo después, habiendo sido envenenadas las fuentes de agua de Tolemaida por la malicia de los infieles, el ejército cristiano, junto con los habitantes de esta ciudad y todos los que allí se habían refugiado, se vieron a punto de perecer; pero el cielo, velando en todas partes por la conservación del nombre cristiano, inspiró a los jefes del ejército a dar a Simón de Stock y a sus religiosos un cuerpo de tropas para llevarlos de regreso y protegerlos en el Monte Carmelo, con la esperanza de encontrar un recurso eficaz en las aguas de la fuente de Elías, la cual, según una antigua tradición del país, se secaba por un milagro del cielo cada vez que los religiosos eran forzados por la violencia de los infieles a abandonar esta santa montaña y, por un nuevo milagro, dejaba correr sus aguas en abundancia a su regreso, tan pronto como se ponían en oración. El milagro tuvo lugar en efecto, para gran satisfacción del ejército cristiano, que por este socorro totalmente divino recuperó sus fuerzas y pronto se vio en condiciones de resistir a sus enemigos. Tras esta maravilla, de la cual Simón de Stock fue testigo y cooperador por el fervor de sus oraciones, el Carmelo, protegido como estaba por el ejército cristiano, recobró inmediatamente su tranquilidad, y nuestro santo aprovechó para prolongar allí su estancia; pues no podía entonces exponerse en el mar a causa de la persecución de los infieles. Mientras esperaba un tiempo más favorable para embarcarse, se entregó por completo, según su inclinación, a las dulzuras de la contemplación. Atraído por un movimiento del Espíritu de Dios, se encerró solo en una gruta del Monte Carmelo donde, según una constante tradición relatada por varios autores, llevó durante el espacio de seis años una vida totalmente angélica, sin ninguna clase de comunicación con el resto de los mortales, no teniendo conversación más que con Dios y siendo a menudo favorecido con las apariciones de la Santísima Virgen, quien cada día lo alimentaba con un maná milagroso traído del cielo.

Milagro 07 / 08

El don del Escapulario

Elegido general a los 80 años, recibe de la Virgen María el Escapulario, signo de protección especial y prenda de salvación eterna para la Orden.

El tiempo marcado por los decretos de la divina Providencia llegaba a su término, y Dios quería realizar, por el ministerio de Simón Stock, la gran obra de la propagación de la Orden del Carmen en Europa. Hacía seis años que nuestro Santo llevaba una vida de anacoreta en el Carmelo, cuando supo que algunos señores ingleses, tras haber cumplido el voto de servir en Tierra Santa, se disponían a zarpar hacia Inglaterra. Conducidos por la mano de Dios, vinieron a proponerle que subiera a bordo con todos los religiosos que quisieran seguirle; él aceptó su oferta. Entonces el Beato Alano, general de la Orden, al no ver casi más recursos para mantenerse en Tierra Santa y sin esperanza de poder restablecer la mayoría de los monasterios, ya devastados por los infieles en Palestina, dio libre curso a la emigración de los religiosos que ya había comenzado. Tras haber provisto a la seguridad y tranquilidad de aquellos que quisieron permanecer en Palestina, dejándoles al Padre Hilarión como vicario, se embarcó con un gran número de religiosos entre los cuales se encontraba Simón Stock. A pesar de los peligros de un mar lleno de escollos y los continuos ataques de los infieles, llegaron felizmente a Inglaterra, desde donde esta colonia religiosa venida del Carmelo se dispersó en las diferentes soledades y monasterios ya fundados en ese país. El general, seguido de Simón Stock, se retiró al monasterio de Aylesford, uno de los más grandes de los dos monasterios recién construidos por las piadosas liberalidades de algunos ingleses. Instruido de los progresos de la Orden en Europa, desde la emigración general de los religiosos, el Beato Alano, tras haber examinado el estado actual de los asuntos de la Orden, formó desde entonces el designio de dejar a Simón Stock el cuidado de terminar una empresa cuyos felices comienzos y el progreso, por así decir, milagroso, anunciaban por todas partes su habilidad para el gobierno. Convocó, en consecuencia, el Capítulo general de su Orden, al año siguiente (1245); es el primero que se ha celebrado en Europa. Esta asamblea respetable, compuesta por todos los superiores de la Orden, habiendo conocido el designio del general, lo adoptó sin dificultad, y tras haber recibido su dimisión, eligieron por unanimidad a Simón Stock general de la Orden. Nuestro Santo tenía entonces ochenta años. Bajo el gobierno de Simón Stock, la Orden recibió un incremento considerable, y un gran número de fundaciones tuvieron lugar en Francia. Se multiplicaban allí, gracias sobre todo a la estima que el rey san Luis testimoniaba a los religiosos desde que los había conocido en Tierra Santa. El piadoso monarca había quedado tan impresionado por la vida angelical que los solitarios llevaban en el Carmelo, donde los visitó, que se apresuró a hacer un rico presente a Francia propagando en ella a los religiosos Carmelitas que había traído.

La paz de la que gozaba el Carmelo no fue al principio universal, protegido como estaba por la Santa Sede, y a pesar del celo de Simón Stock. Desde hacía dos años, la Orden del Carmen había sido solemnemente reconocida como Orden Mendicante, pero este reconocimiento no había detenido en absoluto la furia de sus enemigos. A los religiosos de las otras Órdenes se habían unido los sacerdotes seculares, y a toda costa se reclamaba la supresión de estos Orientales, de usos desconocidos hasta entonces, de pretensiones demasiado bellas para que no se les hiciera un crimen de ellas. A pesar de su abandono filial a los decretos de la Providencia, Simón no cesaba de derramar su dolor a los pies de María. Para este fin, compuso la antífona *Flos Carmeli*, que recitaba todos los días, y de la cual he aquí un extracto:

Flor del Carmelo, Viña florida, Esplendor del cielo, Virgen Madre incomparable, Dulce Estrella de los mares; Oh lirio sin mancha y más puro que la nieve, Da al Carmelo un nuevo privilegio; Calma las olas amargas.

Tras algunos años de súplicas y oraciones, de suspiros y lágrimas, tiene la consolación de ser escuchado de una manera sorprendente; su oración, como la del Profeta Elías, abre los cielos y hace descender a la Reina de los ángeles. María señala, en una célebre visión, su bondad y su poder en favor de Simón Stock; ella viene en su auxili o por el beneficio si scapulaire miraculeux Objeto de devoción mariana entregado por la Virgen a Simón. ngular de un escapulario milagroso que le da como un signo de su protección; signo precioso que, desde hace varios siglos, ha sido hasta nosotros una fuente de las más grandes maravillas y de toda clase de bendiciones, ya sea en favor del Carmelo, o en favor de aquellos que están revestidos de él. Dejemos hablar al Padre Pedro Swayngton, compañero, secretario y confesor del Santo: «El Beato Simón», dice él, «quebrantado por la vejez, debilitado por la austeridad de su vida penitente, pasaba muy a menudo las noches en oración, gimiendo en su corazón por los males de los que sus hermanos estaban afligidos. Sucedió que un día, estando en oración, fue colmado de una consolación celestial, de la cual nos hizo partícipes, en comunidad, como sigue: «Mis queridísimos hermanos, Bendito sea Dios, que no ha abandonado a los que ponen en él su confianza y que no ha despreciado las oraciones de sus siervos. Bendita sea la santísima Madre de Nuestro Señor Jesucristo, que, acordándose de los días antiguos y de las tribulaciones cuyo peso ha parecido demasiado pesado y demasiado abrumador a algunos de vosotros (no prestando suficiente atención a que aquellos que quieren vivir con piedad en Jesucristo, deben esperar sufrir la persecución), os dirige hoy, por mi ministerio, palabras de consolación, que debéis recibir en la alegría del Espíritu Santo. Ruego a este Espíritu de verdad que dirija mi lengua, a fin de que hable convenientemente, y que manifieste con la más exacta fidelidad la obra de Dios, y el favor que hemos recibido del cielo. Cuando derramaba mi alma en la presencia del Señor, yo que no soy más que ceniza y polvo, y que rezaba con toda confianza a la Virgen santa, mi Soberana, que puesto que ella se había dignado honrarnos con el título especial de Hermanos de la bienaventurada Virgen María, quisiera también mostrarse nuestra madre, nuestra protectora, librándonos de nuestras calamidades, y procurándonos consideración y estima, mediante alguna marca sensible de su benevolencia, ante aquellos que nos perseguían, cuando le decía con tiernos suspiros: «Flor del Carmelo, Viña florida, esplendor del Cielo, oh Madre-Virgen incomparable! oh Madre amable y siempre Virgen, dad a los Carmelitas privilegios de protección, ¡Astro de los mares!», la bienaventurada Virgen se me apareció en gran cortejo, y teniendo en la mano el hábito de la Orden, me dijo: «Recibe, mi querido hijo, este escapulario de tu Orden, como el signo distintivo y la marca del privilegio que he obtenido para ti y los hijos del Carmelo; es un signo de salvación, una salvaguarda en los peligros y la prenda de una paz y de una protección especial hasta el fin de los siglos. *ECCE SIGNUM SALUTIS, SALUS IN PERICULIS*. Aquel que muera revestido de este hábito será preservado de los fuegos eternos». Y como la gloriosa presencia de la Virgen santa me alegraba más allá de todo lo que se puede imaginar, y que no podía, miserable que soy, sostener la vista de su majestad, ella me dijo, al desaparecer, que no tenía más que enviar una diputación al papa Inocencio, el vicario de su Hijo, y que no dejaría de aportar remedios a nuestros males». (16 de julio de 1251.)

Posteridad 08 / 08

Últimas fundaciones y fallecimiento en Burdeos

Multiplica los monasterios en Europa y muere en Burdeos en 1265, a más de cien años, invocando a la Virgen María.

Por magnífica que fuera la primera promesa, esto no era más que una parte de lo que san Simón había pedido. Para concedérselo plenamente, la santísima Virgen hizo una segunda promesa en favor de los religiosos Carmelitas y de los cofrades del Escapulario, y esta vez fue al papa Juan XXII. Este soberano Pontífice, viendo que el emperador Luis V de Baviera trabajaba desde hacía mucho tiempo para introducir el cisma en sus Estados, se sintió muy afligido; dirigió, con más fervor que nunca, oraciones al Señor para que quisiera desviar los males con los que la Iglesia estaba amenazada. Un día, habiéndose levantado de madrugada para hacer oración, según su costumbre, y encontrándose de rodillas en una especie de éxtasis, la Reina de los cielos, consoladora de los afligidos, se le apareció rodeada de luz, vistiendo el hábito de los Carmelitas, y le ordenó confirmar la Orden del Carmelo, aceptar y ratificar, en la tierra, las gracias y los privilegios que su Hijo le había concedido en el cielo. El Papa, obedeciendo las órdenes de la santísima Virgen, expidió, el 3 de marzo de 1322, la bula llamada Sabatina, en cuyos términos la santísima Virgen se compromete a liberar del purgatorio a los hijos del Carmelo el sábado siguiente a su muerte.

Retomemos nuestro relato: La aparición de la santísima Virgen a Simón de Stock fue pronto publicada dondequiera que los Carmelitas estaban ya establecidos. Se volvió auténtica por una multitud de maravillas que se obraron por todas partes, y así impuso silencio a los adversarios del Carmelo. Comenzaron poco a poco a mirar con ojos más favorables a religiosos tan privilegiados; muchos incluso, en adelante, se apresuraron a participar en este insigne privilegio con el que María había favorecido a su Orden.

La Orden de los Carmelitas se multiplicó tan prodigiosamente bajo la guía de nuestro santo, que pocos años después de su muerte, hacia finales del siglo XIII, según la observación de Guillermo, arzobispo de Tiro, esta Orden contaba ya hasta siete mil quinientos monasterios o soledades, llenos de un gran número de religiosos, que el mismo autor cifra en ciento ochenta mil.

No queriendo vivir más que para consumir la obra de Dios que le fue confiada, Simón toma la generosa resolución de consagrar las pocas fuerzas que le quedan a hacer la visita general de los monasterios de su Orden, deseando ver con sus propios ojos, antes de su muerte, las maravillas que Dios había obrado en favor del Carmelo. Europa vio con admiración a este santo anciano, ya llegado a una edad extrema, encorvado bajo el peso de los años, extenuado por los rigores de la vida más austera, y sin disminuir nada de ella, incluso durante el curso de sus viajes, recorrer con un coraje infatigable los monasterios de su Orden. Fue durante el curso de esta visita general que Simón de Stock dotó a un gran número de ciudades de fervientes comunidades de Carmelitas, tales como Bruselas, Lieja, Malinas, Gante, Utrecht, Amberes, en Bélgica; Perth, en Escocia; Kildare, en Irlanda, etc. Es también Bordeaux Ciudad y diócesis de la que Amando fue obispo. en este viaje que estableció en diversos lugares (en Burdeos en particular) la Cofradía del Santo Escapulario. El santo general tuvo esto de particularmente admirable, que conservó toda su vigor moral hasta su bienaventurada muerte, y quizás no se sospeche que las obras de las que acabamos de hablar son las de un hombre que había superado su nonagésimo año. Simón de Stock llegó a Burdeos al comienzo del año 1265; es allí donde terminó sus visitas y terminó sus días con una muerte preciosa a los ojos de Dios, pronunciando estas palabras que la Iglesia ha añadido a la Salutación angélica: *Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis nostrae. Amen*, —mostrándose, por este homenaje, hasta su último suspiro, un digno hermano e hijo de la bienaventurada Virgen María. (16 de mayo de 1265.)

Los siguientes episodios de la vida de san Simón han servido de tema a los artistas en las representaciones que han dado de ella: 1° La naturaleza, dócil a las órdenes de Simón, invierte sus leyes. Para confundir la calumnia, a su oración, unos pescados cocidos, que le presentan para sorprender su frugalidad, recuperan la vida y el movimiento, dando testimonio, por esta maravilla, del espíritu de penitencia que anima al siervo de Dios. 2° Con el fin de dar gloria a Dios y confundir al infierno, y como para glorificar a la santísima Eucaristía, hace la señal de la cruz sobre el agua, que, por un artificio diabólico, había sido sustituida por el vino preparado para el santo sacrificio de la misa, y enseguida el agua es cambiada en vino. 3° La santísima Virgen se le aparece y le entrega el escapulario; cerca de él están almas del purgatorio en medio de las llamas.

Fuente oficial Les Petits Bollandistes, por Mons. Paul GUÉRIN, camarero de Su Santidad Pío IX.

Anexos y entidades vinculadas

Datos estructurados para la exploración: acontecimientos, milagros, citas, lugares, atributos, patronazgos y entidades importantes citadas en el texto.

Acontecimientos clave

  1. Nacimiento milagroso en 1164 en Kent
  2. Retiro de veinte años en el hueco de un árbol a la edad de 12 años
  3. Ingreso en la Orden de los Carmelitas en 1212
  4. Elección como General de la Orden en 1245
  5. Visión de la Santísima Virgen y recepción del Escapulario el 16 de julio de 1251
  6. Visita general de los monasterios de Europa a más de 90 años

Milagros

  1. Nacimiento sin peligro a pesar de proporciones físicas imposibles
  2. Rechazo del pecho los días de ayuno
  3. Alimentado por un perro en su soledad
  4. Aparición de la Virgen María entregando el Escapulario
  5. Resurrección de pescados cocidos
  6. Conversión de agua en vino para la misa

Citas

  • Flos Carmeli, Vitis florigera, splendor Coeli, Virgo puerpera singularis Antífona compuesta por el Santo
  • Ecce signum salutis, salus in periculis Palabras de la Virgen María durante la aparición

Entidades importantes

Clasificadas por pertinencia en el texto