26 de enero 11.º siglo

San Alberico

Segundo abad de Císter

Fiesta
26 de enero
Fallecimiento
26 janvier 1109 (naturelle)
Categorías
abad , fundador , monje
Época
11.º siglo

San Alberico fue uno de los tres pilares fundadores de la Orden del Císter en el siglo XI. Sucediendo a San Roberto como abad en 1099, estructuró la regla cisterciense en todo su rigor y obtuvo la protección papal. La tradición le atribuye la adopción del hábito blanco, recibido milagrosamente de la Virgen María.

Lectura guiada

8 seccións de lectura

SAN ALBERICO, SEGUNDO ABAD DE CÍSTER

Contexto 01 / 08

Los tres pilares de Císter

Presentación de la Orden del Císter y de sus tres fundadores principales: Roberto, Alberico y Esteban.

Aquel que está bajo el yugo de la obediencia perecerá de una manera lamentable, en lugar de salvarse, si resiste a sus superiores.

San Juan Clímaco, La Escala, después del grado 26.

La Orden del Císter es tan recomendable en la Iglesia, y la historia de su origen es tan santa y edificante, que no se debe omitir nada de lo que pueda contribuir a dar un conocimiento perfecto de ella; y como la institución de las Órdenes religiosas depende de su fundador, no es conveniente omitir la vida de san Alberico ; pues él es saint Albéric Segundo abad de Císter. uno de aquellos de quienes Dios se sirvió para echar los primeros cimientos de este gran edificio, que la divina Providencia quiso como apoyado sobre tres preciosas columnas que debían sostener toda su elevación, queremos decir, el gran san R oberto, san Alberico le grand saint Robert Fundador de la abadía de Molesmes y primer abad de Císter. y san Esteban. Dare mos la vida d saint Étienne Tercer abad de Císter y cofundador de la Orden del Císter. el primero el 29 del mes de abril, la del tercero el 17 del mismo mes: así, nos queda dar lugar al segundo en este día, puesto que es el de su preciosa muerte.

Vida 02 / 08

Formación y pruebas en Molesme

Alberico se une a san Roberto en Collan y luego en Molesme, donde se convierte en prior y sufre persecuciones por parte de monjes que rechazan la reforma.

Los historiadores de la vida de este gran hombre se han preocupado menos por descubrirnos las circunstancias de su nacimiento y de sus padres, según la naturaleza, que por el progreso que hizo en la virtud y la dicha que tuvo de tener a san Roberto como padre según el espíritu. Solo aprendemos de los Annales de l'Ordre de Cîteaux, del cual es considerado uno de los fundadores, que recibió una excelente educación, lo que, unido a sus felices disposiciones para las bellas letras, lo convirtió en un hombre muy experimentado en las ciencias divinas y humanas; podía disfrutar de grandes bienes en el siglo, pero prefirió buscar un lugar de retiro para vivir pobre, siguiendo los consejos de Jesucristo, quien dice: «¡Ve, vende todo lo que posees, da el dinero a los pobres y sígueme!». Con este sentimiento, tomó la resolución de ir a descubrir su designio a san Roberto, quien gobernaba entonces a los solitarios de Collan, y cuya reputación difundía por todas partes un olor muy suave de santidad.

Fue recibido por este digno superior con todos los testimonios de benevolencia imaginables. Mostró su gratitud haciendo ver inmediatamente a sus hermanos, por la santidad de sus ejemplos, que quería seguir los pasos de los más santos anacoretas que le habían precedido.

Siendo insalubre la soledad de Collan, Roberto condujo a sus solitarios al bosque de Molesme: fue en este lu gar donde Alberi forêt de Molesme Monasterio de origen de los fundadores de Císter. co, animado y fortalecido por el espíritu de los antiguos Padres del desierto, de quienes siempre había tenido una estima muy alta, trabajó con sus hermanos, bajo la guía de san Roberto, en la construcción de un oratorio y pequeñas celdas en medio de un bosque, no teniendo entonces por materiales más que ramas de árboles y tierra húmeda; este trabajo, sin embargo, no les hizo relajar nada de sus ejercicios ordinarios, de las santas lecturas y de la oración, ni recortar nada del tiempo precioso que empleaban habitualmente en cantar las alabanzas de Dios. Pero, cosa sorprendente, y que prueba bien el cambio y la debilidad del espíritu humano, este fervor que parecían compartir todos los religiosos se ralentizó pronto; habiéndoles dado varios señores del país, por emulación, lo necesario para su sustento e incluso más, la renta temporal del monasterio se volvió demasiado considerable; estas riquezas los hicieron caer en grandes excesos. San Roberto, no pudiendo, ni por oraciones ni por amonestaciones, detener sus desórdenes, se retiró a un desierto llamado Haur, donde había solitarios que vivían en gran unión y sencillez de corazón. Alberico, a quien había hecho prior, gobernó el monasterio de Molesme en su ausencia; se aplicó primero a restablecer la primera observancia, uniendo poderosos ejemplos a exhortaciones frecuentes y patéticas; si percibía que no ganaba nada con la voz de la dulzura, sabía servirse prudentemente de toda la autoridad que Dios le había confiado. Una firmeza tan grande, sostenida por una vida irreprochable, condenaba abiertamente los desórdenes de aquellos que no querían conducirse más que siguiendo máximas mundanas y seculares; así, pronto se convirtió en objeto del odio de todos aquellos que no lo veían más que como un censor incómodo, y se vio, para usar los términos de su historia, a discípulos despreciar audazmente las lecciones saludables de un maestro tan santo, a hijos levantarse contra su padre, a súbditos querer mandar a su superior, y a culpables tratar como criminal a aquel que solo trabajaba para conducirlos por el camino de la perfección. Finalmente lo cargaron de oprobios e injurias; nuestro Santo sufrió toda clase de calumnias, y Dios, para presentar mayores ocasiones de victoria a su siervo, permitió que se llevara tan lejos esta persecución, que estos malos discípulos, habiéndolo ultrajado hasta el exceso, lo encerraron como a un desgraciado digno de los más rudos suplicios.

Alberico, viendo todos sus cuidados inútiles, y haciéndole creer su humildad que Dios reservaba a otro la justa reforma que quería introducir en este monasterio, se retiró a un lugar más solitario, llamado por los bolandistas Vivificus, y Vinicus en Surius (Viviers), con san Esteban y otros dos religiosos, cuya alta virtud conocía, a fin de pr Vivificus Sede episcopal de san Venancio. acticar con plena libertad todo lo que su piedad les inspirara hacer, para responder a lo que el espíritu de la gracia pedía de ellos; pero Dios hizo conocer pronto que las instrucciones dadas por este digno superior a los religiosos de Molesme no habían sido inútiles, y que esta semilla debía dar fruto a su tiempo; pues, apenas se hubo retirado, sus discípulos, abriendo los ojos, reconocieron la falta que habían cometido; la lloraron, hicieron penitencia y no pensaron más que en buscar los medios de hacer volver a Molesme, no solo a su prior san Alberico, sino también a san Roberto, que le había precedido en el oficio de abad, y a san Esteban. La cosa tuvo éxito después de grandes diligencias que usaron para este efecto, tanto más cuanto que se interpuso la autoridad del soberano Pontífice y del obispo de Langres. Los tres grandes siervos de Dios volvieron pues a esta soledad, donde fueron muy bien recibidos: san Roberto en calidad de abad; san Alberico en calidad de prior; y san Esteban en calidad de subprior; se les rindió una perfecta obediencia, y vieron, con mucha alegría, todos los espíritus reunidos y dispuestos al menos entonces a una perfecta observancia de todas las reglas.

Fundación 03 / 08

La fundación del Nuevo Monasterio

En 1098, Alberico participa en la fundación de Císter y se convierte en el segundo abad tras la partida forzada de Roberto hacia Molesme.

Pero en el tiempo en que todos los religiosos creían no deber perder nunca más a tan santos conductores, fueron de nuevo privados de su presencia y de su socorro. Estos tres ilustres personajes, teniendo siempre hambre y sed de una mayor justicia, y sintiéndose llamados y llevados a una perfección más alta que la que se practicaba en Molesme, donde estaban obligados a eximir sin cesar de algunos puntos de la regla a los menos fervientes, formaron y ejecutaron, con los permisos requeridos, el designio de retirarse a un lugar muy campestre y muy solitario, llamado Císter, a donde fueron bajo la inspiración del cielo, con el fin de establecer allí una nueva Orden.

Fue el año 1098 cuando san Roberto, san Alberico y san Esteban, después de haber dejado todas las cosas en buen orden en Molesme, vinieron a establecerse en Císter, no lejos de Dijon, acompañados de otros varios fervientes religiosos que los siguieron. Pero san Roberto, no habiendo sido más que un año y algunos meses abad de este monasterio, fue retirado de él con el consentimiento del soberano Pontífice Urbano II, para ir una tercera vez a gobernar a los religiosos de Molesme, quienes habían hecho instancias extraordinarias para obtener esta gracia; es con ocasión de esta gran pérdida que los religiosos de Císter eligieron canónicamente por abad, e n su lugar, al p le pieux Albéric Segundo abad de Císter. iadoso Alberico, de quien damos aquí la vida.

Esta elección tuvo lugar el año 1099: hizo todo lo que pudo para evitar aceptar esta dignidad; pero habiendo reconocido finalmente la orden de Dios, se cargó con este peso, asociándose como prior y colega en sus trabajos a san Esteban, quien se convirtió en su sucesor tras su muerte, y quien es reconocido como el tercer fundador de la Orden, como se puede ver en su vida, el 17 de abril.

Teología 04 / 08

Vida ascética y trabajo manual

Descripción de la vida rigurosa de los monjes, compartiendo su tiempo entre el oficio divino, el trabajo manual y una pobreza extrema.

Nuestro Santo pues, considerando por una parte el poder que tenía en calidad de superior, para aumentar la pureza de esta santa y estrecha observancia por la cual siempre había conservado una estima muy grande, y teniendo además el consuelo de tener por discípulos a sujetos bien dispuestos a seguir todo lo que él les inspirara, comenzó a expresar con libertad sus sentimientos, a hacer primeramente él mismo mucho más de lo que deseaba de los otros, y a sostener por sus fervientes exhortaciones, unidas a una santidad de vida del todo ejemplar, la más bella obra de piedad que se vio en su siglo.

Estos santos solitarios no cedían entonces en nada a los de la Tebaida; compartían la noche en tres partes; descansaban aproximadamente el espacio de cuatro horas; durante las cuatro horas siguientes, cantaban salmos e himnos para publicar las alabanzas de Dios, y durante las otras cuatro horas, se ocupaban en el trabajo manual; su labor más ordinaria era transportar y cultivar tierras para hacer crecer legumbres que componían todo su alimento. Tras este trabajo, o algún otro semejante, hacían piadosas lecturas y recitaban oraciones particulares; de modo que varias otras santas prácticas semejantes, sucediéndose así unas a otras, no les permitían darse ningún respiro ni de día ni de noche.

Sus hábitos, muy pobres y muy sencillos, no estaban compuestos más que de telas muy bastas que sabían preparar con sus propias manos. Algunos autores incluso dicen que sus vestiduras no estaban hechas más que de hojas de palma entrelazadas con industria unas con otras. Fue también por los cuidados de san Alberico que se vio en poco tiempo un monasterio bastante regularmente construido, y fue fácil elevar tal edificio, puesto que no se buscó ante todo más que edificar una gran cantidad de celdas muy sencillas para alojar a los postulantes que venían, y construir una pequeña iglesia en honor de la santísima Virgen, y algunos otros lugares regulares absolutamente necesarios para estar a cubierto de las mayores injurias del tiempo.

Era una cosa que atraía la admiración de todo el mundo, ver al santo abad dando ejemplo a los otros, cargar tierras y otras cargas muy pesadas para avanzar estas construcciones; sabía nutrir su espíritu de piadosos sentimientos que extraía de los salmos, al mismo tiempo que ocupaba su cuerpo en el trabajo manual; y aunque era muy anciano, no dejaba de domar su carne por mortificaciones corporales, por ayunos y vigilias que superaban, dice su historiador, todo lo que se puede imaginar; pues, cuando los religiosos iban por necesidad a tomar su descanso, él se servía de ese tiempo de la noche para hacer sufrir a su cuerpo largas flagelaciones, y si tomaba algo de sueño, era sobre dos tablas totalmente desnudas: esta manera de tomar su descanso sobre este lecho de penitencia, le daba facilidad para levantarse antes que los otros; de tal suerte que ordinariamente había recitado todo el Salterio antes de que los otros religiosos se hubieran levantado para venir a cantar los Maitines.

Contexto 05 / 08

Estatutos y protección de Roma

Alberico obtiene la protección del papa Pascual II y redacta los primeros estatutos que imponen la estricta observancia de la regla de san Benito.

La reputación del santo abad y de sus ilustres discípulos se extendió con tal brillo y voló tan alto por todas partes, que dos célebres cardenales, Benito y Juan, enviados a Francia como legados por Pascual Pascal II Papa que reinó durante el episcopado de Godofredo. II, sucesor de Urbano II, vinieron a alojarse por devoción en su pobre morada, donde admiraron, con una satisfacción increíble, la vida más angélica que humana de estos nuevos religiosos. Tras reconocer que su designio venía del cielo, les persuadieron de enviar a la corte de Roma, para pedir al soberano Pontífice su protección especial en sus santas empresas, y la confirmación de su establecimiento: lo cual ejecutaron con éxito; pues san Alberico envió a dos de sus religiosos, llamados Juan y Hodeberto, quienes, provistos de varias cartas de recomendación e instrucciones que les habían dado los dos legados, su propio obispo e incluso el arzobispo de Lyon, obtuvieron de Su Santidad todo lo que deseaban. El monasterio fue puesto bajo la protección de la Santa Sede.

Se ven todavía con placer, en los Annales de Cîteaux, todas estas cartas y los demás actos que conciernen al primer establecimiento de esta Orden. Sería difícil expresar la alegría que recibió san Alberico al verse autorizado por el soberano Pontífice en sus designios, mediante la bula que le trajeron los religiosos que regresaron de Roma. Compuso entonces diversos estatutos y varias santas ordenanzas que publicó y que fueron aceptadas; no tenían otro fin que hacer observar, en toda su rigurosidad y al pie de la letra, la regla de san Benito, y por consiguiente rechazar varios usos contrarios que concernían a los hábitos, la alimentación, la posesión de bienes y otras cosas semejantes. Es importante detenerse en estos detalles para juzgar la parte que tomó en esta obra el glorioso san Alberico, y no debe sorprender que varios autores le atribuyan la calidad de principal fundador de la Orden de Císter; pues, sin decir, como quieren insinuar algunos actos relatados por Bollandus, que vino incluso antes que san Roberto al desierto de Císter, es indudable, como hemos dicho, que el mismo san Roberto solo permaneció cerca de un año en este lugar; que cuando lo dejó y puso su báculo abacial en manos de Gautier, obispo de Chalon-sur-Saône, se declaró públicamente a todos los religiosos exentos de la obligación de obedecerle, como habían prometido anteriormente; y que fue por consiguiente san Alberico quien supo primeramente detener, por su dulzura, su sabiduría y la fuerza de sus ejemplos, a todos estos solitarios que, en la libertad que acababan de recibir, habrían podido, bajo diferentes pretextos, pedir retirarse de un lado a otro, a los monasterios vecinos donde no se observaba ni de lejos esta gran rigurosidad de Císter. Así parece bastante claro que el Santo del que hablamos, tras haber sostenido a sus hermanos en la regularidad y en el fervor desde la ausencia de san Roberto, fue elegido abad en su lugar, como ya hemos dicho, por los sufragios de la comunidad, en presencia y con el consentimiento del obispo de Chalon, quien presidió la elección; se conviene también que fue él el primero que perfeccionó, que compuso incluso en parte e hizo recibir las constituciones de esta Orden naciente; lo que ejecutó con un fervor, una constancia y un celo siempre nuevos, durante el espacio de cerca de diez años. Estos reglamentos no son calificados, en las primeras historias de esta Orden, más que como instituciones de los monjes de Císter, salidos de Molesme. Los abusos que reprimen son las pieles y las pieles preciosas, las superfluidades de los hábitos, los adornos de las camas, la diversidad y la abundancia de las carnes, el uso de la grasa, etc. Alberico resolvió tener conversos laicos, para cuidar de las granjas y del cultivo de las tierras, porque, conforme a la regla, los religiosos debían permanecer en el claustro para dedicarse allí a la oración y al servicio divino.

Milagro 06 / 08

La institución de los hermanos conversos y el hábito blanco

Creación de los hermanos conversos y relato milagroso del cambio del hábito negro al hábito blanco por la intervención de la Virgen María.

Estos hermanos conversos eran la mayoría de las veces hombres sencillos y rectos que no sabían leer ni cantar, pero que no por ello eran menos dignos de la vida religiosa. Hacían los mismos votos y gozaban de las mismas ventajas espirituales que los hermanos del coro, solo que no estaban obligados al oficio y podían así consagrar todo su tiempo al trabajo. Cada vez que oían sonar la campana del convento para una hora canónica, se ponían de rodillas, o se apoyaban encorvados sobre el mango de sus azadas, de sus escardillos o de sus guadañas y recitaban Pater y Ave, en unión con los Padres que cantaban el oficio, mezclando así su oración con los himnos de los pájaros, el ruido de los vientos, las armonías de los cielos para adorar a Dios y saludar a la Virgen María.

El hábito de estos religiosos era al principio de color gris o negro, pero Alberico lo cambió por un hábito blanco, con un escapulario gris.

He aquí cómo la tradición narra este cambio simbólico: El día de las nonas de agosto, mientras Alberico y sus monjes cantaban Maitines en el coro, la santísima Virgen apareció de repente en medio de ellos, y acercándose al bienaventurado abad, le puso sobre los hombros una túnica toda blanca, y, al instante mismo, las vestiduras de los demás religiosos se volvieron blancas, y la Virgen sin mancha regresó a los cielos con las Santas que le hacían cortejo.

Se celebraba la fiesta de este milagro en la Orden del Císter, el 5 de agosto, bajo este título: Descenso de la bienaventurada Virgen María al Císter, y milagroso cambio del hábito negro al hábito blanco, bajo el santísimo abad Alberico. El hábito blanco fue como una librea de la santa Virgen: por eso todos los monasterios cistercienses estaban dedicados a María.

Esta aparición no es un hecho aislado: a menudo la Madre de Jesús se mostraba a los hermanos «del desierto del Císter» para defenderlos y consolarlos. Nada es tan gracioso como estas poéticas leyendas que nos muestran a la dulcísima Virgen María visitando a los monjes que cantan el oficio y encendiéndolos de celo, aliviando a los que labran, cortan leña o cargan fardos, y secando la frente de los segadores. A veces, nos dicen aún, los rodea, en el seno de la noche, de una luz apacible, a veces presenta a sus adoraciones a su divino Hijo Jesús, o se arrodilla con ellos ante él; a veces hace brillar ante los ojos del moribundo la corona inmortal, lo sostiene contra los temores del tránsito y espera su alma para llevarla ante Dios.

Uno de los hermanos, a quien los Anales no nombran, vio los cielos abiertos, y, sobre tronos centelleantes, los coros de los ángeles, los patriarcas, los profetas, los apóstoles y los mártires... luego religiosos de diferentes Órdenes. Buscó a aquellos de sus hermanos que habían salido de este mundo y no pudo ver a ninguno... «¿Qué es esto, pues? oh santísima Virgen», exclamó con espanto, «¡no veo a ninguno de mis hermanos!... ¿Sería posible que religiosos que le son tan devotos estén excluidos del paraíso?...» La reina del cielo, viéndolo turbado hasta el fondo del alma, le respondió: «Me son tan queridos, mis hijos del Císter, que los guardo sobre mi corazón», y, entreabriendo su manto de una maravillosa amplitud, le mostró a los religiosos de su familia. Transportado de alegría, contó lo que había visto, y todos los hermanos bendijeron a Dios por ello.

Milagro 07 / 08

La llegada providencial de novicios

Tras un periodo de escasez de vocaciones, la llegada milagrosa de un clérigo llamado Robert devuelve la esperanza a la comunidad.

Sin embargo, una prueba terrible pesaba sobre Alberico: la muerte proseguía su obra en el nuevo monasterio, y nadie venía a ocupar el sitial ni a recoger la azada del difunto. Él se entristecía por ello, y por muy resignado que estuviera en su abandono, el temor de que Císter fuera sepultado con sus primeros fundadores le afligía profundamente. Se quejaba a menudo de ello a Dios y pedía con insistencia novicios.

Cuando esta prueba hubo bastado a los designios de la Providencia sobre el bienaventurado Alberico, cesó, al menos por un tiempo, con la llegada de un postulante cuya vocación milagrosa alegró a la desolada comunidad. Era clérigo y estudiante en las escuelas de Lyon. Un día que pedía a Dios la gracia de conocer el camino del cielo, vio en una visión un valle profundo y, sobre una alta montaña que se elevaba en medio, una ciudad magnífica... Quiso subir, pero un ancho río protegía sus avenidas. Buscando un lugar por donde pudiera cruzar, vio en la orilla opuesta a doce o catorce pobres que lavaban sus túnicas. Uno de ellos tenía una vestidura de una blancura deslumbrante, y ayudaba por turno a cada uno de sus compañeros. — «¿Quiénes sois?» les dijo el clérigo. — «Estos pobres son monjes que hacen penitencia y se purifican de sus pecados; yo soy Jesucristo... Esta ciudad es el Paraíso, donde reino con aquellos que han lavado su vestidura y hecho penitencia; he aquí el camino que pides conocer desde hace tanto tiempo». — El clérigo contó su visión al obispo de Chalon, quien le dijo que se hiciera monje y le indicó el camino de Císter. Obedeció. En la puerta de mimbre colgaba un martillo de hierro, lo levantó ¡y fue uno de los pobres de su visión quien vino a abrir!... Reconoció de igual modo a todos los demás monjes y les contó cómo los había visto ya, lo cual los llenó de alegría. Este clérigo, que se llamaba Robert, se convirtió en un excelente religioso y fue prior.

Posteridad 08 / 08

Muerte de Alberico y legado

Fallecimiento de Alberico en 1109, seguido por el elogio fúnebre de su sucesor Esteban Harding y las fuentes históricas de su vida.

No terminaríamos nunca si quisiéramos relatar todo lo que encontramos para la gloria de este santo fundador en las memorias de su Orden; nos queda decir algo de su piadosa muerte. Este santo abad, habiendo cumplido felizmente lo que la divina Sabiduría había deseado de él para la institución de una de las más santas y célebres congregaciones, fue juzgado digno de ir a poseer el objeto celestial tras el cual se le había visto suspirar tan frecuentemente; esta recompensa le fue procurada con ocasión de una fiebre que fue lo suficientemente violenta como para causar la muerte a aquel que ya no podía vivir más que de la vida de los Bienaventurados. Estando en el extremo y viendo a sus religiosos bañados en lágrimas y entristecidos por el estado de sufrimiento en que lo veían, los consoló y levantó su ánimo, diciéndoles que no debían compadecerlo en los dolores que le veían sufrir, puesto que iban a ponerlo en posesión de una gran felicidad; añadiendo que, si supieran cuál era el grado de gloria al que Dios le había hecho conocer que estaban llamados, la vida presente les resultaría del todo tediosa, y trabajarían únicamente para el cielo. Luego recitó con voz muy distinta, y que marcaba el contento de su corazón, el Símbolo de los Apóstoles; después de lo cual, dijo las *Salmodias de la santísima Virgen*, y tras estas palabras, *Sancta Maria, ora pro nobis*, María, ruega por nosotros, su venerable figura se volvió radiante como un sol, y entregó dulcemente su bella alma a su Dios, el 26 de enero del año 1109. Se cuenta que apareció varias veces a sus religiosos cuando estaban en el coro, o en la oración, o en el trabajo manual, exhortándolos a trabajar eficazmente en su santificación.

San Esteban, que le sucedió, hizo sobre est e tema, a sus Saint Étienne Tercer abad de Císter y cofundador de la Orden del Císter. religiosos, un discurso admirable que ha sido felizmente conservado, y donde, después de haber expresado, por una parte, el dolor del que él mismo está penetrado por esta pérdida común, los anima inmediatamente, diciéndoles que deben, sin embargo, recordar que no hay nada en el mundo más ventajoso, para aquellos que han combatido largo tiempo en la tierra por la gloria de Jesucristo, que ser liberados de la carne mortal de la que estamos envueltos, a fin de ir a gozar con mayor libertad de aquel a quien se ama por encima de todas las cosas, y que hay que derramar lágrimas mucho más sobre aquellos que permanecen aquí abajo en el combate, siempre en duda de si obtendrán la victoria, que sobre aquellos que, siendo victoriosos, han ido, como el santo abad Alberico, a recibir la palma debida a sus trabajos. Se podrá ver este discurso más extensamente en la historia de la Orden.

Se puede representar a san Alberico de la siguiente manera: la santísima Virgen se le aparece y le entrega el hábito blanco de los cistercienses; se le aparece de nuevo a la hora de su muerte; se le asocia también a los tres célebres religiosos de Císter, san Roberto, san Esteban Harding y san Bernardo de Claraval.

Hemos extraído lo que hemos dicho en esta vida del tomo IV de los Anales de Císter y de los Actas de Bolland. El R. P. Dom Pierr e-le-Nain, subprio Dom Pierre-le-Nain Subprior de La Trappe y autor de un ensayo sobre Císter. r de la abadía de la Trappe, dio antiguamente al público una obra en francés, que lleva por título: Ensayo sobre la Orden de Císter; allí se podrán descubrir varias particularidades sobre la vida de este gran Santo. — Véase también Santos de Dijon, por el abad Duplus.

Fuente oficial Les Petits Bollandistes, por Mons. Paul GUÉRIN, camarero de Su Santidad Pío IX.

Anexos y entidades vinculadas

Datos estructurados para la exploración: acontecimientos, milagros, citas, lugares, atributos, patronazgos y entidades importantes citadas en el texto.

Acontecimientos clave

  1. Ingreso al monasterio de Collan bajo la dirección de san Roberto
  2. Fundación del monasterio de Molesme
  3. Prior de Molesme y persecución por parte de los monjes recalcitrantes
  4. Retiro en Viviers (Vivificus)
  5. Fundación de la Orden del Císter en 1098
  6. Elección como segundo abad de Císter en 1099
  7. Obtención de la protección de la Santa Sede por el papa Pascual II
  8. Cambio milagroso del hábito negro al hábito blanco

Milagros

  1. Cambio milagroso del hábito negro a hábito blanco por la Virgen María
  2. Visión de un clérigo lionés que muestra a Albérico y a sus monjes purificados por Cristo
  3. Rostro radiante como el sol en el momento de su muerte

Citas

  • ¡Ve, vende todo lo que tienes, da el dinero a los pobres y sígueme! Evangelio (citado como motivación inicial)
  • Me son tan queridos, mis hijos de Císter, que los guardo en mi corazón Palabras de la Virgen María en una visión

Entidades importantes

Clasificadas por pertinencia en el texto