4 de octubre 6.º siglo

San Vulgis

Vulgius

Sacerdote, confesor y ermitaño

Fiesta
4 de octubre
Fallecimiento
4 octobre vers l'année 550 (naturelle)
Época
6.º siglo

Discípulo de san Remigio en el siglo VI, Vulgis huyó de los honores de la corte de Clodoveo para vivir cuarenta años como ermitaño en Troësnes. Célebre por haber salvado a las vacas de un campesino de ahogarse, se convirtió en un taumaturgo buscado. Murió octogenario en 550 y sigue siendo el protector de los rebaños en La Ferté-Milon.

Lectura guiada

8 seccións de lectura

S. VULGIS O VULGIUS, SACERDOTE Y CONFESOR,

ERMITAÑO EN TROESNES, EN LA DIÓCESIS DE SOISSONS

Vida 01 / 08

Sacerdocio y humildad

Elevado al sacerdocio, Vulgis se dedica a la predicación y a las funciones eclesiásticas bajo la dirección de su prelado, a pesar de un profundo temor a no estar a la altura de su cargo.

Cuando se vio elevado a la dignidad del sacerdoci o, Vul Vulgis Sacerdote y confesor, discípulo de san Remigio, ermitaño en Troësnes. gis entró en un santo temor, y, su profunda humildad haciéndole considerar este carácter como un honor del cual se creía absolutamente indigno, se volvió más exacto que nunca en la observancia de sus ejercicios, para responder con fidelidad a la santidad de su estado. Lo que le tranquilizó en el temor en que estaba de no cumplir con suficiente dignidad los deberes del sacerdocio, fue la elección que su prelado había hecho de él y la resolución que había tomado de obedecerle en todo lo que le ordenara: no pensó, pues, más que en seguir lo que le fuera marcado por un maestro tan grande. Dedicándose por entero a las funciones eclesiásticas, abrió su boca para anunciar al pueblo la palabra evangélica. Obligado a hacer valer el talento que Dios le había confiado, hizo partícipes a las iglesias de la abundancia de todas las luces de las que el Espíritu Santo le había colmado.

Misión 02 / 08

Participación en la conversión de Clodoveo

Discípulo de san Remigio, Vulgis participa activamente en la evangelización de los francos durante la conversión de Clodoveo y su ejército hacia el año 500.

El autor de su vida señala que fue aproximadamente en esa época, es decir, hacia el año 500, cuando el gran Clodoveo se convirtió y vino a Reims para recibir el bautismo de manos de san Rem igio. No h saint Remi Obispo de Reims que bautizó a Clodoveo. ay que dudar que san Vulgis, su fiel discípulo, tuvo una gran participación en esta acción, puesto que no se trataba entonces solo de la conversión de Clodoveo, sino también de la de todo su ejército y de los grandes del reino, quienes, como nos enseña la historia, abrazaron, siguiendo el ejemplo de su monarca, la religión cristiana que san Remigio les presentó. En efecto, esta cosecha parecía tan abundante que se necesitaba un gran número de obreros, y varios célebres obispos y santos sacerdotes, entre otros san Vedasto, quien fue nombrad o obispo de saint Vaast Obispo de Arras contemporáneo de Vulgis. Arras, fueron llamados para anunciar las verdades del Evangelio a un ejército tan numeroso; así, aunque san Vulgis no sea nombrado, al igual que tantos otros que trabajaron en esta obra, no hay que dudar que, teniendo el talento de la predicación, estando animado por el celo de la gloria de Dios como lo estaba, y residiendo actualmente con san Remigio, quien lo había asociado en los cuidados y trabajos de su oficio de pastor, haya, por consiguiente, contribuido de muchas maneras a la conversión del rey Clodoveo y de tantos otros francos que lo siguieron y abrazaron la fe como él. En efecto, las memorias de su vida nos enseñan que, habiendo sido reconocida la santidad de su vida por los principales señores de la corte, quedaron tan encantados de su virtud y de su conducta que, no pudiendo privarse de su conversación, lo obligaron a permanecer en la corte, contra todas sus inclinaciones, que solo tendían al silencio y al retiro.

Vida 03 / 08

Rechazo de los honores y partida hacia la soledad

A pesar de su éxito en la corte y su nombramiento como coadjutor de san Remigio, Vulgis elige huir de las dignidades episcopales para retirarse al desierto.

San Vulgis soportó por un tiempo esta situación, que se podía decir violenta para él; pero, aunque su instrucción y su ejemplo produjeron un fruto maravilloso entre aquel gran número de señores, y aunque fuera de un auxilio extraordinario para el santo prelado que lo había elegido, y en quien se apoyaba para una infinidad de cuidados propios de su carga pastoral, no pudo resistir la voz y el atractivo interior de la gracia que parecía llamarlo a la soledad, y lo solicitaba a dejar los ruidos y los embrollos de la corte, para ir a disfrutar en silencio de las dulzuras de la contemplación en el desierto. Lo que lo determinó enteramente a tomar esta decisión y a ejecutarla lo antes posible, fue un cierto rumor que llegó a sus oídos, y le hizo conocer que el pueblo, al que creía demasiado predispuesto a su favor, proyectaba elevarlo al trono episcopal tras la muerte de san Remigio, ya quebrantado por la vejez: y en efecto, este santo prelado, que lo juzgaba además más digno que cualquier otro para ocupar su lugar, lo nombró poco tiempo después su coadjutor, con el consentimiento del pueblo y de toda la corte.

La dignidad a la que Vulgis se vio elevado no hizo más que confirmarlo en su propósito; su humildad por una parte, el pensamiento de su salvación y de su perfección por la otra, y la extrema repugnancia que sentía por las grandezas y por la multiplicidad de los asuntos, le hicieron buscar los medios para escabullirse de sus amigos y ausentarse de la corte. San Remigio fue advertido; vivamente apenado, habló de ello a su querido discípulo e hizo todo lo que pudo para retener a un sujeto tan excelente, al que había formado con tanto cuidado y desde hacía tanto tiempo; pero, tras muchas pruebas y conversaciones sobre este punto, habiendo reconocido los designios de Dios sobre este santo sacerdote, no pudo negarle el permiso de retirarse como deseaba; habiéndolo, pues, abrazado, con el rostro bañado en lágrimas, le dio su bendición, y nuestro Santo dejó con una alegría increíble a sus amigos, la corte y todas las dignidades que se le presentaban.

Vida 04 / 08

Vida eremítica en Troësnes

El santo se estableció en el bosque de Retz, en Troësnes, donde llevó durante cuarenta años una vida de mortificaciones extremas y oración oculta.

Libre ya de toda clase de trabas, el joven sacerdote fue a establecerse en el Orceois, en un lugar salvaje del bosque de Retz, en la ladera de una colina al pie de la cual pasa el río Ourcq, y llamada Troësnes, a caus a de la Troësnes Lugar de la ermita y de la primera sepultura del santo. planta de este nombre que allí crecía en abundancia. Todavía se ven allí los vestigios de una pequeña celda que se dice fue construida por sus manos, y se observa incluso una forma de altar sobre el cual se cree que celebraba el sacrificio de la misa. Hay que confesar aquí que el exceso de humildad de este santo solitario nos priva de bienes muy grandes, al quitarnos el conocimiento de lo que practicó durante los cuarenta años que permaneció oculto en el seno de este desierto. Dios solo y los ángeles han podido ser testigos de sus mortificaciones, de sus vigilias, de sus ayunos y de su oración continua. ¿Cuál podía ser su alimento en un lugar que no estaba cultivado, y cuyas tierras eran entonces enteramente estériles? Eran, sin duda alguna, algunas hierbas salvajes que encontraba en el bosque, y su lecho no podía ser más que la tierra desnuda. Vulgis trazaba así de nuevo la manera de vivir de los más santos ermitaños que le habían precedido, y a quienes tomaba como modelos de la perfección a la que aspiraba.

Milagro 05 / 08

El milagro de las vacas y la fama

Vulgis es descubierto tras haber resucitado o salvado de las aguas a las dos vacas de un campesino, atrayendo desde entonces a una multitud de peregrinos y enfermos.

Al parecer, el designio del piadoso solitario era perseverar así hasta la muerte, desconocido para los hombres y en una práctica continua de la más severa y exacta penitencia, si Dios, que no quería que una luz tan brillante fuera admirada solo por los ángeles, no hubiera permitido que los hombres también tuvieran algún conocimiento de ella, al menos al final de la vida de este incomparable penitente. He aquí la ocasión que lo dio a conocer. Un pobre campesino de los alrededores, que no tenía más riqueza que dos vacas, las llevó a pastar a un prado no muy lejano de la montaña donde estaba situada la celda de nuestro Santo; el río Ourcq, del que hemos hablado, estaba entonces muy crecido, e incluso tan desbordado que no se podía distinguir el cauce ordinario de los lugares de la llanura que estaban inundados: lo que hizo que las dos vacas, creyendo siempre caminar sobre terreno firme en las aguas que cubrían la superficie del prado, y llegando finalmente a la orilla del río, en un lugar muy profundo, cayeran repentinamente y se ahogaran, al no haber podido percibir las orillas donde podrían haberse salvado. Como nadie pudo prestarles un socorro lo suficientemente rápido, el pobre campesino a quien pertenecían, y que obtenía de estos animales su sustento y el de varios hijos a su cargo, viendo esta desgracia, comenzó a lamentarse, a entrar en una especie de desesperación y a lanzar gritos tan fuertes que su voz resonó hasta la ermita de san Vulgis quien, al enterarse de la desolación en la que se encontraba este pobre hombre, y movido por su caridad a querer socorrerlo al instante, se acercó a él, lo consoló, lo dispuso a tener una perfecta confianza en Dios y, luego, habiendo elevado los ojos al cielo para hacer su oración, hizo la señal de la cruz sobre el río y ordenó a los dos animales que salieran de él. ¡Cosa sorprendente! El pobre hombre y los que estaban presentes los vieron aparecer y nadar sobre el agua en el mismo momento. Se acercaron al lugar donde vieron gente y finalmente llegaron a saltar con esfuerzo sobre el borde de la orilla, tras lo cual se presentaron sanas y salvas ante su dueño.

Nuestro santo solitario no hubo terminado de obrar esta maravilla cuando el temor de recibir alabanzas por ello lo hizo regresar rápidamente a su querida soledad; pero Aquel que le había inspirado realizar esta acción milagrosa de caridad, queriendo por este medio dar a conocer su mérito, no permitió que estuviera oculto por más tiempo. El rumor de un milagro tan público se extendió pronto por toda la provincia: el pobre campesino en favor del cual se había hecho, publicaba y contaba por todas partes la verdad del prodigio; los habitantes del lugar confirmaban, como testigos oculares, lo que él afirmaba; se acudió de todas partes para reconocer al hombre de Dios. La montaña donde estaba la celda del solitario dejó de ser un desierto: unos venían por curiosidad, para ver a un hombre a quien Dios había comunicado el poder de obrar milagros, otros para implorar su socorro en sus enfermedades, algunos para consultarlo en sus dudas, otros para pedirle consejos en el asunto de su salvación; y todos, finalmente, para obtener de este hombre divino asistencia en las necesidades y urgencias en las que se encontraban.

San Vulgis, cuya caridad no tenía límites y que se veía descubierto por un orden de la Providencia, ya no podía ocultarse ni negar a su prójimo los socorros que sabía que podía concederle. Respondía, pues, con una dulzura admirable a todo lo que se deseaba de él; comprendió bien que el Espíritu de Dios, que lo había conducido al desierto para mantenerlo oculto a los ojos de los hombres durante un tiempo, le inspiraba, en la situación en la que se encontraba, a mostrarse y dejarse conocer por los mismos hombres para aliviarlos en sus necesidades y enfermedades corporales, y darles al mismo tiempo instrucciones y consejos saludables para convertirlos y hacerlos salir de sus malas disposiciones espirituales. En efecto, sería difícil relatar todas las curaciones milagrosas que obró en los cuerpos, así como el número infinito de conversiones que hizo respecto a las almas; y se podría decir, como aprendemos de la historia de su vida, que bastaba a los enfermos con haber tocado solo sus vestiduras para ser curados; asimismo, bastaba a los pecadores haber sido testigos de sus predicaciones para regresar totalmente penetrados de contrición y perfectamente dispuestos a abandonar sus desórdenes y sus malos hábitos espirituales.

Vida 06 / 08

Muerte del santo

Tras haber predicho su fin, Vulgis muere hacia el año 550 a la edad de 80 años, después de haber recibido el viático durante su última misa.

Pero el país, que comenzaba a disfrutar abundantemente de los frutos del rico tesoro que le pertenecía y que le había estado oculto durante tanto tiempo, no estuvo mucho tiempo en la alegría de haberlo finalmente descubierto y poseerlo, puesto que apenas esta hermosa luz fue retirada de debajo del celemín, para aparecer sobre la montaña donde había sido expuesta, la divina sabiduría juzgó oportuno retirarla para hacerla brillar en un lugar mucho más honorable, la morada de los bienaventurados en el cielo.

Nuestro santo solitario, estando pues maduro para la patria celestial, adonde debía ir pronto a recibir la corona de gloria preparada para su mérito, fue favorecido con una revelación en la que supo el día de su fallecimiento; incluso lo indicó a varios de sus amigos que habían venido a verlo; y aunque se había preparado durante todo el curso de su vida para la muerte, mediante la mortificación de todos sus sentidos y un perfecto desapego de todas las cosas de la tierra, no obstante, habiendo llegado el feliz y último día que esperaba, ofreció, según su costumbre, el sacrificio de la misa, donde tuvo además la dicha de recibir la santa Eucaristía en forma de Viático; y, presentándose él mismo ante su Dios, en esta última acción, como una víctima que iba a ser consumida para su gloria, entregó pacíficamente su espíritu al Creador, el 4 de octubre, hacia el año 550, a la edad de ochenta años, de los cuales había pasado cuarenta en la soledad.

Culto 07 / 08

Traslación y culto en La Ferté-Milon

En 728, el señor Milon traslada las reliquias del santo de Troësnes a su castillo de La Ferté-Milon para honrarlas y protegerlas mejor.

San Vulgis es el patrón de La Ferté-Milon: s La Ferté-Milon Ciudad de la que san Vulgis es el patrón y donde reposan sus reliquias. e le invoca sobre todo contra las enfermedades de los rebaños.

## CULTO Y RELIQUIAS.

Al difundirse la noticia de su muerte por todo el país, una multitud inmensa acudió a asistir a sus funerales: no se creyó poder elegir un lugar más honorable para su sepultura que aquel que él mismo había escogido con el propósito de esconderse y sepultarse, por así decirlo, estando aún vivo, en las sombras de los desiertos y en la tumba de una humildad profunda; fue, pues, enterrado cerca de su celda, y fue allí donde plugo a Aquel que sabe ensalzar la humildad de sus siervos, obrar una infinidad de milagros en favor de todos aquellos que venían a implorar el socorro de nuestro Santo. Poco tiempo después, se construyó en ese lugar una iglesia que se dedicó al apóstol san Pedro, porque se encontró que el oratorio de san Vulgis estaba consagrado a este Apóstol.

Posteriormente, Mil on, q Milon Obispo de Troyes que descubrió el cuerpo de la santa en 992. ue era el señor más poderoso de la provincia, juzgando que las preciosas reliquias del Santo no estaban en suficiente seguridad, ni en un lugar lo bastante honorable, las hizo trasladar de Troësnes (728) y las puso en la capilla de su castillo, dedicada a san Sebastián. Se le había dado a este castillo el nombre de La Ferté-Milon (*Firmitas Milonis*), a causa del señor a quien pertenecía: era entonces uno de los más raros y magníficos edificios que existían en el país. Este poderoso señor hizo colocar el cuerpo de san Vulgis en una urna de plata, que aún se ve e châsse d'argent Relicario que contiene el cuerpo entero del santo, examinado en 1643. n la iglesia de La Ferté-Milon, junto con un busto también de plata que mandó hacer para depositar en él la cabeza del Santo. Fue también en ese mismo tiempo cuando Milon, queriendo compensar de alguna manera al país de Troësnes, y conservar a perpetuidad la memoria del lugar donde el santo solitario había practicado una tan larga y dura penitencia y donde había obrado tan grandes maravillas, hizo erigir allí una tumba de piedra sostenida por cuatro pilares, que se ve en la iglesia de este pueblo. La figura del santo solitario está en relieve sobre esta tumba. Aparece en ella revestido con sus hábitos sacerdotales, con un cáliz entre las manos; y, como testimonio del primer milagro que hizo en favor del campesino del que hemos hablado, se colocó sobre sus pies la figura de los dos animales a los que devolvió la vida. Varios caballeros de una piedad singular se hicieron devoción de sucederse en este lugar durante el espacio de más de quinientos años, tratando de imitar las virtudes extraordinarias del Santo que había establecido allí antiguamente su morada, y por el cual habían concebido una estima y una veneración particulares.

Milagro 08 / 08

Milagros y protecciones póstumas

El texto relata castigos divinos contra aquellos que intentan trasladar su tumba, así como la protección de la ciudad contra los loreneses y las epizootias.

Ha sucedido en varias ocasiones que un olor muy suave ha emanado de la tumba de nuestro Santo, como para marcar cuál había sido el buen olor de las virtudes que este piadoso solitario difundía antaño en la región; y se pretende también que Dios dio a conocer mediante varios acontecimientos que no aprobaba el designio de aquellos que querían, aunque fuera con buenas intenciones, retirar su tumba de piedra que se encuentra en Troësnes, para darle otro lugar en esta iglesia; se añade que incluso les costó la vida a quienes intentaron hacerlo, así como a los obreros que fueron empleados para tal efecto. Un acta, que fue redactada en debida forma en 1611, hace mención, entre otros, de dos albañiles que, trabajando en esta iglesia, cerca de la tumba de san Vulgis, tuvieron la curiosidad, a pesar de la prohibición que se les había hecho, de excavar hasta debajo de la figura del Santo, que está en relieve sobre este pequeño mausoleo; a pesar del agradable olor que salió inmediatamente de aquel lugar, y que fue sentido por un gran número de personas, los dos obreros, ya sea en castigo por su temeridad, o a causa del extremo terror del que fueron presa, murieron en el mismo año, tras algunos meses de una vida llena de languidez.

Sucedió algo semejante en 1691: dos albañiles, así como aquel que los había contratado, murieron ese año, después de haber trasladado la tumba de nuestro Santo, del lugar donde estaba, a otro de la misma iglesia. Se añade que otros dos obreros, habiendo trabajado también en hacer una abertura cerca de la misma tumba de san Vulgis, para enterrar allí a quien fue el autor del traslado del que hemos hablado, porque era un hombre de un mérito distinguido, murieron también el mismo año; y que aquel que los había aplicado a esta obra, aunque por un motivo loable, permaneció sin embargo, durante el espacio de cuatro meses, en una languidez a la que los médicos no podían aportar ningún remedio, al no conocer la causa. Un santo hombre, muy experimentado, habiéndole expuesto que su enfermedad bien podía haber ocurrido por haber acercado demasiado a la tumba de san Vulgis la sepultura del personaje que había enterrado en esta iglesia, el enfermo, aprovechando la reflexión, y considerando lo que había hecho como una falta, recurrió inmediatamente a san Vulgis, pidiéndole la liberación de su enfermedad, y recuperó su salud anterior por este medio.

Dejamos no obstante a la libertad del juicioso lector el emitir el juicio que quiera sobre estos hechos. Lo que tenemos por más cierto es el acta que Mons. Le Gras, obispo de Soissons, hizo redactar en 1643 en La Ferté-Milon, y por la cual parece que, habiéndose trasladado a este lugar con sus oficiales para realizar la apertura de la urna de san Vulgis, en presencia de una infinidad de personas distinguidas que se habían reunido allí para ser testigos de esta ceremonia, y de varios médicos llamados para hacer lo propio de su arte, se encontró en esta urna el cuerpo entero de nuestro Santo. Los médicos, al examinar escrupulosamente todas las partes, juzgaron, por los huesos, que san Vulgis había sido un hombre fuerte, grande y poderoso de cuerpo, y que parecía haber vivido hasta una gran vejez. Se tuvo además la satisfacción y la alegría de encontrar en esta urna un rollo de vitela, donde las siguientes palabras están escritas en letras góticas y perfectamente bien formadas, lo que se asegura ser un testimonio de su antigüedad: Corpus sancti Vulgisii, filioli et discipuli sancti Remigii, Rhemenris archie piscopi: «He aquí el c Corpus sancti Vulgisii Sacerdote y confesor, discípulo de san Remigio, ermitaño en Troësnes. uerpo de san Vulgis, ah ijado y discíp sancti Remigii Obispo de Reims que bautizó a Clodoveo. ulo de san Remigio, arzobispo de Reims».

Se encontró además, en la misma urna, un acta del año 1543, referente al traslado de esta urna a la ciudad de Soissons, a causa de algunas reparaciones que era necesario hacer. Mons. de Soissons, quien real izaba es Soissons Lugar de nacimiento y fallecimiento de Godofredo. ta ceremonia con una devoción muy tierna, no pudiendo incluso detener las lágrimas que corrían de sus ojos, extrajo, con el consentimiento de las partes interesadas, las dos mandíbulas del cuerpo del Santo, una de sus costillas y un hueso de san Sebastián, antiguo patrón de la capilla del castillo. Dejó este hueso de san Sebastián y una mandíbula de san Vulgis en la iglesia de La Ferté-Milon, y desde entonces se engarzaron en un relicario de plata, representando la figura de un ángel que los lleva sobre su cabeza. En cuanto a la segunda mandíbula y la costilla de san Vulgis, las llevó a Soissons, donde no bien hubo llegado, hizo realizar una procesión general, en medio de la cual llevó estas dos reliquias al descubierto, en una rica bandeja de plata. Después, dio una a la abadía de Notre-Dame de Soissons, y se reservó la otra. Mons. de Bourlon, su sucesor, la ha hecho engarzar desde entonces en un precioso relicario. Había quedado un solo diente en la iglesia de Troismes, que poseía antaño todo el cuerpo; pero, en 1652, les fue arrebatado por los loreneses, que quisieron tener la satisfacción de poseer en su país algunas parcelas de las reliquias de tan gran Santo.

La ciudad de La Ferté-Milon atribuyó a la protección de san Vulgis, su patrón, el no haber sido saqueada ni destruida por el ejército de los loreneses, que estaban totalmente dispuestos a dar el asalto a esta plaza, si las oraciones que se dirigieron al cielo por intercesión del protector de esta ciudad no hubieran hecho cambiar su designio. Terminemos relatando lo que sucedió en 1714, a propósito del ganado que moría por todas partes, lo que causaba una aflicción extrema a todo el pueblo. Toda la provincia e incluso los países vecinos recurrieron al poder de san Vulgis; una infinidad de procesiones llegaban sin cesar de todas partes a su iglesia, para elevar allí sus oraciones y celebrar misas solemnes. Se recibió en esta ocasión un socorro tan poderoso de este santo abogado, que no se tiene dificultad en asegurar que los dos lugares que tienen a san Vulgis por patrón no perdieron, en el desastre que se dejaba sentir en otros lugares, ninguna de sus bestias, durante el tiempo de las enfermedades que reinaban por todas partes.

Cf. Acta Sanctorum, 1 de octubre.

Fuente oficial Les Petits Bollandistes, por Mons. Paul GUÉRIN, camarero de Su Santidad Pío IX.

Anexos y entidades vinculadas

Datos estructurados para la exploración: acontecimientos, milagros, citas, lugares, atributos, patronazgos y entidades importantes citadas en el texto.

Acontecimientos clave

  1. Discípulo de san Remigio en Reims
  2. Presunta participación en la conversión de Clodoveo y su ejército hacia el año 500
  3. Nombramiento como coadjutor de san Remigio
  4. Retiro solitario de cuarenta años en el bosque de Retz en Troësnes
  5. Milagro de las vacas resucitadas o salvadas de las aguas del Ourcq
  6. Murió a los ochenta años después de celebrar la misa

Milagros

  1. Resurrección o salvamento milagroso de dos vacas ahogadas en el Ourcq
  2. Curaciones mediante el contacto con sus vestiduras
  3. Olor suave que emana de su sepulcro
  4. Castigos mortales para aquellos que intentaron trasladar su sepulcro
  5. Protección de La Ferté-Milon contra el ejército de los loreneses en 1652

Citas

  • Corpus sancti Vulgisii, filioli et discipuli sancti Remigii, Rhemenris archiepiscopi Rollo de vitela encontrado en el relicario

Entidades importantes

Clasificadas por pertinencia en el texto