San Pedro Pascual
RELIGIOSO DE LA MERCED, LUEGO OBISPO DE JAÉN, EN ESPAÑA, Y MÁRTIR
Religioso de la Merced, obispo de Jaén y mártir
Religioso de la Orden de la Merced y obispo de Jaén, Pedro Pascual consagró su vida al rescate de los cautivos cristianos entre los moros. Doctor de la Universidad de París y legado papal, terminó dando su propio rescate para liberar a mujeres y niños antes de ser martirizado en Granada en 1300.
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SAN PEDRO PASCUAL,
RELIGIOSO DE LA MERCED, LUEGO OBISPO DE JAÉN, EN ESPAÑA, Y MÁRTIR
Formación y estudios parisinos
Pedro Pascual se distingue por su piedad e inteligencia en Valencia antes de perfeccionar su teología en la Universidad de París, donde se convierte en doctor a los veintitrés años.
Lo empleaba en aprender el canto y las ceremonias de la Iglesia, a orar, a meditar, a leer las Sagradas Escrituras y a socorrer, con palabras llenas de fervor y unción, y a menudo también con limosnas, a los pobres y a los esclavos que veía en la miseria. Por aquel tiempo, el rey de Aragón derrotó a los moros y conquistó de ellos el reino y la ciudad de Valencia; y, como fue informado del mérito extraordinario de Pedro Pasc ual, lo nombró Pierre Paschal Obispo de Jaén y mártir de la Orden de la Merced. canónigo de la catedral. Esta dignidad obligó a nuestro Santo a perfeccionarse en el conocimiento de las Sagradas Letras; así, sabiendo que la Universidad de París era la madre Université de Paris Institución académica restaurada por Urbano V. de todas las ciencias, vino allí con su preceptor y realizó su curso de teología. Su virtud y su bello espíritu le atrajeron pronto la estima y el amor de los más ilustrados entre los Doctores. El obispo mismo le tomó afecto y, habiéndole conferido las órdenes sagradas, le mandó predicar el Evangelio. Sus predicaciones fueron aplaudidas por todo el mundo y produjeron grandes frutos entre sus oyentes. Enseñó también públicamente en una cátedra de la Universidad y recibió el birrete de Doctor cuando aún no tenía más que veintitrés años.
Vocación mercedaria y preceptor real
Impulsado por la caridad hacia los esclavos, se une a la Orden de la Merced bajo san Pedro Nolasco y se convierte en preceptor del infante don Sancho de Aragón.
Sin embargo, la caridad de Jesucristo le apremiaba siempre, y ardía en deseos de asistir a los esclavos cristianos, quienes, además de las miserias del cuerpo, estaban todos los días en peligro de naufragar en la fe. Así, formó el propósito de hacerse religioso de la Orden de la Merc Ordre de la Merci Orden religiosa dedicada al rescate de cautivos cristianos. ed, tanto más cuanto que esta Orden está particularmente dedicada a la veneración de la santísima Virgen, por quien tenía una singular devoción. Regresó para ello a España y se presentó ante san Pedro Nolasco, a quie saint Pierre Nolasque Fundador de la Orden de la Merced y superior de Pedro Pascual. n ya consideraba como su padre, porque fue por sus oraciones que había sido obtenido del cielo. Este santo fundador le obligó a ejercer aún un año las funciones de canónigo, para edificar a todo su cabildo con el ejemplo de sus virtudes; luego, habiéndole hecho realizar un retiro en un convento de su Orden, llamado Nuestra Señora del Puig, le dio el hábito religioso en Valencia, el día de Reyes del año 1251. Como este ferviente novicio siempre había llevado una vida inocente y penitente en el mundo, no tuvo ninguna dificultad en formarse en los ejercicios de la religión. Tras su profesión, fue a Barcelona, junto a su bienaventurado superior, y allí se ocupó en predicar y enseñar teología, hasta que el rey de Aragón lo solicitó como preceptor del infante don Sancho, s u hijo, qu Don Sanche Hijo del rey de Aragón, discípulo de Pedro Pascual y arzobispo de Toledo. ien deseaba abrazar el estado eclesiástico. Se trasladó para ello a Zaragoza, y se desempeñó tan dignamente en esta importante función, que su ilustre discípulo, a quien enseñó particularmente la ciencia de los Santos, quiso abrazar su instituto y hacerse, como él, religioso de la Merced.
Ministerio episcopal y reforma
Nombrado obispo titular de Granada y coadjutor de Toledo, se dedicó a reformar la disciplina eclesiástica y a instruir al clero.
Este retiro del joven príncipe dio libertad a nuestro Santo para ir a rescatar esclavos en el país de los moros. Trajo un gran número de ellos a Toledo, y a aquellos que no pudo liberar, los confesó, los exhortó a la paciencia y los dejó perfectamente consolados. A su regreso, encontró una orden de san Pedro Nolasco para que acudiera a él lo antes posible. Es que el Santo quería morir entre sus brazos y hacerlo heredero de su espíritu y de su celo. Pocos años después, el príncipe Infante, del que acabamos de hablar, fue elegido arzobispo de Toledo; y, como aún no tenía la edad asignada por los Cánones para gobernar esta Iglesia, pidió a Urbano IV a san P edro Pasc Urbain IV Papa que canonizó a Félix en 1262. ual como su coadjutor. Su Santidad, que estaba informado de los méritos de este excelente religioso, aprobó esta elección y lo nombró para ello obispo titular de Granada, que todavía Grenade Ciudad bajo dominio moro de la cual fue obispo y donde sufrió el martirio. estaba bajo el poder de los moros. Fue consagrado, en esta calidad, el año 1262, tras lo cual emprendió, con el celo de un verdadero pastor, la dirección de este gran arzobispado que le fue confiado; visitó sus ciudades, pueblos y aldeas, realizó misiones apostólicas y no escatimó esfuerzos para desterrar todos los desórdenes. Habiéndose relajado mucho la disciplina eclesiástica, dictó reglamentos admirables para restablecerla en su primer vigor. Como la ignorancia reinaba entre los párrocos, compuso un excelente libro para su instrucción. Viviendo el pueblo en el vicio y el libertinaje, empleó toda su vigilancia pastoral para reformarlo; pero finalmente fue liberado de esta carga por el fallecimiento del arzobispo, quien murió en 1275 a causa de las heridas recibidas en un combate contra los moros.
Misiones y redención de cautivos
Multiplicó las fundaciones de monasterios y se dirigió a Granada para apoyar a los esclavos cristianos, convirtiendo también a moros y judíos.
Entonces se retiró a un convento de su Orden, con el fin de esperar allí la ocasión de realizar nuevos viajes para la redención de los cautivos. Pedía a menudo a Dios que le ordenase pasar a Túnez, en África, donde esperaba que su celo contra la impiedad de los mahometanos le procurara la corona del martirio. Sin embargo, realizó misiones muy fructíferas en diversas provincias de España y Portugal, y fundó monasterios de su instituto en Toledo, Baeza y Jerez, para tener obreros que pudieran secundar su celo. El estado de la Iglesia de Granada, afligida y abrumada bajo la tiranía de los infieles, le conmovía profundamente; se creyó, pues, obligado a dirigirse allí para ofrecer su auxilio a los esclavos cristianos, quienes, por estar entre cadenas, no dejaban de ser las ovejas de su rebaño. No se pueden expresar los frutos que su presencia produjo en esta ciudad. Era la luz y el apoyo de aquellos pobres perseguidos; los visitaba en sus prisiones, los servía en sus enfermedades, los consolaba en sus angustias, los aliviaba en su pobreza y miseria, les administraba los Sacramentos y los instruía en los puntos necesarios de la doctrina de la Iglesia. Muchos, desesperados por el mal trato de sus amos, fueron fortalecidos por sus fervientes exhortaciones. Los renegados regresaron, gracias a sus cuidados, al seno de la Iglesia. Convirtió a la fe a una cantidad de moros y judíos, y procuró a un gran número de cristianos una doble libertad, retirándolos al mismo tiempo de la servidumbre del pecado y de la esclavitud de los hombres. Fundó en Jaén un convento de su Orden, a fin de que los religiosos pudieran ir desde allí secretamente a Granada, para la asistencia de los cautivos. Los infieles no pudieron evitar admirar su virtud, y casi no había ninguno que no le profesara un singular respeto. Habiendo uno de los jueces de la ciudad hecho prisioneros a los Padres Redentores de Castilla y Aragón, y confiscado todo el dinero que traían para el rescate de los esclavos, a pesar de que estaban provistos de buenos salvoconductos, él fue a encontrarlo y le habló con tanto valor y firmeza que lo obligó finalmente a devolverle a los Padres prisioneros con todo su dinero.
Legación romana y predicación de la cruzada
El papa Nicolás IV lo nombra legado para predicar la cruzada en Francia y España, viaje durante el cual defiende la Inmaculada Concepción en París.
Las necesidades apremiantes de su Iglesia le obligaron a realizar un viaje a Roma, donde fue recibido con grandes testimonios de estima y amistad por el pap a Nicolás Nicolas IV Amigo de la infancia de Conrado, general de los franciscanos y posteriormente papa. IV, quien lo había conocido bien en Toledo, cuando, siendo general de la Orden de San Francisco, visitaba los conventos de España. Predicó en San Pedro y en Santa María la Mayor, por mandato de Su Santidad, y allí realizó conversiones admirables. Estando a los pies de las tumbas de los Apóstoles, les pidió con instancia participar de aquel celo por la salvación de las almas del que ellos habían estado tan inflamados, y no hay que dudar que esta petición le fue concedida. El Papa, maravillosamente edificado por su celo, lo juzgó muy apto para predicar la cruzada y lo envió para ello a Francia y a España, con la autoridad de Legado. Predicó, desde Roma hasta París, en casi todas las ciudades y pueblos por los que pasó, y realizó en varios lugares grandes milagros como testimonio de que era la voluntad VIES DES SAINTS. — TOME XII. de Dios que se tomaran las armas para la recuperación de Tierra Santa. En París, el rey y toda la corte, la Universidad y el pueblo lo acogieron con los honores debidos a su mérito y a su carácter. Se acudió a sus sermones con entusiasmo, y el éxito fue tan grande que, si España hubiera podido responder al ardor de los franceses, que se alistaron en masa para esta buena obra, se habría podido llevar a cabo esta empresa. Se destaca que, estando en la ciudad, sostuvo, con mucha luz y valentía, el misterio de la concepción in maculada de la santísima Virgen, y esta conception immaculée de la sainte Vierge Privilegio mariano y dogma central que estructura la identidad de la congregación. Reina de los ángeles, para testimoniarle su reconocimiento, se le apareció la noche siguiente, rodeada de serafines, y le puso sobre la cabeza una corona de gloria. Recibió aún otros favores extraordinarios en este viaje, tanto de su ángel de la guarda como de Nuestro Señor mismo.
Episcopado en Jaén y cautiverio
Elegido obispo de Jaén, es capturado por los moros en Granada. Utiliza el dinero de su propio rescate para liberar a mujeres y niños cautivos.
En el año 1269, fue elegido obi spo Jaën Diócesis de la cual fue obispo efectivo. de Jaén. Esta diócesis no había tenido pastor durante cinco años y estaba bajo el poder de los moros; se puede juzgar por ello cuánto necesitaba un prelado celoso y vigilante. La visitó con gran esmero, reconoció todos los desórdenes y aplicó remedios tan adecuados que, en poco tiempo, se vio reflorecer la disciplina cristiana. Al año siguiente, regresó a Granada, donde empleó todos sus ingresos en el alivio de los pobres y en el rescate de los esclavos. Incluso emprendió la conversión de mahometanos, y su palabra tuvo tanta fuerza que muchos renunciaron a las fantasías de Mahoma para abrazar la doctrina de Jesucristo. Los partidarios del Alcorán lo consideraron un crimen de Estado; fue hecho prisionero, cargado de cadenas y sometido a tratos muy rudos. Tan pronto como se supo esta desgracia en Jaén y en Baeza, el clero y el pueblo cristiano hicieron una colecta y le enviaron una suma considerable de dinero para pagar su rescate: él la recibió con mucha gratitud; pero, por una caridad de la que casi no hay ejemplos, en lugar de emplearla para obtener su propia libertad, la utilizó para la liberación de una multitud de mujeres y niños, cuya debilidad le hacía temer que finalmente abandonaran la religión cristiana. Compuso en prisión varios tratados para servir de preservativo a los fieles y para desengañar a los renegados que se habían dejado seducir por los cuentos de Mahoma. Así, como otro san Pablo, engendró varios hijos espirituales entre las cadenas. Fue consolado en este estado por varias visiones celestiales. La más notable fue aquella en la que Nuestro Señor se le presentó bajo la figura de un niño de cuatro a cinco años, vestido de esclavo para servirle la misa. El santo obispo, después de su acción de gracias, creyendo que era un niño como los demás, le hizo algunas preguntas sobre el catecismo; él respondió con una sabiduría y una modestia que lo sorprendieron. Pero cuando llegó a preguntarle quién era Jesucristo, entonces el niño reveló quién era y le dijo: «Pedro, soy yo quien es Jesucristo; considera mis manos y mi costado, allí encontrarás las marcas de mis llagas. Por lo demás, porque has permanecido prisionero para dar libertad a mis esclavos, me has hecho a mí mismo tu prisionero». Y habiendo dicho estas palabras, desapareció.
Prisión y escritos teológicos
A pesar de un calabozo oscuro, redacta tratados contra el islam y recibe visiones celestiales, entre ellas la de Cristo bajo la apariencia de un niño esclavo.
Habiendo sido informados los alfaquíes de las composiciones que hacía en su prisión contra los errores de su secta, le hicieron encerrar en un calabozo muy oscuro sin permitir que nadie lo viera. Pero los ángeles lo iluminaron en medio de esas tinieblas, y se dice incluso que le proporcionaron plumas, tinta y papel para terminar un nuevo tratado contra las extravagancias del Alcorán. La imposibilidad en la que se veía de asistir a los cristianos esclavos y a los bárbaros que había convertido le afligía extremadamente.
Pero los ángeles lo llevaron varias veces a los lugares donde estos infortunados, casi en la desesperación, reclamaban su auxilio. Pasaba a menudo las noches en oración y practicaba sangrientas mortificaciones para obtenerles de Dios la firmeza y la perseverancia, y tenía el consuelo de saber desde el cielo mismo el buen éxito de sus oraciones. Casi nunca estaba sin la compañía de estos espíritus bienaventurados. Sus guardias vieron a menudo su prisión toda luminosa; y un día vieron salir de ella a un niño de una gracia y una belleza arrebatadora. Estas maravillas fueron causa de que el príncipe lo pusiera en libertad, pero con la prohibición de escribir nada, en el futuro, contra la ley de Mahoma. Él se burló de esta prohibición y no dejó, en la libertad de la que gozaba, de componer un libro muy fuerte y muy apremiante contra esta secta abominable. Mientras trabajaba en él, los cristianos vieron sobre su cabeza un globo de fuego que lo cubría por todos lados con una luz admirable. En cuanto a los alfaquíes y los morabitos, tan pronto como fueron informados, le suscitaron una furiosa persecución y pidieron obstinadamente que fuera arrestado y condenado a muerte. Hicieron tanto alboroto que el rey, temiendo una sedición general e incluso un atentado contra su persona real, porque se sabía que tenía un ejemplar de este escrito, lo abandonó a su furor.
Martirio y milagros póstumos
Es decapitado por los moros en 1300. Su muerte es seguida por plagas sobre Granada y milagros que confirman su santidad.
Se preparó con alegría para este sacrificio que tanto había deseado, y del cual debía ser la víctima. Habiéndole declarado su ángel de la guarda que sería masacrado a la mañana siguiente, pasó toda la noche en oración, ofreciéndose a Nuestro Señor por la salvación de los cristianos, sus hijos, y de los moros, sus perseguidores. Sintió, no obstante, temores y espantos, y sufrió una agonía semejante a la que Jesucristo padeció en el huerto de los Olivos; pero se calmó pronto mediante un perfecto abandono a las disposiciones de la divina Providencia. Su Salvador se le apareció entonces como atado a la cruz y, revestido de los esplendores de la eternidad, le dijo: «Pedro, yo he sido sensible como tú, y he padecido por todas partes horribles tormentos por tu amor»: lo cual difundió tal unción en su alma, que desde entonces no respiró más que el martirio. Los carceleros fueron testigos de esta claridad extraordinaria, que los hizo caer de espaldas, y de ello informaron a los cristianos. Por la mañana, el Santo celebró la misa con admirable fervor de espíritu; y, mientras estaba de rodillas al pie del altar, haciendo su acción de gracias, los moros le cortaron la cabeza, procurándole por este medio la gloria de una inmortalidad bienaventurada. Fue el 6 de enero de 1300, que era el septuagésimo tercer año de su edad. Quisieron quemar su santo cuerpo, sus hábitos, sus ornamentos sagrados, su cilicio, su disciplina y todo lo que le había servido, a fin de que no se les rindiera ningún culto religioso; pero un terror súbito los hizo huir, y dio lugar a que los cristianos se apoderaran de ellos y los transportaran a un lugar secreto. Revistieron el cuerpo con sus hábitos pontificales y lo enterraron en las grutas de una montaña, cerca de Mazzemore, con toda la pompa que su estado de servidumbre pudo permitirles. Dios no dejó este masacre impune; afligió pronto a la ciudad de Granada con el hambre, la peste y horribles terremotos. El rey vio a sus mujeres y a sus hijos atormentados por dolores secretos que les desgarraban las entrañas; él mismo murió miserablemente, confesando que era el santo Obispo de Jaén quien lo castigaba; y el príncipe, su hijo, perdió también la corona y la vida.
Culto y reliquias
Sus reliquias son transportadas a Baeza por una mula ciega. Su culto es oficialmente reconocido por Clemente X en 1673.
Se le representa: 1° encadenado, con una espada en el corazón; 2° hablando a un niño cuyo rostro resplandece; 3° degollado al pie del altar.
[ANEXO: CULTO Y RELIQUIAS.]
Ante el temor de que las reliquias del santo mártir fueran para ellos una fuente continua de desgracias, los moros de Granada las entregaron voluntariamente a los di putad Baeza Ciudad donde reposan las reliquias del santo. os de Jaén y de Baeza, quienes fueron a pedírselas. Mientras estos diputados las transportaban, surgió una disputa entre ellos sobre a cuál de las dos ciudades debían pertenecer. Para terminarla amistosamente, se convino que serían puestas sobre una mula ciega, a la cual se le daría la libertad de ir a donde quisiera, y que permanecerían en el lugar al que esta mula las llevara. La cosa se ejecutó, y la mula las llevó a Baeza.
Se han realizado grandes milagros por los méritos de este glorioso mártir, tanto durante su vida como después de su muerte. En 1484, los canónigos de Baeza ordenaron en su asamblea que se mantuviera día y noche una lámpara encendida ante su sepulcro. Ocho años después, Isabel, reina de Castilla, y el rey Fernando, su marido, hicieron construir una capilla en su honor. Clément X Papa que extendió el culto de san Gonzalo a toda la orden dominicana.
Finalmente, el papa Clemente X, mediante un breve del 28 de junio de 1673, concedió a toda la Orden de la Merced recitar el oficio como de un santo pontífice y mártir. El mismo Papa extendió este privilegio de recitar el oficio y celebrar la misa de este santo mártir a todo el clero, tanto secular como regular, de las diócesis de Valencia, Granada, Jaén y Toledo, y ordenó que su elogio fuera insertado en el martirologio romano el 23 de octubre y el 6 de diciembre.
Tenemos de él ocho libros llenos de piedad y erudición con los que enriqueció la república de las letras cristianas.
Baltiet y Godescard. — Véase su Vida escrita por diversos autores de su Orden.
Anexos y entidades vinculadas
Datos estructurados para la exploración: acontecimientos, milagros, citas, lugares, atributos, patronazgos y entidades importantes citadas en el texto.
Acontecimientos clave
- Estudios en la Universidad de París y doctorado a los 23 años
- Ingreso en la Orden de la Merced en 1251
- Preceptor del infante Don Sancho
- Nombramiento como obispo titular de Granada en 1262
- Legado del Papa Nicolás IV para predicar la cruzada en Francia y España
- Elección al obispado de Jaén en 1269
- Cautiverio en Granada y rescate de esclavos con su propio rescate
- Martirio por decapitación al pie del altar
Milagros
- Aparición de la Virgen María con una corona de gloria en París
- Visión de Jesucristo bajo la forma de un niño esclavo sirviéndole la misa en prisión
- Globo de fuego sobre su cabeza mientras escribía contra los errores del islam
- Mula ciega guiando sus reliquias hacia Baeza
Citas
-
Pedro, yo soy Jesucristo; considera mis manos y mi costado, allí encontrarás las marcas de mis llagas. Por lo demás, porque has permanecido prisionero para dar libertad a mis esclavos, tú mismo me has hecho tu prisionero.
Visión de Nuestro Señor en la prisión