San Fortunato de Poitiers

Obispo de Poitiers

Fallecimiento
VIe siècle (naturelle)
Categorías
obispo , poeta , escritor
Época
6.º siglo

Poeta de origen italiano que llegó a ser obispo de Poitiers en el siglo VI, Fortunato es el autor de una inmensa obra literaria que incluye himnos célebres como el Vexilla Regis. Cercano a santa Radegunda y a san Gregorio de Tours, marcó la literatura cristiana con sus vidas de santos y sus poesías líricas.

Lectura guiada

8 seccións de lectura

ESCRITOS DE SAN FORTUNATO.

Fuente 01 / 08

Recopilaciones poéticas e himnos litúrgicos

Presentación de la recopilación de poesías en once libros dedicada a Gregorio de Tours, que incluye los célebres himnos Pange lingua y Vexilla Regis.

La más considerable de las obras de F ortunato Fortunat Obispo de Poitiers y destacado poeta latino del siglo VI. es una *Recopilación de poesías sobre diversos temas*; está dividida en once libros y ded icada a san Gregorio, obispo de saint Grégoire, évêque de Tours Obispo e historiador que menciona el martirio de Antoliano. Tours. El primer libro comienza con un poema en honor a Vital, obispo de Rávena; le sigue el que Fortunato compuso con motivo de la iglesia que el mismo obispo había construido en la misma ciudad bajo la advocación de san Andrés, y donde había depositado reliquias de san Pedro y san Pablo, de san Sisinio, de san Alejandro, de santa Cecilia y de algunos otros mártires. Hay uno sobre la celda construida en el lugar donde san Martín había dado una parte de su manto a un pobre para cubrirlo; uno sobre la dedicación de la iglesia de San Vicente, donde un poseso del demonio fue liberado tan pronto como se llevaron a esta iglesia las reliquias del santo mártir. Los otros son, o bien descripciones de iglesias, lugares y ríos, o elogios de Leoncio, obispo de Burdeos.

Se ha incluido en el segundo libro el himno *Pange lingua* entre los poemas de Fortunato, aunque hay más razones para atribuirlo a Claudiano Mamerto; los otros seis primeros poemas de este libro son en honor a la cruz; el cuarto, el quinto y el sexto son acrósticos: el último está figurado en forma de cruz, y los tres han requerido mucho arte y atención. Fortunato dice claramente allí que adora la cruz en todo tiempo, que la considera la prenda segura de su santo y que la lleva consigo como su refugio en sus necesidades. Respecto al *Vexilla Regis*, nadie duda de que este himno sea suyo; las dos últimas es trofas no son Vexilla Regis Himno a la gloria de la Cruz compuesto por Fortunato. las mismas en Fortunato que en el oficio de la Iglesia; también hay algunos cambios en la segunda. La mayoría de los otros himnos o poemas del segundo libro son en alabanza de varios santos obispos, como san Saturnino de Toulouse, san Mauricio y sus compañeros, san Hilario de Poitiers, san Medardo de Noyon; los otros son sobre diversos temas. El décimo es un elogio del celo y la piedad del clero de París, y el undécimo una descripción de la Iglesia de esta ciudad. Fortunato la compara con el templo de Salomón, diciendo que lo superaba, en que los ornamentos de aquel templo no eran más que materiales, mientras que la Iglesia de París estaba teñida con la sangre de Jesucristo. El duodécimo es sobre un baptisterio que san Sidonio, obispo de Maguncia, había hecho construir; el poeta reconoce allí que Dios, por las aguas medicinales del bautismo, nos redime de la muerte del pecado que hemos contraído por nuestro origen. Fortunato hace, en el decimotercer poema, el elogio del mártir san Jorge. Al final del tercer libro de la edición de Luchi, reimpresa en el tomo LXXXVIII de la *Patrología latina*, se encuentra una pieza de versos de Fortunato en honor a san Marcial.

Vida 02 / 08

Correspondencia y descripciones geográficas

Análisis del tercer libro compuesto de cartas a los obispos, que mezcla consideraciones teológicas y descripciones de paisajes como el Mosela.

El tercer libro se compone de treinta y siete cartas, parte en verso, parte en prosa; casi todas están dirigidas a obispos con quienes mantenía una relación de amistad. En la novena, trata sobre el misticismo de la resurrección; de ahí se extrajo la primera estrofa del responsorio que se canta en las procesiones el día de Pascua, y que se repite allí a modo de estribillo; comienza con estas palabras: Salue festa dies. En la décima, destaca la laboriosidad de Félix de Nantes, quien supo allanar una montaña para cambiar el curso de un río y proporcionar así a los pueblos los medios para vivir, dándoles tierras que cultivar. En la undécima, habla de las fortalezas que Niceto, obispo de Tréveris, había construido a orillas del Mosela. En la decimocuarta, hace una descripción de la región de Metz y de los dos ríos que la riegan, el Mosela y el Seille; presenta a la ciudad de Metz como bien fortificada. La vigesimonove ville de Metz Ciudad donde el santo recibió su formación teológica. na es un elogio de san Ayrico, obispo de Verdún. También alaba, en la trigésima, su saber y su asiduidad en instruir a su pueblo. Se observa, por la trigesimosegunda, que el abad Paterno le había pedido corregir un libro que Fortunato había escrito de su propia mano, y en el cual se habían deslizado errores que él confiesa que le son bastante habituales. Se encontraba cerca de Nantes cuando escribió a Drucón, diácono de la Iglesia de París; esta carta es la trigesimosegunda. Las tres siguientes también están dirigidas a diáconos y no son más que cartas de amistad.

En el cuarto libro se encuentran veintiocho epitafios, de los cuales los diez primeros son para diversos obispos de Francia, y los otros para personas de diferentes condiciones. El vigesimoquinto es para la reina Teodequilda, esposa de Cariberto; se habla de ella en san Gregorio de Tours.

Misión 03 / 08

Celo pastoral y conversiones

Evocación de la conversión de los judíos en Clermont por el obispo Avito y de los complejos poemas acrósticos dedicados a la redención.

La primera carta del quinto libro está dirigida a Martín, obispo de Braga, en Galicia. Esta carta está en prosa; pero la segunda al mismo obispo está en verso. Fortunato marca allí los países donde los Apóstoles habían anunciado el Evangelio; habla en la misma ca rta del monasterio de monastère de Poitiers Ciudad donde se estableció la santa y donde vivió como reclusa. Poitiers y de la iglesia de San Cesáreo que allí estaba establecida. La tercera carta es a los habitantes de Tours, a quienes felicita por la elección que se había hecho de san Gregorio como su obispo. La quinta se refiere a la conversión de los judíos, realizada por el ministerio de Avito, obispo de Clermont; le sigue el elogio de este obispo, pero Fortunato reconoce allí que no se puede alabar a los ministros de Jesucristo en la conversión de los pueblos sin alabar al mismo Jesucristo, quien inspira la buena voluntad, quien da la perfección y sin quien no se hace nada bueno, puesto que es él quien llena de sus luces a los Profetas y a los predicadores, a fin de que engendren la fe en el corazón de quienes los escuchan. Habiéndose propuesto Fortunato componer un acróstico que tuviera tantas letras como años pasó Jesucristo en la tierra, y encerrar en este poema la historia de la creación del hombre, de su caída y de su redención, esto no le resultó fácil, pero lo logró. Lo envió a Siagrio, obispo de Autun, a quien escribió una carta en prosa para darle cuenta de su trabajo y de la manera de leer este acróstico. Las otras cartas no tienen nada de interesante; la mayoría están dirigidas a san Gregorio de Tours, para agradecerle los presentes que había recibido de él o para recomendarle personas que iban a Tours.

Contexto 04 / 08

Poesía cortesana y retratos reales

Fortunato traza los retratos de los soberanos merovingios, matizando a veces las críticas de Gregorio de Tours sobre reyes como Cariberto o Chilperico.

Los doce poemas del sexto libro son casi todos sobre materias profanas. El segundo es el epitalamio del rey Sigeberto y de Brunequilda. El cuarto es notable por las alabanzas que dedica al rey Cariberto; san Gregorio de Tours solo había publicado sus vicios, especialmente su incontinencia, que le valió la excomunión por parte de san Germán, obispo de París. Fortunato destaca sus virtudes, presentándolo como un príncipe sabio, moderado, equitativo, celoso de la justicia y de la observancia de las leyes, liberal, honesto, orador de su consejo, amante de las letras y que hablaba el latín con tanta facilidad como el francés. El sexto es un elogio de Berthechilda, de su modestia, de su prudencia y de su amor por los pobres. El séptimo se refiere al matrimonio de Galsuinda con Chilperico.

Lo más interesante del séptimo libro, compuesto por treinta y un poemas, es el paralelo que traza, en el duodécimo, entre los sabios y eruditos del paganismo y los verdaderos cristianos. A aquellos solo les quedó una vana reputación; estos gozarán de una felicidad eterna en el cielo y serán incluso honrados en la tierra, porque no hay salvación que esperar, ni honor sólido y permanente, sino haciéndose agradable a Dios mediante la virtud, quien es uno en tres personas. Se pueden destacar también sus dos dísticos sobre la brevedad de la vida. Todo pasa en un momento, por lo que debemos apegarnos a los bienes que nunca perecen; seamos equitativos con todos, cultivemos la paz, amemos a Jesucristo: busquemos delicias de las que podamos gozar eternamente.

En el primer poema del octavo libro, detalla el lugar de su nacimiento y sus diferentes moradas, hasta el tiempo en que se unió al servicio de santa Radegunda, cuya vida describe tal como la llevaba en el mo nasterio de Poit sainte Radegonde Reina de los francos que se convirtió en monja en Poitiers, protectora de Fortunato. iers. Habla, en el segundo, de la pena que sentía al dejar a esta Santa para ir a visitar a san Germán de París. El tercero es un himno sobre la natividad de Nuestro Señor. El cuarto y el quinto son en alabanza de Jesucristo, de su santa Madre, a quien llama Madre de Dios, y en honor de la virginidad, que sola fue digna de dar a luz al Todopoderoso, y que es tan excelente en sí misma que faltan expresiones para expresar todo su mérito. Fortunato hace allí una descripción admirable de la asamblea de los Santos en el cielo, donde da el primer lugar a la santísima Virgen, luego a los Patriarcas, a los Profetas, a los Apóstoles, a los Mártires y a las vírgenes. Dice, en el sexto poema, que las recompensas prometidas a las vírgenes ocupan el primer rango después de las debidas a los Apóstoles, a los Profetas y a los Mártires. Los seis siguientes son en alabanza de santa Radegunda, y los doce últimos en honor de san Gregorio de Tours. Se ve, por el noveno, que la Santa empleaba las primicias de las flores de la primavera para adornar los altares; por el undécimo, que se encerraba durante un mes cada año antes de la fiesta de Pascua para prepararse. Entre los poemas dirigidos a san Gregorio, hay una carta mediante la cual Fortunato le recomienda la causa de un sacerdote que necesitaba su protección.

El elogio que hace de Chilperico en el noveno libro es tan general que no basta para destruir las malas impresiones que los historiadores de la época han dado Chilpéric Rey de los francos elogiado por Fortunato. de este príncipe, y hay que decir lo mismo del que hace de la reina Fredegunda, su esposa. Fortunato escribió los epitafios de los dos hijos de Chilperico, Dagoberto y Clodoberto. Los poemas sexto y séptimo son una respuesta a la carta que san Gregorio de Tours le había escrito en verso. El noveno es un elogio de Sidonio, obispo de Maguncia. En el decimosexto, hace el del general Chrodin.

Vida 05 / 08

El apego a santa Radegunda

Descripción de la vida de santa Radegunda en el monasterio de Poitiers y de la relación espiritual y amistosa que unía al poeta con la santa y con la abadesa Inés.

El décimo libro comienza con la explicación de la Oración dominical; el estilo es mucho más claro, fluido y natural que el de los otros escritos en prosa de Fortunato, lo que da lugar a creer que es uno de los discursos a su pueblo, donde solo buscaba instruirlo. La explicación de la última petición quedó inacabada. Siguen tres cartas en prosa a un señor de la corte, llamado Numaleno, dos de las cuales son para consolarlo por la muerte de su hija; luego otra a la Iglesia de Tours, que san Gregorio acababa de restablecer; después el relato de varios milagros realizados por san Martín; dos poemas en alabanza del rey Childeberto y de la reina Brunilda; la descripción de un viaje que Fortunato había hecho por el Mosela desde Metz hasta Andernach, en el obispado de Colonia; un poema en honor a una iglesia donde se veneraba particularmente al arcángel san Gabriel, y donde había reliquias de san Jorge, de san Cosme y de san Damián, y de algunos otros mártires; uno en alabanza de Armentaria, madre de san Gregorio, a quien compara con la madre de los Macabeos, ya sea por su virtud o por el número de sus hijos; uno al conde Sigoaldo, donde elogia la limosna, porque este señor estaba encargado de distribuirla de parte del rey Childeberto. También se ve allí que Sigoaldo había hecho una peregrinación a la tumba de san Martín por la salud de este príncipe. Los otros poemas son sobre diversas materias.

El undécimo libro contiene veinticinco pequeños poemas que son o agradecimientos a santa Radegunda o a la abadesa de su monasterio, por regalos que Fortunato había recibido de ellas, o cumplidos por el día de su nacimiento. Señala, en el cuarto, que se había unido a Inés para convencer a la Santa de beber un poco de vino en sus enfermedades, y que la había presionado sobre este tema, por la consideración del consejo que san Pablo había dado a Timoteo en un caso similar. Les dirigió otros dos poemas, donde hace la descripción de dos de sus viajes. Todos estos poemas están precedidos por la explicación del Símbolo, que tiene el mismo estilo que la de la Oración dominical.

Fuente 06 / 08

Vidas de santos y poemas históricos

Redacción de la Vida de san Martín en verso y de un poema sobre la caída de Turingia, así como elogios al emperador Justino.

San Germán gobernaba aún la Iglesia de París cuando Fortunato compuso sus cuatro libros de la Vida d e san Martín. Están Vie de saint Martin Poema hagiográfico en cuatro libros. escritos en verso, a excepción de la epístola dedicatoria, que está en prosa; esta va dirigida a san Gregorio de Tours, a quien rinde cuentas de su trabajo. Estos cuatro libros solo le costaron dos meses de labor; por ello, él mismo admite que no poseen toda la exactitud que podría haberles dado si hubiera dedicado más tiempo a pulir sus versos.

También compuso un poema sobre la Destrucción de Turingia. En él hace hablar a santa Radegunda, sobrina de Hermanfroy, y la representa llorando la pérdida de un Estado que la vio nacer y la de todos sus parientes más cercanos, envueltos en la ruina de su país.

El siguiente poema es una alabanza al emperador Justino el Joven y a su esposa, la emperatriz Sofía. Fortunato alaba a este príncipe por la pureza de su fe, por su apego a los decretos del Concilio de Calcedonia y por la restitución de los obispos exiliados por haber defendido la verdad. Sigue un poema a Artachis, primo hermano de santa Radegunda, sobre la muerte de Hermanfroy, su tío y padre de Artachis.

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Atribuciones y críticas textuales

Inventario de las vidas de santos atribuidas a Fortunato, incluyendo a san Germán de París y san Albino, con un análisis crítico de la autenticidad de ciertos textos.

Estos son todos los escritos de Fortunato recopilados por Brouère e impresos en el décimo tomo de la Biblioteca de los antiguos Padres. Se ha omitido un epigrama en alabanza del rey Childeberto II, publicado en 1675 por Dom Mabillon a partir de un manuscrito de la abadía de Saint-Vannes de Verdún; consta de catorce versos elegíacos que no son más que juegos de palabras. Fortunato se nombra a sí mismo en él y recomienda a este príncipe a un tal Audulfo. Este epigrama se encuentra en el tomo LXXXVIII de la Patrología latina.

Entre las vidas de los santos que compuso, conocemos la de san G saint Germain, évêque de Paris Obispo de París cuya vida fue escrita por Fortunato. ermán, obispo de París, impresa en Surius, en los Bollandistas y en el primer tomo de los Actas de la Orden de San Benito; la de san Albino, obispo de Angers, que también se encuentra en los mismos autores; y la de san Paterno, obispo de Avranches. La Vida de santa Radegunda está dividida en dos libros en el primer tomo de las Actas benedictinas: solo el primero es de Fortunato. El padre Labbe hizo imprimir, en el segundo tomo de su Biblioteca de Manuscritos, una vida de san Amando, obispo de Rodez. Surius ya había dado una parte de ella el cuarto día de noviembre bajo el nombre de Fortunato: es bastante de su estilo. También se atribuye a Fortunato un resumen de la vida de san Remigio, que se lee en Surius el 1 de octubre, y la vida de san Medardo, obispo de Noyon. La Vida de san Maurilio, obispo de Angers, no es de Fortunato, como creyó Tritemio, sino de Painon, obispo de Angers, a principios del siglo X. No hay nada seguro sobre el autor de la vida de san Marcelo, obispo de París; algunos la atribuyen a Fortunato de Poitiers, otros a un obispo del mismo nombre cuya sede episcopal se desconoce. Con respecto a las Actas de san Dionisio, obispo de París, de las cuales el Sr. Bosquet hace autor a Fortunato de Poitiers, parecen haber sido escritas a finales del siglo VIII o principios del siguiente. No se ve sobre qué fundamento se ha atribuido a Fortunato la vida de san Lubino, obispo de Chartres: no es en absoluto de su estilo.

Además de la vida de san Severino, que san Gregorio de Tours atribuye a Fortunato, hemos perdido los himnos que compuso para todas las fiestas del año. Pablo el Diácono y Sigeberto los mencionan, y por la forma en que hablan de ellos, se ve que estos himnos eran numerosos; Tritemio contaba hasta setenta y siete. Platina lo hace autor de un tratado titulado: El arte de reinar, dirigido al rey Sigeberto; no tenemos nada sobre este tema en los escritos que nos quedan de Fortunato. El Spicilegium de Dom d'Achéry cita uno bajo el título de *Medietas Fortunati*; pero no es más que una recopilación de sus poemas a la que se le ha dado este título.

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Análisis estilístico y ediciones modernas

Evaluación del talento poético de Fortunato, caracterizado por su facilidad y originalidad a pesar de las libertades tomadas con la prosodia latina.

Fortunato era uno de esos gigantes afortunados a quienes les cuesta poco decir cosas bellas; además de esta facilidad sorprendente que reina en sus versos, se encuentra en ellos una sencillez fácil que no tensa el espíritu, y sobre todo una gran dulzura. Siempre muestra algo nuevo, raramente es copista; no se copia a sí mismo; es casi siempre original. No se deja de distinguir fácilmente los versos que hacía al instante, sin esfuerzo y sin meditación, de aquellos a los que dedicaba más estudio; estos últimos son más floridos y llenos de mayor encanto, mientras que en los primeros hay cierta oscuridad y menos armonía. La descripción que hace de su viaje por agua de Metz a Andernach muestra que su verdadero talento era escribir en este género. Se le reprochan con razón varias faltas contra la prosodia y contra la pureza de la lengua latina; a menudo hace breve una sílaba que es larga por naturaleza, de un verbo pasivo hace uno activo; de un singular hace un plural; desfigura las palabras, les quita o les añade, según la necesidad de la medida de sus versos. Los editores han puesto a continuación de sus poemas un gran número de ejemplos de este tipo de licencias poéticas. Sus escritos en prosa, tales como sus prefacios y sus cartas, son de un estilo duro y embarazado; es mucho más claro y dulce en sus obras dogmáticas: era el genio de su siglo, embrollar cuando se quería escribir con elocuencia.

La mejor edición de los escritos de san Fortunato es la que dio Mich.-Ang. Luchi, beneficiario de la Congregación de Montecasino, Roma, 1786-87, en dos partes, en cuarto, con prefacio y prolegómenos. Está reproducida en el tomo LXXXVIII de la Patrología latina. Un Apéndice nos da versos desconocidos para los primeros editores. Contiene versos dirigidos a Radegunda y a Inés; fueron encontrados en un manuscrito de la Biblioteca Real por el Sr. Guérard, y publicados por él en el tomo XII de las Notices sur les Manuscrits. Los poemas de Fortunato fueron editados en Cambrai en la colección Poetæ ecclesiastici, por el Sr. Hurez, en 12°, 1822. Cuatro de sus himnos han sido traducidos al francés en los Poètes chrétiens, por el Sr. Félix Clément.

Vie des Saints de Poitiers, por el abad Aubér; Histoire des Auteurs sacrés et ecclésiastiques, por Dom Cellier.

Fuente oficial Les Petits Bollandistes, por Mons. Paul GUÉRIN, camarero de Su Santidad Pío IX.

Anexos y entidades vinculadas

Datos estructurados para la exploración: acontecimientos, milagros, citas, lugares, atributos, patronazgos y entidades importantes citadas en el texto.

Acontecimientos clave

  1. Viaje de Italia a la Galia
  2. Dedicación al servicio de santa Radegunda en Poitiers
  3. Redacción de numerosas colecciones de poesías y vidas de santos
  4. Elección como obispo de Poitiers
  5. Composición de los himnos Vexilla Regis y Pange Lingua

Citas

  • Vexilla Regis prodeunt Himno a la Cruz
  • Salve festa dies Poema sobre la Resurrección

Entidades importantes

Clasificadas por pertinencia en el texto