4 de enero 13.º siglo

Beata Ángela de Foligno

Viuda

Fiesta
4 de enero
Fallecimiento
4 janvier 1309 (naturelle)
Categorías
viuda , mística , terciaria
Época
13.º siglo

Mujer mundana convertida tras la pérdida de su familia, Ángela de Foligno se convirtió en una mística franciscana importante del siglo XIII. Es famosa por sus visiones de la Pasión y sus rudos combates contra las tentaciones demoníacas. Sus escritos, dictados a su confesor, constituyen una cumbre de la literatura espiritual sobre la unión con Dios a través de la cruz.

Lectura guiada

8 seccións de lectura

LA BEATA ÁNGELA DE FOLIGNO, VIUDA

Vida 01 / 08

Orígenes y vida mundana

Nativa de Foligno, Ángela lleva primero una vida mundana y sensual, alejada de los preceptos evangélicos, antes de iniciar un proceso de conversión.

Tenemos, en la persona de esta humilde sierva de Jesucristo, un modelo de perfección tan hermoso para las mujeres, y especialmente para las viudas, que resulta sorprendente que no se haya hecho más común la historia de su vida. Sabemos que contiene cosas un tanto singulares y que no todas son imitables; pero esa no es razón suficiente para ocultar enteramente la obra de Dios y privar al público de un bien que parece pertenecerle; se descubrirá, además, en la conducta de esta devota sierva del Salvador, una infinidad de raros ejemplos de paciencia, caridad, humildad y varias otras virtudes que edificarán mucho a los fieles.

Las personas del sexo femenino, comprometidas en los apuros de una numerosa familia, se complacerán en saber que esta piadosa mujer estaba, como ellas, obligada a responder todos los días a mil eventos diferentes que ocurren en la vida; y aquellas que, en medio de tantos trabajos, llegan a verse privadas del auxilio de un esposo, en quien se descansa de todo, estarán muy complacidas de ver la prudente conducta de una viuda que, permaneciendo en el mundo, cargada con el cuidado de varios hijos, supo sin embargo encontrar el medio, no solo de obedecer fielmente a los preceptos evangélicos, sino también de tender a la perfección de los consejos.

La bienaventurada Ángela era nativa de Foligno, ciudad de Italia, alejada tre s o cua Foligno Ciudad donde san Florencio terminó sus días. tro leguas de Asís, en la delegación de Perugia, en ita liano Assise Lugar de la detención de San Sabino. *Perugia* (Estados de la Iglesi Pérouse Ciudad donde el santo estudió derecho y comenzó su carrera antes de ingresar en el convento. a). Sabemos poco de los años que precedieron al tiempo de su conversión; por otra parte, ¿no debemos contar como nada los días que uno no emplea al servicio de Dios y al asunto de su salvación? Podemos, no obstante, conjeturar, a partir de varios pasajes de sus escritos, que siendo joven, llevó una vida poco conforme a las reglas del Evangelio, y da lugar a creer que era muy mundana, que no negaba nada a sus sentidos, amando el brillo, el placer, las modas nuevas y todo lo que puede contribuir a mantener una vida dulce y sensual; pues, vuelta de sus extravíos, pide muy a menudo perdón a Dios por todos sus desórdenes, de los cuales ella misma hace un detalle particular.

Conversión 02 / 08

Conversión y primeros pasos espirituales

Casada y madre de familia, es tocada por la gracia e inicia un camino de penitencia marcado por la confesión de sus faltas y el temor al juicio.

Abrazó el estado matrimonial, en el cual tuvo un gran número de hijos; sintió entonces, más vivamente que nunca, el peso de la laboriosa condición en la que se encontraba; fue, sin embargo, en medio de los afanes de su hogar, que Dios, por una misericordia singular, la tocó y le dio los primeros sentimientos de una perfecta conversión: le descubrió los peligros en los que estaba, en el estado de indiferencia en el que se hallaba respecto a su salvación; conoció la fealdad del pecado y, reflexionando sobre los desórdenes de su vida pasada, quedó tan conmovida que comenzó a llorarlos muy amargamente. Ella relata, en su vida, que Dios la condujo por varios grados diferentes, que ella llama pasos espirituales, para introducirla en el camino de la penitencia; hablando del primer paso, o del primer grado, esto es lo que dice: «Comencé a hacer serias consideraciones sobre mi mala conducta, y Dios me hizo la gracia de darme un claro conocimiento de mis pecados, lo cual me arrojó en una gran aprensión de la condenación eterna». Proyectó, entonces, buscar los medios para entrar en los ejercicios de una seria penitencia; se encontró, no obstante, presa de una confusión tan grande a la vista de sus pecados, que, detenida al principio por un pudor natural que solo superó más tarde, confesó que se acercó varias veces a la santa Mesa sin atreverse a declarar enteramente lo que había hecho. Tenía grandes remordimientos de conciencia por actuar de tal modo; finalmente, Dios le hizo superar sus debilidades y sus temores, bastante ordinarios en las personas de su sexo. Hizo un voto al cielo para encontrar un confesor iluminado y tomó la resolución de superar todas sus vergüenzas y aprensiones mediante una confesión general y sincera, incluso de las menores circunstancias de sus faltas. Habiendo encontrado un director sabio y prudente, tal como lo había pedido, le hizo una confesión entera y perfecta, y sin embargo no experimentó nada de esos sentimientos particulares de amor que recibió después; sino que solo sintió un gran dolor y una extrema confusión por haber ofendido a la Majestad divina.

Esta disposición duró bastante tiempo, y mientras continuó, se contentó con ejercitarse en las prácticas de la mortificación y con cumplir fielmente la penitencia saludable que le había sido impuesta por su confesor para satisfacer sus pecados; soportaba con paciencia (puesto que Dios lo quería así) verse privada de toda consolación sensible; es de esta manera que comenzó a sostener las pruebas de la vida que se llama purgativa, por la cual hay que resolverse a pasar si uno quiere hacerse digno en adelante de los otros favores del cielo.

Teología 03 / 08

Progresión en la penitencia

Ella profundiza su contrición mediante mortificaciones extraordinarias y una devoción intensa a la Pasión de Cristo, lo que culmina en un voto de castidad.

Ángela, habiendo sido fiel a estos primeros pasos de la penitencia, no tardó mucho en recibir nuevas gracias; pues percibió un rayo de luz gracias al cual reconoció la misericordia infinita que Dios había ejercido hacia ella, presentándole los medios para salir de los abismos del infierno, retirándola de los desórdenes del pecado en los que estaba sumergida, para favorecerla con la gracia de la penitencia; esto la hizo entrar en sentimientos de una gratitud tan viva, que lloró de nuevo sus pecados más amargamente de lo que lo había hecho hasta entonces; se esforzaba todos los días en inventar prácticas de una mortificación tan extraordinaria y tan poco imitable, que no creyó deber darlas a conocer a los hombres, para no dar lugar a otros a ejercer sobre sí mismos rigores que ella juzgaba apropiados solo para ella.

A medida que avanzaba en los caminos penosos de la cruz, recibía nuevas fuerzas del cielo, que la sostenían en los trabajos por los que la divina Sabiduría la hacía pasar. Tuvo, en aquel tiempo, una fuerte impresión que le hizo comprender que, al ofender a Dios, el creador de todas las cosas, también había ofendido a todas las criaturas; esta visión le hizo lanzar nuevos suspiros hacia el cielo y aumentó el conocimiento que tenía de las desgraciadas consecuencias del pecado. Se creía tan deudora a la justicia divina que, para tener una poderosa protección ante su juez, se dirigió a la santísima Virgen y a otros varios Santos en quienes tenía mayor confianza, para obtener por su intercesión un entero perdón de todas sus faltas. Apostrofaba a todas las criaturas e incluso a aquellas que eran inanimadas, de las cuales decía que había hecho un muy mal uso, y las conjuraba a perdonarla, y a querer bien perdonarla en el juicio de Dios.

Sus sentimientos, que provenían de un corazón verdaderamente contrito y humillado, le atrajeron y merecieron varias gracias extraordinarias; pues confiesa que recibió como una respuesta interior que le hizo entender que era favorablemente escuchada, y que se le haría misericordia puesto que lo pedía con tantas lágrimas y perseverancia. Recibió aún otra gracia después de haberla pedido largamente: fue la de poder contemplar asiduamente a Nuestro Señor Jesucristo, muerto en la cruz por nuestro amor; declara, sin embargo, que las consideraciones que hizo al principio sobre este perfecto modelo, estaban acompañadas de grandes arideces; pero, no cansándose por ello de mantener los ojos fijos en el Salvador, profundizó tan bien en la hondura de sus llagas sagradas, que mereció descubrir en ellas grandes maravillas. Conoció cómo la malicia de los hombres, en general, había hecho morir a Jesucristo en el Calvario, y cómo ella misma había contribuido en particular a ponerlo en el estado deplorable en que lo contemplaba; se formó entonces un brasero de amor tan grande y sentimientos de compunción tan profundos en su corazón, que estando un día al pie de un crucifijo, resolvió despojarse enteramente de todo lo que pudiera serle un obstáculo en el camino de la perfección; hizo al mismo tiempo una perfecta ofrenda a Dios de todo su ser, y pronunció el voto de guardar inviolablemente la castidad el resto de sus días. En las serias reflexiones que no cesaba de hacer sobre los desórdenes de su juventud, acusaba y condenaba a menudo todos sus sentidos uno tras otro, por haberle servido de instrumento para ofender a su Dios.

Como sus mayores deseos terminaban entonces en pedir la ciencia de la cruz, y en no tener otro refugio, en sus penas, que en el Calvario, fue instruida por el cielo de lo que tenía que hacer. He aquí cómo se explica: «Dios me hizo conocer que, si quería seguir el camino de la cruz, debía desprenderme de todas las criaturas y descargarme de todos los cuidados de la tierra, para ser más libre en esta noble empresa; conocí, además, que debía perdonar sin ninguna excepción a todos los que me habían ofendido, y que me era muy ventajoso estar privada de la compañía de todos los hombres, estar alejada de mis amigos y de mis parientes, dejar todos mis bienes y morir enteramente a mí misma, para estar en estado de consagrarme totalmente a Dios».

Vida 04 / 08

Liberación de los vínculos terrenales

Tras la pérdida sucesiva de su madre, su esposo y sus hijos, se consagra totalmente a Dios y se une a la Tercera Orden de San Francisco.

«Comencé, para este fin, a despreciar las ricas telas y las modas seculares; dejé los peinados mundanos y afectados; me privé de las viandas delicadas, y confieso sin embargo que no respondía sin esfuerzo a los movimientos de la gracia, que me llevaban a hacer todo esto, pero sin ningún gusto: pues no experimentaba entonces las agradables impresiones del amor sagrado, que hacen dulces y fáciles las cosas más amargas y difíciles, y me encontraba aún comprometida en la necesidad de complacer a un marido que mi estado me obligaba a considerar; pero sucedió por las órdenes de la divina Providencia que conduce todo según su sabiduría eterna, que mi madre fue retirada de este mundo, y debo confesar que, aunque no me faltaba ternura por su persona, ni reconocimiento por lo que le debía, no dejaba de notar que ella era para mí de alguna manera un obstáculo en los caminos de la perfección a los que me veía llamada.

«Poco tiempo después, plugo también a la divina Providencia retirar de sobre la tierra a mi esposo y a todos mis hijos. La privación de tantas personas, que me eran por otra parte muy queridas, no me fue sin embargo muy sensible, tanto más cuanto que estaba un poco preparada por el deseo que había concebido de verme liberada de todos los vínculos de la naturaleza, y por las oraciones que había hecho para obtener de Dios esta gracia. Desde ese tiempo, noté que mi corazón estaba de acuerdo con los designios de mi Dios sobre mí, y que ya no tenía otra voluntad que la de volverme perfectamente conforme a la suya».

La bienaventurada Ángela, viéndose así enteramente libre, por parte del siglo, y recordando lo que dice san Pablo, que la que es verdaderamente viuda debe esperar en Dios y perseverar día y noche en saint Paul Apóstol al que san Rufo se unió para sus misiones. la oración, no pensó más que en complacer a su Esposo celestial, en quien ponía toda su confianza; le pedía, por continuas y fervientes oraciones, que le pluguiera descubrirle lo que deseaba de ella para que pudiera testimoniarle un amor más perfecto; asegura que fue escuchada, y que Jesús crucificado le hizo conocer a menudo todo lo que había sufrido por su salvación, y le enseñó que solo imitando fielmente los rasgos de su Pasión, podría serle más perfectamente semejante. La gracia que recibió en sus nuevas impresiones, tocante a la Pasión del Salvador, fue tan considerable, y entró en sentimientos de una compasión tan verdadera por Jesús sufriente, que vertía lágrimas muy amargas, y tan ardientes que le resecaban la piel del rostro, y la obligaban a servirse de un poco de agua fría para moderar este exceso de dolor.

La gracia, que nunca permanece ociosa en un corazón del que ha tomado posesión una vez, le inspiró entonces buscar los medios de salir enteramente del mundo, para ir a practicar, en algún lugar solitario, la pobreza evangélica; fue vivamente combatida en este designio, porque era aún joven y temía los encuentros peligrosos; pero un nuevo socorro del cielo le hizo superar estas dificultades, y tomó el partido de sufrir, si fuera necesario, el hambre, la sed, el frío, el calor, la confusión y todas las mayores incomodidades de la vida, y la muerte misma, para llegar a la felicidad de verse pobre y de dar por ello, a Jesucristo, su maestro, testimonios evidentes de su perfecto desapego: se cree que fue más o menos en este tiempo que, no pudiendo dejar a sus parientes ni a su patria, como lo había deseado tantas veces, abrazó la regla de la Tercera Orden de San Francisco de Asís, para estar en estado de practicar más perfectamente la humildad y la pobreza, de las cuales se hace una profesión especial en esta Orden.

other 05 / 08

Pruebas y combates espirituales

Ángela sufre rudos asaltos demoníacos y tentaciones contra la pureza, viviendo una 'noche oscura' física y espiritual durante dos años.

Las llamas del amor divino, creciendo así cada vez más en su corazón, le hicieron concebir un gran deseo del martirio. «Deseaba», decía esta generosa amante, «que se pudiera encontrar a alguien que me privara de la vida, con tal de que fuera por odio a la fe, y para dar a mi Dios un testimonio evidente del amor con el que siento que mi corazón está abrasado por Él». Añade, sin embargo, que como se creía indigna de la gracia del martirio, habría deseado sufrir todos sus dolores sin recibir la gloria; declara que no podía entonces imaginarse un género de suplicio, por vil que fuera, del que no se creyera digna de alguna muerte aún más vergonzosa; lo que le hacía decir, en un sentimiento de confianza en la misericordia divina y de desprecio por sí misma: «Señor, aunque fuera verdad que me hubierais condenado a las llamas eternas por mis pecados, no dejaría por ello de hacer penitencia y de reducirme a la mayor pobreza que pudiera; y, pase lo que pase, nunca dejaré de permanecer a vuestro servicio».

Aunque esta santa viuda recibía día a día nuevas luces, su corazón estaba siempre en el sufrimiento, hasta que, pidiendo una vez a Dios que le concediera algún favor para servirle con mayor libertad, fue escuchada. Un día que recitaba con gran fervor la Oración dominical, por la cual tenía una singular devoción, conoció tan claramente el exceso de las bondades divinas por una parte, y el abismo de sus propias indig Oraison dominicale Oración central en la experiencia mística de Ángela. nidades por la otra, que confiesa no tener expresión para dar a conocer lo que le fue inspirado sobre este tema. «Se me explicaba», dice, «en el fondo de mi corazón, todas las palabras del Padre Nuestro, con tanta claridad, y pronunciaba todas las palabras con tanta contrición y recogimiento interior, que, aunque estuviera sumergida en un gran dolor por el recuerdo de mis pecados, sentía sin embargo, por otra parte, una gran consolación, y saboreaba algo de esas dulzuras celestiales de las que Dios hace partícipes a veces a sus favoritos; y nunca he encontrado mejor medio», continúa, «para conocer bien las misericordias y las bondades de Dios sobre los hombres, que recitar esta Oración, de la cual Jesucristo mismo es el autor». Los falsos espirituales pueden aquí reconocer su error, cuando dicen, bajo pretexto de elevación, que se puede y se debe incluso dejar todas las oraciones vocales para escuchar la voz de Dios en un mayor silencio.

Nuestra bienaventurada discípula de la Cruz, caminando por vías tan sólidas, hizo grandes progresos en la virtud; fue favorecida con un don de oración extraordinario; sentía en él tanto atractivo, que olvidaba fácilmente el comer y el beber, y habría incluso caído en grandes ilusiones al respecto, si una luz especial del cielo no la hubiera socorrido; pues se sintió varias veces tentada de no pensar en absoluto en sus necesidades corporales, o de no tomar más que un alimento muy ligero, bajo pretexto de vacar más tiempo y más puramente a los ejercicios de la contemplación, pero reconoció que era una verdadera tentación del espíritu maligno; se ejercitó pues, pero con discreción y después de haber tomado consejo, en una infinidad de otras rudas penitencias exteriores, sin que su salud se viera alterada en absoluto, y contaba incluso como nada lo que habría sido insoportable para muchos otros.

Decía que los bienes temporales, como las riquezas y los honores, no eran más que como las migajas más pequeñas de pan que caían de la mesa de Dios; pero que las cruces eran los platos delicados de esta mesa sagrada, y que por eso se daban a los favoritos; aseguraba que aquellos que sufrían mucho estaban sentados a esa mesa, junto al adorable Jesús, que comían del mismo plato y eran nutridos de los mismos manjares: estando persuadida de estas verdades, emprendió una vez una peregrinación de cuarenta leguas para obtener el gran don de la cruz en la pobreza.

El fuego del amor sagrado tomó también tal incremento en su corazón que, cuando oía hablar de Dios, entraba en estremecimientos de una alegría celestial tan violentos, y de los cuales era tan poco dueña, que, aunque le hubiera costado la vida, no habría podido evitar mostrarlos al exterior; a la vista de los cuadros que le representaban algo de la Pasión del Salvador, entraba súbitamente en redoblamientos de amor tan vehementes, causados por una agitación interior que no parecía natural, que caía inmediatamente en languidez; «de donde viene que su compañera ordinaria, queriendo evitar que sintiera demasiado frecuentemente estos excesos de amor o de alegría interior, cuyos efectos se producían a menudo demasiado al exterior, estaba obligada a velar prudentemente, en ciertas ocasiones, las imágenes que representaban algunos rasgos de la muerte y de la pasión del Salvador».

Estas grandes comunicaciones que recibió del cielo no fueron más que como preparaciones para los rudos asaltos que debía sostener después por parte del infierno; pues Dios, que quería formar en la persona de Ángela un modelo de fuerza y de coraje, que todas las personas de su sexo podrían imitar en las vías austeras de la vida sobrenatural, dio permiso a las potencias de las tinieblas para probar, como sobre otro Job, la virtud de su sierva. He aquí cómo habla ella de esta nueva disposición: «Por miedo», dice, «a que el número y la grandeza de las revelaciones y de las visiones no hinchen mi corazón, y que las delicias de las que estoy llena no me sugieran vanas complacencias, Dios permite que sea tentada y afligida de una infinidad de maneras. Estoy entregada a la malicia de varios demonios, que me hacen sufrir tormentos sin número en todas las partes de mi cuerpo, y no creo que sea posible dar el detalle por escrito; nunca estoy sin sentir dolor; sufro un estado de languidez perpetua; siento tan grandes debilidades que estoy obligada a permanecer casi siempre extendida sobre un lecho; estoy abrumada de una lasitud universal; no hay miembro en mí que no tenga su tormento y su llaga particular; estoy siempre enferma y dependiente de todo el mundo; además, aunque estoy obligada a permanecer acostada, sufro extraordinariamente por mantener esta postura difícil de cambiar, no pudiendo casi darme ningún movimiento; no sabría tomar el alimento que me es necesario, y además de todos los males corporales, siento aún otros en el fondo de mi alma que son mucho más insoportables».

En efecto, da a conocer que todas sus pasiones se rebelaron contra ella misma, que sintió los ataques de varios vicios que había superado, y de varios otros que nunca había conocido; que fue tentada sobre toda clase de objetos; que la carne se rebeló contra el espíritu, que los sentidos parecían superar a la razón, y que la razón se negaba a someterse a las leyes de la gracia; se imaginaba no haber conocido nunca la virtud; nada le causaba más pena que creerse privada de la inclinación que había tenido antiguamente, decía, por el bien; el solo pensamiento de creerse alejada de su Dios, y de sentir entonces repugnancias por los ejercicios de la piedad, le causaba un dolor tan sensible que vertía torrentes de lágrimas muy amargas, sin que pudiera recibir ninguna consolación de nadie; se imaginaba haber cometido crímenes de los que no recibiría el perdón; vio nacer en ella nubes tan espesas, que no podía distinguir la verdadera virtud de aquella que no tenía más que la apariencia; quería ponerse por encima de todos los ataques que los demonios le libraban, y vencer los vicios que se representaban a su espíritu, y sentía sin embargo una debilidad que parecía desmentir su gran coraje.

Pero lo que le causó el más rudo de todos sus tormentos, fueron los frecuentes y diferentes asaltos que tuvo que soportar por parte de los demonios contra la pureza, la más querida de sus virtudes; nos eximiremos de informar aquí el detalle, que se podrá ver en su vida que ella dictó a su confesor: asegura que los combates que tuvo que sostener le han sido tan insoportables, que habría preferido sufrir todas las enfermedades y todos los géneros de males que pueden ocurrir a un cuerpo humano, y aceptar los más rudos martirios, que verse expuesta a semejantes tentaciones. Plugo sin embargo a la divina Sabiduría dejar, durante el espacio de dos años, a esta fiel amante de la cruz en estas rudas pruebas, y la fidelidad con la que siempre se comportó, unida a los medios completamente singulares de los que usaba para superar ataques tan continuos y peligrosos, da pruebas muy evidentes de la inocencia y del amor de la pureza que la bienaventurada Ángela poseía.

Dios le hacía muy a menudo conocer que imaginaciones tan inmundas y representaciones tan terribles no le eran sugeridas más que por parte de los demonios; pero ella permanecía otras veces en tan grandes perplejidades y en dudas tan penosas sobre su salvación, que no sabía a qué resolverse; estando sin embargo un poco vuelta a la calma, comprendía que, por muy fastidiosas y dolorosas que pudieran ser sus pruebas, no eran más que efectos de la sabiduría y de la bondad de Dios, que hace pasar por estas vías extraordinariamente penosas a las almas incluso más inocentes, para purificarlas, como el oro, en el crisol de la tribulación. «Cuanto más un alma», dice, «es afligida, aniquilada y humillada de esta manera, más es purificada, elevada y capaz de las nobles comunicaciones divinas, y el grado de las humillaciones hace siempre el grado de las elevaciones». Se puede ver, en el capítulo 50 de su Vida, con qué luz, qué sabiduría y qué experiencia describe la utilidad de estos grandes combates espirituales.

Milagro 06 / 08

Iluminaciones y caridad activa

Favorecida con visiones místicas sobre la Trinidad, concilia esta vida interior con un servicio heroico a los leprosos y a los pobres en los hospitales.

Lo que le sucedió a la bienaventurada Ángela, después de tan rudas tentaciones, es una prueba evidente de lo que ella enseña en sus escritos; pues fue favorecida más tarde con una infinidad de luces que disiparon en muy poco tiempo todos sus escrúpulos, todas sus dudas y todas sus penosas representaciones, y su corazón fue colmado de tan dulces consuelos que pronto perdió el recuerdo de las amarguras y angustias en las que se había visto reducida tan a menudo.

En efecto, al salir del Calvario, fue introducida en las bodegas del Esposo; y se le hizo gustar lo que tenía de más delicioso. Recibió conocimientos admirables sobre el misterio de la Santísima Tri nidad y sobre sainte Trinité Concepto central simbolizado por las tres ventanas de la torre. los principales atributos de Dios, como sobre la bondad, la sabiduría, el poder, la justicia, el amor y otras muchas perfecciones divinas semejantes. Se lee, en su Vida, capítulos enteros sobre cada uno de sus atributos; fue además divinamente instruida sobre un gran número de circunstancias que conciernen a la persona de la Santísima Virgen, la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, el venerable sacramento de la Eucaristía; un resumen no permite que se puedan referir todas las bellas lecciones que recibió de Dios, que dejó a la posteridad y que sirven útilmente de instrucción a tantas personas.

Esta virtuosa viuda no era del número de aquellas personas que, bajo pretexto de alguna alta contemplación de la que creen ser favorecidas, descuidan las obras exteriores de piedad; sino que, poseyendo las cualidades que el Espíritu Santo pide a la mujer fuerte y cumpliendo los deberes que san Pablo exige de las verdaderas viudas, ponía manos a la obra; y, por débil y lánguida que estuviera, no dejaba de ir y de conducir incluso a otras a los hospitales, para ofrecer allí sus servicios, dar limosnas y exhortar a la paciencia a los pobres enfermos, cuya salvación buscaba tanto como su salud: lejos de creer que sus ocupaciones exteriores disminuyeran el atractivo que tenía por la oración y que interrumpieran el dulce silencio de su alma, declara, por el contrario, que el trato que tenía con su Dios se volvía más íntimo y más abundante en sus acciones de caridad. «Vamos», decía a su compañera, «vamos al hospital, quizás tengamos la ventaja de encontrar allí a Nuestro Señor Jesucristo en el rango de los pobres»; y Dios no dejaba de recompensar su confianza y su caridad con comunicaciones y delicias interiores que ella dice no poder expresar.

No iba con las manos vacías a esos lugares; sabía que los pobres no escuchan bien las lecciones del cielo sino cuando reciben algún pequeño beneficio de la mano de quienes los visitan y los exhortan a la paciencia: es con este sentimiento que siempre les llevaba algo. Un día sucedió que no tenía nada que darles; pero como el amor de la caridad es siempre ingenioso, se le ocurrió inspirar a sus compañeras que no tenían más que dar los velos con los que cubrían sus cabezas y otras pequeñas prendas semejantes, para hacerlas vender en beneficio de los pobres; en efecto, habiendo puesto todo eso en manos de la sirvienta del hospital, le rogaron que fuera a buscar el precio y que se sirviera inmediatamente del dinero que resultara para llevar algún alivio y algún pequeño refrigerio a los enfermos; uniendo pues el pan que habían mendigado anteriormente en la ciudad a lo que se trajo del mercado por el precio de lo que habían hecho vender, distribuyeron todo a los enfermos con una alegría increíble.

No se contentaban con dar sus bienes, sino que prestaban además a los enfermos de esas casas pobres los servicios más viles, sin prestar atención a las incomodidades que de ello suelen derivarse, prefiriendo los oficios de caridad a su salud y a su vida; no querían saber la distinción de las enfermedades comunes de aquellas que eran muy peligrosas; afrontaban incluso los peligros para no temerlos; seguían al pie de la letra el consejo del Apóstol, que desea que las viudas ejerzan la hospitalidad y laven los pies de los Santos, de modo que un día, después de haber lavado las manos de un leproso, que la enfermedad volvía sucias e infectas, tuvieron suficiente valor para beber el agua; hay más, pues es necesario que nuestros oídos delicados escuchen el valiente lenguaje de la caridad: Ángela asegura que le parecía haber probado, en esa ocasión, un licor admirable, que decía provenir de las cualidades de esa agua, tanto más cuanto que había sentido en su boca alguna pequeña costra caída de las úlceras y llagas de aquel leproso.

Predicación 07 / 08

Doctrina espiritual e influencia

Enseña la importancia de la oración vocal y de la humildad radical, influyendo en grandes autores espirituales como san Francisco de Sales.

Estas admirables acciones de caridad dan a conocer bien que esta santa mujer vivía en un estado de oración que no estaba sujeto a la ilusión, puesto que las buenas obras eran su principal fundamento. Ella no quería que se separase jamás la acción de la contemplación, y es por esto que en las bellas lecciones que dejó por escrito sobre la oración, habla tan a menudo de una oración que llama corporal; es decir, aquella en la que se hace servir útilmente al cuerpo para elevar el espíritu a Dios y mantenerlo en el fervor. «Esta oración», dice ella, «está acompañada de oraciones vocales, de genuflexiones, de inclinaciones y de otros ejercicios exteriores semejantes; no olvido jamás», continúa, «servirme de estas prácticas, porque el estado de transformación del alma en Dios no siendo continuo, es necesario usar toda clase de medios para volver a entrar en esta bella unión. La divina Sabiduría, que hace todas las cosas con orden, peso y medida, ha querido que nadie llegase a hacer bien la oración mental, si no se ejercita también en las acciones exteriores, que ayudan a sostener su fervor. Esta misma Sabiduría», continúa nuestra Santa, «quiere que uno se desempeñe con fidelidad en las oraciones vocales, en el tiempo marcado para este efecto, a menos que una gran razón exima de ello. Queriendo hacer oración mental, he experimentado a menudo que perdía el fruto que esperaba de ella, ya sea a causa de un cierto adormecimiento que me sorprendía, o también por una pereza natural, a la que el cuerpo nos lleva ordinariamente; pero las santas posturas exteriores mantienen al espíritu en la atención conveniente a la oración».

Esta doctrina y estas precauciones que tomaba esta fiel sierva de Jesucristo muestran cuán alejada estaba de todo engaño; se desconfiaba además extremadamente de sus propias luces: por ello quería que se apoyase todo el edificio de la vida interior sobre el conocimiento de las propias miserias que se debían reconocer en uno mismo, más que sobre grandes elevaciones que mantienen bastante a menudo a las almas en la presunción. «Las visiones», dice ella, «las revelaciones y los otros ejercicios de la contemplación no sirven de nada, si no se tiene el verdadero conocimiento de Dios y de uno mismo». Es con estos sentimientos que exhorta perpetuamente a todo el mundo a meditar la muerte y la pasión de Nuestro Señor Jesucristo crucificado, que ella dice ser el libro de Vida, en el cual se encuentran todas las lecciones que se pueden desear para aprender a conocerse bien; ella prueba muy claramente que, como toda la vida del Salvador estuvo acompañada de pobreza, de desprecio y de dolor, es necesario que le sigamos en este camino, y que cualquier otra vía puede ser sospechosa.

Es según estos mismos principios que habla tan frecuentemente de la virtud de la humildad, y que asegura que la oración, que no supone este fundamento, no producirá jamás ningún fruto. Se puede juzgar, por un razonamiento contrario, la solidez y la verdad de las nobles disposiciones sobrenaturales de esta sabia discípula de Jesucristo, puesto que es difícil encontrar a una persona que haya sufrido cosas más humillantes, y que se haya también humillado más que ella. Añadiré a las pruebas que ya hemos dado de ello, que ella decía altamente, y creía muy sinceramente ser la más indigna y la más despreciable de todas las criaturas, y que deseaba muy ardientemente que la tratasen como tal; declara además, a propósito de sus escritos, que no se deben estimar de ninguna manera: «Soy una ciega», dice ella, «y no soy en absoluto la depositaria de la verdad; miren todas mis palabras como pudiendo estar sujetas al error, y como viniendo de una persona que está llena de malicia; censuren muy rigurosamente todo lo que digo, no crean nada de lo que adelanto, sino en tanto que lo encuentren por otra parte conforme a las máximas de Jesucristo, y que mis lecciones los lleven a imitar sus virtudes». Es así como se explica la bienaventurada Ángela, hablando de sus obras. Esta doctrina, sin embargo, despreciada solo por aquella que es su autora, ha servido de antorcha a una infinidad de grandes hombres que han adornado sus escritos con ella, y hay pocos autores que hayan tratado de los estados de la vida espiritual sin citar a esta sabia maestra, que conoció por experiencia lo que dictó en sus obras. San Francisco de Sales, entre otros, no dejó de autorizar con el testimonio de esta Santa lo que adelanta al hablar de los estados pen osos de la vida espirit Saint François de Sales Obispo de Ginebra que profetizó la vocación de Olier. ual, como se puede ver sobre todo en el libro VII de su Tratado del amor de Dios.

Culto 08 / 08

Muerte y culto

Muere en 1309 en Foligno, dejando tras de sí escritos dictados a su confesor. Su cuerpo se conserva en la iglesia de los franciscanos.

Es tiempo de que hablemos de su preciosa muerte. Esta santa viuda, viéndose próxima a su partida hacia la eternidad, dio, por última vez, hermosas instrucciones a aquellos que tuvieron la dicha de asistirla en estos últimos momentos; los exhortó a despreciar los honores, los cargos y la autoridad que todo el mundo desea tener por encima de los demás; les hizo comprender, sin embargo, que había aún mucho más peligro en querer pasar por suficientes y por grandes doctores en las vías sobrenaturales, como, por ejemplo, hablando a menudo de Dios, explicando las Sagradas Escrituras y dando a entender que uno está grandemente ocupado en los asuntos espirituales; es a este respecto que, exhortando a aquellos a quienes hablaba a no ocuparse más que de su propia nada, exclamó tanto como sus fuerzas se lo permitieron: *¡Oh, nada desconocida! ¡oh, nada desconocida!* En verdad, añadió, nunca podemos tener visiones más hermosas, ni adquirir ciencias más altas que la de conocer nuestra nada, y saber permanecer con paciencia y sumisión en el calabozo de la humillación donde Dios nos ha encerrado. El día que precedió al de su muerte, repetía sin cesar estas palabras que dirigía a Dios: «Padre mío, encomiendo mi alma y mi espíritu en vuestras manos». Ese mismo día, todos los dolores, tanto del cuerpo como del espíritu, de los que estaba abrumada desde hacía mucho tiempo, cesaron de repente, y fue colmada de una alegría tan dulce, y pareció gozar de un reposo tan grande, que parecía que comenzaba a entrar en la morada de la gloria; recibió los Sacramentos en esta hermosa disposición. Finalmente, el 4 de enero del año 1309, el día de la Octava de los Inocentes, hacia la medianoche, entregó dulcemente su alma a Dios para ir a gozar del fruto de sus trabajos.

En las imágenes que se han hecho de santa Ángela, Nuestro Señor Jesucristo se le aparece y la invita a acercarse a la santa Comunión, de la cual sus escrúpulos la mantenían alejada; ella encadena al diablo que quería empujarla a la desesperación representándole su vida pasada.

Su cuerpo se conserva en Foligno, en la iglesia de los P adres F Foligno Ciudad donde san Florencio terminó sus días. ranciscanos, encerrado en una elegante urna.

Hemos compuesto esta vida sobre la que ella misma dictó a su confesor, que contiene setenta capítulos; Rollandue los ha referido fielmente, en su pr imer tomo Rollandue Hagiógrafo que compiló la vida de Ángela. , después de haberlos confrontado con los originales.

Fuente oficial Les Petits Bollandistes, por Mons. Paul GUÉRIN, camarero de Su Santidad Pío IX.

Anexos y entidades vinculadas

Datos estructurados para la exploración: acontecimientos, milagros, citas, lugares, atributos, patronazgos y entidades importantes citadas en el texto.

Acontecimientos clave

  1. Juventud mundana en Foligno
  2. Matrimonio y nacimiento de numerosos hijos
  3. Conversión tras tomar conciencia de sus pecados
  4. Muerte sucesiva de su madre, su esposo y sus hijos
  5. Ingreso en la Tercera Orden de San Francisco de Asís
  6. Peregrinación de cuarenta leguas para obtener el don de la cruz
  7. Periodo de dos años de duras tentaciones demoníacas
  8. Redacción de sus visiones y experiencias místicas por su confesor

Milagros

  1. Curación repentina de todos sus dolores la víspera de su muerte
  2. Sabor de un licor admirable al beber el agua utilizada para lavar a un leproso

Citas

  • ¡Oh, nada desconocido! ¡Oh, nada desconocido! Últimas palabras registradas en el texto
  • Padre mío, encomiendo mi alma y mi espíritu en vuestras manos Palabras pronunciadas el día anterior a su muerte

Entidades importantes

Clasificadas por pertinencia en el texto