22 de mayo 1.º siglo

San Ausonio de Angulema

I obispo de Angulema y mártir

Fiesta
22 de mayo
Fallecimiento
Ier ou IIe siècle (martyre)
Categorías
obispo , mártir , confesor
Época
1.º siglo

Primer obispo de Angulema en el siglo I, Ausonio fue bautizado por San Marcial antes de evangelizar la región de Angoumois. Convirtió a las autoridades locales mediante sus milagros, destacando la curación de Caligia y de la rica Calfagia. Murió mártir por decapitación bajo las órdenes de un gobernador pagano.

Lectura guiada

7 seccións de lectura

SAN AUSONIO, I OBISPO DE ANGULEMA Y MÁRTIR

Conversión 01 / 07

Orígenes y vocación

Ausonio nace en Mortagne de padres romanos paganos, Albino y Eugenia, quienes son convertidos y bautizados por san Marcial.

Las actas de san Au sonio Ausone Primer obispo de Angulema y mártir del siglo I o II. no indican en absoluto el año de su nacimiento, y solo nos enseñan que nació en Mortagne, pequeño puerto de cabotaje, en la antigua provincia de Saintonge, hoy departamento de Charente-Inférieure. Su padre se llamaba Albino, y su madre Eugenia: pertenecían a esas familias romanas que, a raíz de la conquista de las Galias, habían venido a establecerse en nuestras tierras. Aunque paganos, llevaban una vida pura y honesta, y como el centurión Cornelio, de quien se habla en el libro de los Hechos, eran naturalmente religiosos y temerosos de Dios. Por ello fueron juzgados dignos de ser iluminados por la luz divina. Pues cuando san Marcial, primer obispo de Lim saint Martial Santo en cuyo honor fue dedicado el monasterio parisino. oges, y enviado a las Galias por san Pedro mismo, extendien do su celo h saint Pierre Apóstol y primer papa, mencionado como padre de Petronila. asta las riberas de la Gironda, vino a Mortagne a predicar el nombre y el conocimiento de Jesucristo, Albino y Eugenia se mostraron dóciles a su palabra, y recibieron de su mano el santo bautismo así como sus dos hijos, Ausonio y Aptonio. Estos mismos se apeg aron a Aptone Obispo de Angulema en el siglo VI, sucesor de Lupicino. san Marcial, y lo siguieron en sus correrías apostólicas. Es así como vinieron con él a evangelizar a las poblaciones del Angoumois. Pero porque el carácter y la virtud de Ausonio parecieron a san Marcial convenir mejor a estas poblaciones, se lo adjuntó particularmente como un ayudante precioso en sus trabajos entre ellas, y, al dejarlas, se lo dejó como jefe espiritual; lo consagró pues obispo de la pequeña comunidad cristiana que había logrado formar en la ciudad de Angulema.

Misión 02 / 07

Apostolado en Angulema

Designado por san Marcial, Ausonio se convierte en el primer obispo de Angulema y convierte al gobernador Garrulus.

¿Cuáles fueron, tras la partida de san Marcial, los éxitos de san Ausonio en su apostolado? ¿Cómo triunfó sobre la resistencia de los espíritus hasta hacerles adoptar las graves enseñanzas del Evangelio sobre un Dios creador, salvador y juez de los hombres, sobre la eternidad que les espera al salir de esta vida? Doble pregunta que se adivina más que se lee en los pocos hechos de los que los Actos de san Ausonio han conservado el recuerdo. Uno de los más importantes es la conversión de Garrulus, cond e, prefe Garrulus Gobernador de Angulema convertido por san Ausonio. cto o gobernador de Angulema. Citado ante su tribunal para rendir cuentas de su predicación, san Ausonio, como antaño san Pablo ante el procónsul Sergio Paulo, hizo primero admirar la doctrina de Jesucristo, y luego ganó a aquel que quería perseguirla y proscribirla. El brillo de esta conversión trajo sin duda un gran número de otras, por la facilidad que tuvo entonces el piadoso obispo de predicar públicamente la palabra de Dios. Es también hacia este tiempo y en estas circunstancias favorables, que construyó una primera iglesia, donde pudo sin obstáculos reunir a su pequeño rebaño y dispensarle los santos misterios. Por lo demás, el conde Garrulus, desde su bautismo, se dedicaba con fervor a todas las prácticas de la piedad cristiana, y se distinguía sobre todo por una gran liberalidad hacia los pobres y los indigentes. Había tenido también la alegría de ver a su hermana, llamada Caligie, abjurar a su ejemplo los errores del paganismo, del mismo modo que compartía su misericordiosa caridad. El Señor debía pronto recompensarlos por ello. Y en efecto, sucedió que durante un paseo que Caligie hacía con sus compañeras a lo largo del Charente, sintió los primeros ataques de un mal violento, que llevó rápidamente al delirio y luego a una parálisis completa de los sentidos y de todos los miembros. A la vista de este estado y de una muerte inminente, Garrulus no tuvo más que un pensamiento, el de recurrir a la poderosa intercesión del bienaventurado Ausonio. Se dirigió pues a él, y al abordarlo: «Hombre de Dios», dijo, «mi hermana está gravemente enferma, pero venga y usted la curará con sus oraciones». Relató entonces el accidente en todos sus detalles, mezclando a sus palabras abundantes lágrimas. Así, el santo obispo, conmovido por la desgracia de Caligie y por la fe viva de su hermano, se apresuró a seguirlo. Llegado a la morada de Garrulus, fue introducido en el apartamento donde, sobre un lecho de dolor, la joven Caligie estaba tendida, paralizada y moribunda. Acercándose entonces a ese lecho, oró, y tomando la mano de la enferma, le dijo: «En nombre de Jesucristo, te lo ordeno, levántate». Al instante ella se levantó, y san Ausonio la devolvió enteramente curada a la ternura y a la alegría de su hermano.

Milagro 03 / 07

Milagros y curaciones

El santo realiza numerosas curaciones milagrosas, especialmente sobre Caligia, hermana del gobernador, y sobre la rica Calfagia.

En testimonio de su gratitud, Caligia contribuyó ampliamente a la construcción de una segunda iglesia que el celoso pontífice hizo edificar al sur de la ciudad, y que dedicó a la Virgen María, prueba manifiesta de la devoción que había sabido inspirar a sus queridos neófitos hacia la augusta Madre de Dios. Es en esta iglesia donde Caligia gustaba de orar, y donde debió buscar poco después algún consuelo ante el fallecimiento de su hermano. Habiendo caído este enfermo, supo como por un presentimiento divino que su último día se acercaba. Hizo entonces llamar a san Ausonio para que fuera a verlo, y le dijo: «Siervo de Dios y pastor de las almas que creen en Jesucristo, sé que la hora de mi muerte está cerca: por eso, le conjuro, asístame con sus oraciones, para que mi enemigo no se regocije de mi pérdida y no diga: lo he vencido». San Ausonio se lo prometió, y Garrulus añadió: «He dispuesto a su favor todo el oro, toda la plata, así como todos los muebles que poseo: recíbalos para repartirlos entre sus iglesias y los pobres; por este uso, estas riquezas serán saludables para mi alma». Tras haber instituido así a Jesucristo como su heredero, el enfermo perdió el habla, y cuando dio su último suspiro, se escucharon, relatan las Actas, voces celestiales que alababan a Dios y celebraban la feliz muerte de su siervo. Su conversión no remontaba más que a tres años y medio, pero ya estaba maduro para el cielo. San Ausonio se ocupó personalmente de sus funerales, honrando así una memoria toda embalsamada con los perfumes de la caridad y la misericordia.

Por lo demás, la curación de Caligia no fue el primer milagro que había obrado san Ausonio, del mismo modo que fue seguida por un gran número de otros. Pues sus Actas nos atestiguan que, por sus oraciones, los enfermos y dolientes eran curados y los poseídos liberados; que los ciegos recobraban la vista, los cojos el uso de sus piernas y los paralíticos el movimiento de sus miembros. Pero estas mismas Actas no contienen el relato detallado de ninguno de estos prodigios, salvo el siguiente. Un ciego, conocido como tal en la ciudad de Angulema, donde pedía limosna, se hizo conducir ante san Ausonio y, arrojándose a sus pies, le dijo: «Ausonio, siervo de Dios, sé que sus oraciones pueden abrir mis ojos». —«Que le sea hecho según su fe», le respondió el piadoso obispo, y al mismo tiempo le tocó los ojos. De repente, el ciego recobró la vista y, en su gratitud, comenzó a glorificar a Dios y a agradecer a su bienhechor. Pero como era pobre y casi estaba desnudo, san Ausonio hizo que le dieran un vestido completo, añadiendo así el don de la caridad al de la curación.

Este milagro, como es de entender, se convirtió pronto en noticia pública, y el relato llegó a oídos de una joven y rica galorromana llamada Calfagia. Habiendo quedado huérfana desde su adolescencia, se encontraba dueña de una gran fortuna y habitab a no lej Calfagie Dama galorromana rica, curada y bautizada por Ausonio, que se convirtió en virgen consagrada. os de Angulema una de esas suntuosas villas que los romanos habían sembrado a orillas del Charente. Era allí donde, en medio del lujo de la opulencia y rodeada de numerosos esclavos y sirvientes, la joven patricia, afligida desde hacía doce años por un flujo o pérdida de sangre, arrastraba lánguidamente días tristes y dolorosos. Inútilmente había recurrido a la ciencia de los médicos; su mal, convertido en incurable, no proyectaba sobre su vida más que un sombrío y afligente porvenir. Fue entonces cuando supo, quizás como antaño el sirio Naamán, por una esclava cristiana, el milagro que san Ausonio había obrado en favor de un ciego; concibió ante este relato un vivo deseo de ver al piadoso obispo y ordenó de inmediato que se preparara su carro y que se colocara en él una gran suma de oro y plata, que quería donar al santo pontífice si sus oraciones le devolvían la salud. Sus sirvientes se apresuraron a ejecutar sus órdenes; pero uno de ellos, llamado Arcadio, intendente de su casa, se esforzaba por detenerla, diciéndole: «Usted ha prodigado a los médicos gran parte de su fortuna y no ha obtenido ningún alivio; ocurrirá lo mismo con el hombre al que va a consultar; usted lo enriquecerá y él no le será de ninguna ayuda». Así hablaba Arcadio, y de repente, por un castigo visible del cielo, se sintió afectado por la misma enfermedad que Calfagia padecía. Esta no hizo más que volverse más ardiente en esperar su curación; quiso entonces adelantarse a su escolta y ponerse inmediatamente en camino. Llegada a la ciudad de Angulema, se hizo conducir hacia el santo obispo y, arrojándose a sus pies, le dijo: «Ausonio, siervo de Dios, le pido el bautismo».

Conmovido por estas palabras, y admirando en esta joven patricia la acción de la gracia, san Ausonio le respondió: «Si usted cree desde el fondo de su corazón, el Señor atenderá su petición». Entonces Calfagia replicó: «Creo en el Dios todopoderoso que creó el mundo: creo en Jesucristo, hijo del Dios vivo, a quien los judíos crucificaron y que resucitó al tercer día». Una profesión de fe tan clara y precisa pareció suficiente al santo obispo, quien, haciendo traer agua, bautizó a la noble catecúmena en el nombre de la santa y augusta Trinidad. Pero la virtud del sacramento no purificó solo su alma; se extendió también sobre su cuerpo, pues Calfagia fue al instante curada de su enfermedad, y decía en voz alta: «Le glorifico, Señor, a usted que, por su siervo Ausonio, me ha devuelto la salud, y que por el santo bautismo ha iluminado mi alma con las claridades de la fe». En ese momento se vio llegar a Arcadio con los otros sirvientes, quienes lo sostenían para ayudarlo a bajar del carro, pues su mal aumentaba en violencia; y lo condujeron ante san Ausonio. «Siervo de Dios», dijo entonces Calfagia, «le pido humildemente que, por el mérito de sus oraciones, cure a Arcadio, mi intendente, del mismo modo que hace poco devolvió la vista a un ciego». Tal fue la oración que acogió el silencio de la multitud y la espera de un segundo milagro. Esta espera no habría de ser defraudada, pues el piadoso obispo, conmovido de compasión por aquel infortunado, le dijo: «En el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, Arcadio, sea curado de su enfermedad». A estas palabras, el intendente se enderezó lleno de salud y, ante una señal de Calfagia, corrió a tomar y depositar a los pies de Ausonio las sumas de oro y plata que había traído. Pero el santo pontífice no quiso recibirlas más que para hacerlas distribuir a los pobres por manos de Cesáreo, su archidiácono.

Fundación 04 / 07

Vida religiosa y caridad

Ausonio organiza la vida de las primeras vírgenes cristianas, entre ellas Calfagia y Caligia, y consagra los bienes de los ricos a los pobres.

Tras este relato, las actas de san Ausonio nos enseñan que, después de una grave y seria prueba, dio a Calfagia el velo sagrado de las vírgenes, y que Caligia, cuya milagrosa curación hemos narrado, lo recibió igualmente, así como varias otras émulas de su vida de oración y buenas obras. Se sabe que la Iglesia siempre ha rodeado de sus pompas y bendiciones solemnes la ceremonia de una consagración religiosa, y aunque aquí nos falte todo detalle, podemos afirmar que en esta circunstancia el piadoso obispo no olvidó nada de lo que era propio para realzar su esplendor y para hacer comprender mejor el mérito de este sacrificio. Por lo demás, en estos primeros tiempos, y hasta el siglo IV, las vírgenes cristianas permanecían en la casa paterna, saliendo solo para ir a la iglesia, donde tenían un lugar separado, o para aplicarse, guiadas por las de mayor edad, a las obras exteriores de la caridad, como visitar y aliviar a los enfermos y a los prisioneros, alimentar a los pobres, recoger e instruir a los huérfanos y a los niños, servir a los extranjeros y enterrar a los muertos. Tales fueron, pues, bajo la sabia dirección de san Ausonio, las ocupaciones de estas piadosas vírgenes, y Calfagia, colocada a su cabeza, las mantenía en el fervor y las dirigía en el servicio de Dios y del prójimo.

Martirio 05 / 07

El martirio

Denunciado por su fe, Ausonio se niega a adorar a los ídolos y muere decapitado por orden del gobernador de Angulema.

Este es el último hecho que los actos del bienaventurado obispo nos relatan sobre su ministerio apostólico, y pasan inmediatamente al relato de su martirio. La ciudad de Angulema tenía por gobernador, dicen, a un hombre cuyo nombre callan, pero que, violento y feroz, estaba además personalmente animado contra san Ausonio. ¿Cuáles eran los mo Ausone Primer obispo de Angulema y mártir del siglo I o II. tivos de este odio? La historia no nos los ha dado a conocer; y solo nos dice que el piadoso obispo, para desviar sobre la cabeza del pastor una tormenta que amenazaba a todo el rebaño, resolvió ofrecerse como víctima. Se presentó, pues, por sí mismo ante el tribunal del gobernador, y entonces se estableció entre ellos el siguiente diálogo: — Ausonio. — Aquí me tienes, yo que he atraído tu ira sobre este pueblo inocente: sacia tu furor con mi muerte. — El gobernador. — ¿Así que eres tú quien difunde las fábulas impías de la religión de Cristo, tú quien resistes a mis órdenes y quien ha infatuado a una plebe ignorante de su creencia en tu Dios? — Ausonio. — Soy cristiano y obispo, confieso a un solo y verdadero Dios que hizo el cielo y la tierra. Es a él solo a quien servimos, nosotros que somos cristianos, y a quien rezamos día y noche por nosotros mismos, por vosotros, oh príncipe, y por todos los hombres. — El gobernador. — ¿Persistes en tu impiedad? — Ausonio. — La buena voluntad que viene de Dios no puede cambiar. — El gobernador. — Adora a los dioses inmortales. — Ausonio. — No haré tal cosa. — El gobernador. — Entonces morirás. — Ausonio. — Haz lo que quieras.

Al ver la invencible firmeza del santo obispo, el gobernador lo condenó a ser decapitado; y la sentencia fue ejecutada la tarde del mismo día, ante una de las puertas de la ciudad y en el lugar donde hoy se alza la iglesia de San Marcial. Al amparo de las tinieblas, los fieles recogieron piadosamente el cuerpo de su padre y pastor, y lo depositaron religiosamente en un sepulcro que no tardó en ser célebre por numerosos milagros. Pero ningún relato nos ha sido conservado; solo sabemos que una iglesia y luego un monasterio de vírgenes fueron construidos sobre este sepulcro glorioso, y que el cuerpo de san Ausonio reposaba bajo el altar mayor con los de san Aptonio y san Cesáreo. Estas reliquias, veneradas por todos, fueron objeto de varias traslaciones, de las cuales la más solemne tuvo lugar el 30 de marzo de 1118, durante el episcopado de Gerardo, legado de la Santa Sede para las provincias eclesiásticas de Tours, Bourges, Burdeos y Auch. Todavía hoy la iglesia de Angulema celebra cada año la memoria de esta traslación. Pero en el año 1562, las guerras de religión provocaron la destrucción de la iglesia y del monasterio, así como la profanación de los cuerpos santos que albergaban. Apenas se pudieron arrebatar de la hoguera algunos huesos que las religiosas de San Ausonio depositaron en el nuevo monasterio que construyeron en la plaza Beaulieu, y cuyo emplazamiento ocupa hoy el liceo. Estos restos preciosos fueron dispersados en 1793, y no quedan en el tesoro de la catedral más que algunos débiles fragmentos. En cuanto a la iglesia, no fue reconstruida sobre los cimientos de la antigua hasta el año 1864, y fue Mons. Charles-Antoine Cousseau, obispo de Angulema, quien, el 4 de diciembre, bendijo solemnemente la primera piedra. Las vírgenes cristianas que velaban el sepulcro de san Ausonio también han reanudado su guardia de honor y de salmodia sagrada, no, es cierto, en la persona de las religiosas benedictinas, que habían continuado la piadosa sucesión de las Caligie y las Calfag religieuses bénédictines Orden religiosa que custodiaba el sepulcro del santo. ie, sino en la de las Hijas de la Cruz, que tienen un numeroso internado en el arrabal de San Ausonio, y de las Hijas del Carmelo, que vinieron, hace algunos años, a plantar su tienda cerca de estos mismos lugares.

Culto 06 / 07

Culto y destino de las reliquias

La historia de las reliquias del santo está marcada por traslaciones solemnes y las destrucciones durante las guerras de religión.

La iglesia de Angulema celebra el 22 de mayo la fiesta de san Ausonio, y este día es el que asigna a su martirio el breviario de las benedictinas, impreso en 1606, y reproducido de un antiguo oficio cuyo manuscrito se remontaba al comienzo del siglo XIV. Es también la tradición que adoptó, y que fijó definitivamente, en 1633, Mons. Antoine de La Rochefoucauld, obispo de Angulema, en el propio de los Santos de la diócesis.

Contexto 07 / 07

Otros santos de la diócesis

El texto enumera otras figuras santas vinculadas a la historia religiosa de Angulema, como san Amando o san Eparquio.

Los otros santos, que son particulares de la iglesia de Angulema, son: San Cesáreo, archidiácono de san Ausonio (29 de enero). Tenía un oficio propio en el Breviario de las Benedictinas. San Amando de Boixe (1 de marzo). Este santo, nativo de Burdeos, fue atraído a Angulema por la gran santidad de vida de san Eparquio, junto al cual hubiera querido establecerse. Pero este le aconsejó elegir para lugar de su retiro un sitio desierto y salvaje, llamado entonces Buxia, hoy Boize. San Amando, atendiendo a este consejo, se retiró pues a esta soledad, donde, habiéndole pedido varias personas que las recibiera bajo su guía, construyó para ellas un monasterio que los condes de Angulema enriquecieron sucesivamente con sus liberalidades, y que dio nacimiento al burgo que lleva el nombre del santo fundador. Después de la muerte de san Amando, que ocurrió en el año 600, su monasterio abrazó la Regla de san Benito, bajo la cual subsistió hasta 1792. En cuanto a la iglesia, comenzada por Arnaldo, conde de Angulema, en 958, no fue terminada hasta 1170, y consagrada el 15 de noviembre del mismo año por Bernardo, arzobispo de Burdeos, asistido por los obispos de Périgueux, Poitiers, Saintes y Angulema. La abadía de San Amando de Boixe dependía muy sucintamente de la iglesia de San Pedro de Angulema. San Salve, obispo de Angulema, y san Supere o Exuperio, su compañero, mártir (26 de junio). El padre Longueval dice que estos dos santos, habiendo ido a predicar a Valenciennes, fueron allí ejecutados por un señor llamado Winegard, hacia el año 801. Carlomagno, habiendo sabido de este asesinato, castigó al autor y mandó enterrar honorablemente los cuerpos de los dos mártires. En estos últimos años, se ha construido una iglesia en su honor en la diócesis de Cambrai. San Eparquio (1 de julio). Ver su vida en esa fecha. San Aptonio (26 de octubre). Ver su vida dada en ese día por los bolandistas. San Benigno (3 de noviembre). Se creyó durante mucho tiempo que era san Benigno de Dijon, pero monseñor Cousseau estima que sería Benigno, sucesor de Dinamo en la sede de Angulema, hacia el año 453, y cuya tumba fue encontrada, bajo unas zarzas, en un campo de la Turena, bajo el episcopado de san Gregorio. Expulsado de Angulema por los visigodos arrianos y perseguido hasta su retiro, pereció bajo sus golpes. Su cuerpo, llevado a la catedral de Angulema, fue depositado primero en una cripta, bajo el santuario, y luego en un magnífico relicario hasta el año 1562, cuando fue quemado por los protestantes. Calfagia, honrada como santa por las benedictinas de San Antonio (el 13 de agosto), era también festejada por el clero de Angulema; pero monseñor Régnier, obispo de Angulema y hoy arzobispo de Cambrai, borró su nombre del catálogo de los santos, porque no encontró ningún monumento bien auténtico de este culto. Esta interesante vida de san Ausonio nos ha sido proporcionada por el abad Duchasseing, canónigo en Angulema.

Fuente oficial Les Petits Bollandistes, por Mons. Paul GUÉRIN, camarero de Su Santidad Pío IX.

Anexos y entidades vinculadas

Datos estructurados para la exploración: acontecimientos, milagros, citas, lugares, atributos, patronazgos y entidades importantes citadas en el texto.

Acontecimientos clave

  1. Nacimiento en Mortagne-sur-Gironde
  2. Bautismo por san Marcial
  3. Consagración como primer obispo de Angulema
  4. Conversión del conde Garrulus y de su hermana Caligie
  5. Curación milagrosa de Calfagie
  6. Martirio por decapitación ante las puertas de la ciudad

Milagros

  1. Curación de la parálisis de Caligie mediante la oración
  2. Curación de un ciego en Angulema
  3. Curación de un flujo de sangre de doce años en Calfagie durante su bautismo
  4. Curación instantánea del intendente Arcadio

Citas

  • Vivir es servir a Jesucristo; morir es ir al cielo. Comentario sobre la Epístola a los Filipenses
  • En nombre de Jesucristo, te lo ordeno, levántate Palabras dirigidas a Caligie

Entidades importantes

Clasificadas por pertinencia en el texto